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ASALTO A LOS RECURSOS NATURALES DE ARAGÓN

26th junio 2020 | Agricultura,Atentados ecológicos,Biodiversidad,Estepas,PlaZa,Política y Sociedad,Sostenibilidad

A raíz de la crisis económica desatada por la pandemia del coronavirus y sus raíces ecológicas, vinculada a la destrucción de la naturaleza, han sido abundantes las advertencias de los científicos sobre la enorme presión que el ser humano ejerce sobre el planeta: destrucción y fragmentación de hábitats, pérdida de biodiversidad y extinción de especies, erosión y pérdida de suelo… con las negativas consecuencias que tiene para la salud humana el menoscabo de la salud de los ecosistemas. Como no podía ser de otra manera, advertían de la incompatibilidad del crecimiento del PIB con la preservación de los ecosistemas, recomendando repensar el modelo de desarrollo y explotación de los recursos naturales.

Pero todas estas advertencias han sido en vano. Para superar la crisis económica, en nuestro país, los empresarios demandaron una urgente reactivación económica con salida en V y para ello los políticos fueron poniendo en marcha iniciativas bien contrarias a las recomendaciones científicas, y empezaron por rebajar la normativa ambiental e impulsar el ladrillo, como vulgarmente se dice.

En Aragón, nuestros gobernantes, apóstoles del crecimiento indefinido, han sido de los más aventajados alumnos al acelerar un desarrollo que ya era insostenible, programando todo un asalto al territorio y a los recursos naturales.

1.- El Gobierno de Aragón amplía PlaZa

En pleno confinamiento, a finales de marzo, el Gobierno de Aragón daba el visto bueno a una nueva ampliación del polígono industrial de la plataforma logísitica PlaZa. Cerca de 34 ha de cultivos de secano y manchas de vegetación esteparia sucumbirán bajo las excavadoras y el asfalto, que se suman a las más de 1300 ha que se han perdido hasta ahora en sucesivas ampliaciones y que ocupa el inhóspito PlaZa. De hecho se publicita a sí misma como la mayor de Europa, con 13 117 977 m².

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Parcelas destinadas a ampliación de PlaZa

El polígono PlaZa saltará así al otro lado de la carretera de la base aérea, destruyendo suelo agrícola y vegetación natural, mientras existen numerosos solares en el actual polígono sin ocupar. Desde el Gobierno de Aragón justifican la expansión alegando que los nuevos operadores demandan parcelas más grandes que las actualmente disponibles, lo cual es increíble dada la inmensidad de los terrenos todavía sin ocupar. Además de que un criterio de sostenibilidad es que las actividades humanas deben adaptarse al medio y no al revés.

Y, curiosamente, esa parcela de 34 ha, no es propiedad de cualquier mundundi o probo agricultor, sino que pertenece a SAMCA, de la familia Luengo. O sea, que el pelotazo urbanístico está servido. Siempre hay afortunados bien colocados. Todo ello sin ovidar el halo corrupto y de despilfarro en el que se ha desenvuelto el desarrollo del polígono de PlaZa (ver PlaZa, podrida).

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Parcelas desocupadas de PlaZa

Pero no todo acaba ahí. A la recién aprobada nueva ampliación le seguirán otras dos parcelas colindantes, de dimensiones mayores (74 ha y 162 ha), incluso al otro lado de la autovía de Madrid. O sea, que la patada al territorio va a ser de antonomasia.

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Zonas previstas para ampliación industrial de PlaZa

2.- El Gobierno de Aragón modifica la Ley Ordenación del Territorio para acelerar proyectos

Para evitar cualquier impedimento ambiental y urbanístico que retrasara los proyectos industriales, agropecuarios y urbanísticos, el Gobierno de Aragón aprovechó un decreto-ley relativo a la emergencia sanitaria del coronavirus (Decreto-ley 2/2020 de 28 de abril, BOA 83 de 29 de abril) para modificar mediante un artículo en las disposiciones finales, la propia Ley de Ordenación del Territorio de Aragón (LOTA) con el fin de acortar los plazos de tramitación de dichos proyectos, no fuera que proyectos de más regadíos, más granjas porcinas, más carreteras, más parques eólicos y fotovoltaicos y más pistas de esquí… fueran a tener limitaciones ambientales.

