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¿PERO DÓNDE HAN ESTUDIADO ÉSTOS? (y II)

Concluyo aquí el análisis del catálogo de especies que el Ayuntamiento de Zaragoza pretende utilizar para desarrollar el proyecto colaborativo de El bosque de los zaragozanos (ver: ¿Pero dónde han estudiado éstos (I)?) y paso a discutir el catálogo propuesto para el apartado de bosques de ribera .

Aquí hay que destacar tres especies absolutamente inapropiadas como son el aliso Alnus glutinosa; el que denominan, a secas, sauce, Salix salviifolia, el cual en Aragón se conoce como bardaguera; y la trepadora madreselva Lonicera peryclimenum subsp. hispanica.

ALISO. El mapa de distribución del aliso lo muestra muy lejos del término zaragozano lo que prueba lo inadecuado de su empleo para recuperar o ampliar sotos. Se utiliza a veces como árbol de jardinería en alineaciones en viales zaragozanos, pero sus exigencias de suelo y clima no permiten su adecuado desarrollo.

SAUCE. Los sauces que configuran el género Salix son un amplio grupo de especies con variados nombres populares. El sauce propio de los ríos zaragozanos es el sauce blanco, Salix alba, árbol que alcanza porte notable y que sería el apropiado para plantar, pero no es propuesto en el catálogo. En cambio, proponen Salix salviifolia, una especie inaudita, propia de ¡suelos silíceos! -la antítesis de los suelos calcáreos de Zaragoza- que solo se da en Aragón en el Moncayo.

MADRESELVA. Igualmente, la madreselva Lonicera peryclimenum subsp. hispanica propuesta como trepadora no es propia de Zaragoza ni del Valle del Ebro. Samuel Pyke encontró la especie Lonicera etrusca, ligada a sotos y setos vivos, aunque manifiesta que no es abundante.

Resulta penoso que se propongan especies trepadoras tan alejadas del territorio como esa madreselva o procedentes de escapes de cultivos, como la vid silvestre y no se contemplen trepadoras como la rosa mosqueta, Rosa sempervirens, la clemátide o betiguera, Clematis vitalba; el lúpulo, Humulus lupulus; la yedra, Hedera helix; incluso el matacán, Cynanchum acutum, las cuales abundan en los sotos zaragozanos.

Rosa sempervirens en Soto de Alfocea. Zaragoza © JAD/AdT

CONCLUSIÓN

En un proyecto que busca naturalizar el entorno y fomentar la biodiversidad deberían estar excluidas las especies exóticas o simplemente ajenas a la flora de Zaragoza o el Valle del Ebro.

Fuente: El bosque de los zaragozanos. SPJIV

En la propia presentación que vengo analizando se habla, reiteradamente de renaturalización, de conservación de la fauna y la flora y fomento de la biodiversidad. Incluso en el apartado del bosque de ribera, se especifica que el objetivo es la recuperación y ampliación del bosque de ribera autóctono, aunque proyecten plantar especies totalmente desconocidas en los sotos zaragozanos.

Como he detallado a lo largo del análisis del catálogo municipal, en los tres ambientes a intervenir -bosque mediterráneos, periurbano y de ribera- se incluyen especies absolutamente exóticas e inapropiadas y se destruye vegetación autóctona existente, lo que va en contra de los principios del proyecto.

Incluir especies ajenas a la flora local supone introducir especies que no están adaptadas al clima y suelo locales y su supervivencia es dudosa; o no están adaptadas a la fauna, por ejemplo, a los insectos polinizadores o a los herbívoros, pudiendo ser incluso tóxicas para ellos.

Incluir especies vegetales ajenas supone robar espacio a las especies locales que quieran establecerse y alterar la composición del suelo. Con el riesgo añadido de que puedan convertirse en invasoras.

