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Fenología Flora

EL POLEN NUESTRO DE CADA DÍA

Chenopodim vulvaria

Inflorescencia de Chenopodium vulvaria. Juslibol (Zaragoza). Mayo, 2007

Picores de garganta, estornudos, lagrimeo e irritación de los ojos, moqueo (rinitis) y congestión nasal, disnea, asma… estos son algunos de los síntomas de la alergia al polen que afecta en número creciente a la gente.

Durante la primavera y el verano, una serie de especies de plantas florecen y dispersan el polen por el aire, siendo el viento el encargado de trasladarlo de unas flores a otras, a veces a muchos kilómetros de distancia. Se trata de las plantas anemófilas o anemógamas. Estas especies poseen unas flores poco vistosas (no necesitan atraer a los insectos) y de polen ligero, lo que le permite ser arrastrado por la brisa.

Ese polen, que flota en la atmósfera durante días, es inhalado cuando respiramos y es el causante de las reacciones alérgicas. Se dice entonces que se comporta como alérgeno. Al parecer, la cubierta de los granos de polen está formada por diversas proteínas que son reconocidas por el organismo como agentes enemigos y se produce la reacción.

Stipa sp.

Gramíneas (Stipa sp.) en floración. Torrero (Zaragoza). Mayo, 2007

Las principales plantas que son responsables de estas reacciones son el olivo (Olea europaea), las gramíneas (cereales y demás familia), los llantenes (Plantago sp) y las quenopodiáceas (Chenopodium sp, Salsola sp) y amarantáceas (Amaranthus sp).

Los especialistas en alergología se devanan los sesos en averiguar qué especies causan las reacciones y cómo prevenir las consecuencias en los pacientes. Hay que tener en cuenta que además del polen, otras muchas sustancias cotidianas naturales (leche, huevo…) o artificiales (látex…) nos hacen pagar un costoso peaje a base de reacciones alérgicas.

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