No es un tema menor. Modificar la LOTA implica que se reducen los plazos para revisar los proyectos y se reducen las garantías ambientales y urbanísticas. Es decir, desarrollismo sin cortapisas. Ya sabemos que para el presidente Javier Lambán (PSOE) y los consejero de Industria, Arturo Aliaga (PAR) y de Agricultura, Joaquín Olona -desarrollistas exacerbados- las consideraciones ambientales son una pejiguera y una molestia pues su única doctrina es el dominio técnico de la naturaleza.

Lo que ocurre es que el departamento de Vertebración del Territorio, responsable de la ordenación del territorio está dirigido por José Luis Soro de CHA el cual, siendo presuntamente de izquierdas, parece carecer de sensibilidad ambiental y haya transigido y firmado tan reaccionaria y sibilina modificación legislativa.

3.- El Consejero de Industria Aliaga impulsará proyectos mineros y energéticos

El descaro con el que las autoridades aragonesas han anunciado exprimir más el medio ambiente para salir de la paralización económica derivada de la pandemia es total. Así, el consejero de Industria, Competitividad y Desarrollo Empresarial (sic), Arturo Aliaga anunciaba a bombo y platillo que se iban a acelerar los proyectos energéticos y mineros. Es decir, que las excavadoras iban a entrar a saco -como ya vienen haciendo- en lo que queda de naturaleza para extraer hasta el último céntimo que se pueda del territorio sin preocuparse de cómo queda de maltrecho.

5.- El INAGA será reformado para acelerar los trámites ambientales

En el mismo sentido va la anunciada reforma del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA) con el fin de acelerar la tramitación de expedientes. Al parecer la tramitación es lenta, los expedientes se acumulan y los promotores ponen nerviosos y las excavadoras no pueden actuar. Las presiones al consejero Olona son diversas y prepara una remodelación para acelerar los trámites.

La cuestión es que nadie se plantea si lo que es excesivo el número de proyectos y si la evaluación ambiental de los proyectos necesita del correspondinete, pormenorizado y sosegado análisis.

Los peores presagios se ciernen sobre el INAGA y vista la trayectoria del mismo, ya muy condescendiente con proyectos de muy negativo impacto ambiental, sucederá que las garantías ambientales quedarán mermadas todavía más. Algunas fuentes autorizadas advierten de que muchos proyectos sólo necesiten de una declaración responsable, trámite el cual otorga nulas garantías.

4.- UAGA pide roturar más tierras

Y para rematar, vienen los gamberros ambientales del sindicato UAGA, pidiendo ¡roturar más tierras! Como si estuviéramos en la Edad Media. Roturar significa destruir suelo y vegetación natural para ponerlo en cultivo. Es decir cargarse paisaje, geomorfología, red hidrológica y biodiversidad para meter arado, pesticidas y nitratos.

En UAGA todavía no se han enterado de que el territorio no es ilimitado y que la pérdida de suelo por artificialización (urbanización, cultivo, infraestructuras…) es uno de los principales factores de insostenibilidad.

prensa

Fuente: Arainfo

Conclusión final: Todos contra la naturaleza

Tras este sucinto análisis de cómo respira la sociedad y sus representantes, es absolutamente desolador el futuro que nos espera.

Se han mostrado incapaces de una mínima reflexión ecológica sobre las causas de la crisis que ha castigado tan seriamente la economía y la sociedad, de pararse a pensar qué se ha estado haciendo mal, por qué hemos sido tan frágiles.

Se han mostrado incapaces de extraer un mínimo aprendizaje. Con su mentalidad meramente extractiva están poniendo todos los medios para volver a hacer exactamente lo mismo que antes, y a mayor ritmo, en lo que respecta a nuestras relaciones con el medio ambiente que nos sustenta.

Son incapaces de pensar en los límites biofísicos del planeta. Sólo piensan en seguir creciendo, ocupando suelo, extrayendo recursos, destruyendo biodiversidad, alterando el equilibrio ecológico sin pensar en las consecuencias. Sólo piensan en explotar y depredar en vez de conservar y restaurar.

Y aquí estamos en Aragón, en todos los periódicos de España por ser campeones en rebrotes del coronavirus.