En el artículo Invasiones biológicas en la región mediterránea, impactos ecológicos y socioeconómicos (Investigación y Ciencia, diciembre, 2021) se puede leer:

[…] Hasta hace pocas décadas, la introducción de especies se percibía con cierta fascinación, como un exotismo que enriquecía la flora y la fauna locales. Incluso en espacios protegidos se introdujeron especies en pro de la conservación, para aumentar la diversidad, para rellenar supuestos nichos ecológicos vacíos o para restaurar zonas degradadas. Sin embargo, en la actualidad existe un gran consenso científico de que las especies invasoras ocasionan efectos negativos no solo ambientales, sino también socioeconómicos.

Los impactos ambientales más frecuentes de las invasiones se relacionan con el desplazamiento que provocan de las especies nativas, con la consiguiente pérdida de la biodiversidad. La dominancia de las especies invasoras modifica la composición de las especies de la comunidad invadida, que se ven mermadas al tener que competir con ellas por los recursos vitales, como el espacio y los nutrientes.[…]

[…] Y, por último, pueden producir cambios en el hábitat que, a través de un efecto en cascada, alteran por completo la estructura de las redes tróficas y el funcionamiento de los ecosistemas. Por ejemplo, las plantas invasoras modifican una serie de propiedades del suelo, como el pH, la materia orgánica, la cantidad de nutrientes, la humedad y la actividad enzimática, lo cual perjudica a la biota nativa adaptada a unas condiciones ambientales y recursos determinados. Las repercusiones negativas son mayores cuanto más diferente es la especie invasora de las nativas con las que se encuentra. Esto es así por varios motivos: las especies exóticas carecen de enemigos naturales que les puedan frenar los pies y son generalmente más competitivas que las especies nativas. Además, estas se muestran especialmente vulnerables ante el comportamiento agresivo de especies con las que no han coexistido a lo largo de su evolución.[…]

Aunque el artículo se refiere a especies invasoras, es decir, que se extienden sin control, se puede aplicar a cualquier especie vegetal exótica que roba espacio impidiendo que se establezca una especie autóctona, que compite por los nutrientes y modifica la composición del suelo y de la microfauna de éste que tan importante es para sustentar la vida vegetal. Es decir, que Zoysia japonica de Extremo Oriente, Albizia julibrissin del Sureste asiático, Agapanthus praecox de Sudáfrica, por ejemplo, no es de esperar que sean especies que, juntas o por separado, vayan a contribuir a mejorar el suelo o vayan a atraer a los insectos locales.

Y por último destacar que es innecesario plantar las numerosas especies exóticas propuestas. Existen cientos de especies apropiadas donde elegir. Y si no existen en los viveros, pues planifíquese para disponer de ellas. En el catálogo no se propone ni el romero, Rosmarinus officinalis; ni el tomillo, Thymus vulgaris; o la salvia, Salvia lavandulifolia, entre las aromáticas; ni la albada, Gypsophila hispanica; ni el escobón, Dorycnium pentaphyllum; ni el sisallo, Salsola vermiculata, tan propias de nuestro entorno zaragozano, ni tantas otras que ya he venido nombrando.

Porque, detrás de todo esto, lo que se trasluce es que los gestores del proyecto, ingenieros de montes, provienen del mundo de la jardinería y como tales han pensado en recrear esos ambientes y en las especies disponibles en viveros, los cuales no buscan la compatibilidad ecológica del plantero que venden sino la rentabilidad económica, y para ello reproducen y crían especies fáciles de reproducir, que no den problemas, y que sean vistosas y fáciles de vender, dependiendo de la moda.

Que el proyecto tiene un perfil de jardinería y contranatura lo demuestra el hecho de que esos mismos gestores no vengan aplicando el criterio de naturalizar los jardines y las calles zaragozanas cuando reponen arbolado o crean nuevas zonas verdes, en las cuales la excepción es que se planten especies autóctonas (ver: El Ayuntamiento de Zaragoza planta árboles invasores en el Anillo Verde de la ciudad, Arainfo, 2021; Nadie en el no-parque, Barracuda, 2016).

Ejemplares de Casuarina sp. -especie originaria de Australia- recién plantadas en Valdefierro-Casablanca, Zaragoza © JAD/AdT

José A. Domínguez

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