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ECOLOGÍA PROFUNDA (II)

6th junio 2020 | Comunicación,Ecologismo,Ecología,Política y Sociedad,Sostenibilidad

En estos tiempos en los que el personal se apropia perversamente del concepto de sostenibilidad, de energías limpias y de economía circular para cubrir con una fachada verde ecológica las actividades depredadoras e insostenibles de siempre, conviene recordar que el vwerdadero compromiso ecologista posee raíces más profundas y que los que nos han metido en la crisis climática y de biodiversidad no nos van a sacar de ésta. Por ello traigo a colación el concepto de Ecología profunda que dejé un día inconcluso, retomando las tesis de su promotor Arne Naess.

Naess propugnaba la idea de que la ecología no debía limitarse únicamente al lugar que el ser humano ocupa en la naturaleza, sino a todas y cada una de cuantas partes integran la propia naturaleza, y siempre contempladas desde una base igualitaria, dado que el orden natural posee, en sí mismo, un valor intrínseco que trasciende los valores humanos. Naess instaba siempre a los movimientos de orientación ecologista a «proteger al planeta no sólo en beneficio del género humano, sino, también, en beneficio del propio planeta, a conservar los ecosistemas sanos por el mismo hecho de hacerlo».

recorte prensa

El Periódico de Aragón, 20200605

En opinión de Naess, los que pensaban que los grandes problemas ecológicos se podían resolver en el entorno de una sociedad industrial y capitalista tenían un ecologismo «superficial». Había que entender que era la sociedad en sí misma la que había causado la crisis ecológica planetaria. Esta tesis, fundamentada en las enseñanzas de Spinoza, Gandhi y Buda, penetraría en las diversas corrientes de pensamiento que inspiraron a los movimientos ambientalistas de mediados de los 80.

recorte prensa

La Directora General de Cambio Climático y Educación Ambiental (Podemos). EPA, 20200605

Naess insistía en que la ‘Ecología profunda’ parte de la idea de que el ser humano no es ajeno a la naturaleza, sino que forma parte de ella en igualdad de condiciones con otros seres vivos, como una especie más.

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CRECIMIENTO DEL PIB CONTRA LA BIODIVERSIDAD

9th mayo 2020 | Biodiversidad,Decrecimiento,Política y Sociedad,Sostenibilidad

Un estudio sobre biodiversidad advierte de que es imprescindible el decrecimiento económico

Veintidós científicos liderados por el español Iago Otero descartan que el crecimiento del PIB pueda ser compatible con la preservación de los ecosistemas

Cristian Segura. Barcelona – 08 may 2020 – 08:19 CEST EL PAÍS

Hasta hoy ha prevalecido entre Gobiernos y organismos internacionales el paradigma de que es posible salvar el medio ambiente y la biodiversidad manteniendo el crecimiento de la economía. Pero esta idea es solo una declaración de intenciones que no se sustenta con los datos recopilados desde el siglo XX. Es la conclusión a la que llega un grupo de veintidós académicos de instituciones como la Universidad de Oxford, el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales de Barcelona (CREAF), la Universidad de Leipzig o la Humboldt de Berlín, entre otros. El grupo, dirigido por el español Iago Otero, de la Universidad de Lausana (Suiza), cree necesario un cambio urgente de paradigma, y para ello propone una batería de medidas de choque para limitar los efectos de la economía en los ecosistemas.

El equipo liderado por Otero ha elaborado su tesis en un artículo publicado en abril por la revista Conservation Letters, coincidiendo con la pandemia de la covid-19. Otero explica a EL PAÍS que la crisis actual confirma las conclusiones del texto sobre la prioridad que debe ser salvaguardar la biodiversidad: “Una naturaleza bien conservada nos protegería de enfermedades como esta. Detrás de la pandemia está la deforestación, la expansión de la agricultura o el comercio de especies, que ponen a más gente en contacto con los animales portadores de los virus”.

Las medidas que proponen los veintidós científicos se resumen en siete puntos: limitar la explotación de recursos naturales y prohibir su extracción en áreas de alto valor ecológico; restringir la construcción de grandes infraestructuras que rompan la integridad de los espacios verdes; potenciar la agricultura de proximidad y limitar la expansión de las ciudades, favoreciendo al mismo tiempo un urbanismo de mayor concentración demográfica; compensar la destrucción de puestos de trabajo con la creación de nuevos empleos reduciendo las jornadas laborales; dificultar la promoción de aquellos productos procedentes de la sobreexplotación agrícola y de la naturaleza.

Superar el PIB

Los autores del estudio asumen que sus propuestas se enfrentarían a multitud de “barreras culturales y sociales” porque van contra “el imaginario que prevalece de un crecimiento ilimitado”. “Son propuestas para ser debatidas”, apunta Christoph Plutzer, profesor de la Universidad de Viena y uno de los firmantes del documento. La única medida que requiere “una acción inmediata”, según Plutzer, es consolidar nuevos índices que sustituyan al PIB y que evalúen el bienestar social y los niveles de protección del medio ambiente.

Estos académicos subrayan que hasta el momento no se ha podido sustentar un incremento del PIB con la reducción del consumo de recursos naturales. En los países desarrollados que sí se ha conseguido, añaden, ha sido a costa de un aumento de la explotación natural en sociedades en vías de desarrollo. El informe aporta datos que demostrarían una coincidencia en los niveles de evolución del PIB mundial desde 1960 con el de las explotaciones agrarias, el uso de pesticidas y fertilizantes, y con la demanda de consumo de carne. “La cantidad total de producción humana de materiales creció en el último siglo al unísono con el PIB global, sustituyendo ecosistemas a una escala masiva”.

Otro efecto del comercio global es la proliferación de especies invasoras, que son la segunda causa de extinción de flora y fauna. Los efectos del cambio climático en la biodiversidad también son evidentes, y el documento subraya las previsiones para el continente europeo: se estima que el 58% de las especiales vegetales y de vertebrados perderán su hábitat en los próximos sesenta años. El artículo concede que es factible alcanzar un crecimiento del PIB disminuyendo el uso de recursos naturales y las emisiones de gases contaminantes, pero hasta hoy no se ha conseguido –excepto en momentos de crisis económica puntuales–, ni siquiera al ritmo necesario para cumplir los objetivos de dejar el aumento del calentamiento del planeta en torno a los 1,5 grados.

El llamado Pacto Verde Europeo, el plan de la Comisión Europea y de los principales Estados miembros de la UE para erradicar las emisiones contaminantes de la economía, comparte objetivos con el artículo publicado en Conservation Letters. La principal diferencia es que sus autores defienden la necesidad de decrecer en términos de PIB para construir una sociedad “postcrecimiento”. “Nuestro trabajo propone ir más allá del crecimiento económico”, apunta Otero, “esto requiere dejar de utilizar el PIB como indicador guía”.

La primera solución planteada en el estudio es imponer a nivel internacional limitaciones en la cantidad de recursos naturales utilizados para la producción de los bienes comercializados. “Diferentes cupos podrían aplicarse a cada país dependiendo de su consumo histórico y los excesos en las emisiones de dióxido de carbono”, dice su texto, y añade que “los topes pueden complementarse con moratorias específicas para la explotación de recursos en zonas de biodiversidad altamente delicada”. Otra propuesta es fragmentar los puestos de trabajo en jornadas laborales reducidas. “Bajo determinadas circunstancias, la jornada de trabajo más corta está relacionada con menores emisiones de carbono y otras afectaciones perjudiciales para la biodiversidad”.

Relocalizar la economía para disminuir la distancia entre los centros de producción y consumidores es otra medida clave, según el informe. Este requiere frenar la expansión geográfica de las ciudades en favor de explotaciones agrarias próximas a las urbes, evitando así la destrucción de zonas naturales en otras regiones. También piden poner coto al desarrollo de grandes infraestructuras y de redes de transporte que rompen la integridad de los espacios de valor ecológico.

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ECOLOGÍA Y ENFERMEDADES INFECCIOSAS

28th abril 2020 | Agricultura,Agua,Atentados ecológicos,Atmósfera,Biodiversidad,Campañas de Defensa,Ecologismo,Ecología,Economía,Energía,Política y Sociedad,Sostenibilidad

La dimensión ecológica de las enfermedades infecciosas

José Manuel Nicolau, José Daniel Anadón, Juan Herrero, Jaume Tormo, Rocío López Flores. Profesores de Ecología del Grado de Ciencias Ambientales del Campus de Huesca. Universidad de Zaragoza. (Diario del Alto Aragón)

La transmisión de patógenos desde el medio natural a los humanos, como ha sido el caso de covid 19, es un fenómeno complejo en el que intervienen factores sanitarios, culturales, sociales, económicos… y también ecológicos. Analizaremos aquí esta última dimensión, pues pensamos que la actual pandemia es una llamada de atención sobre nuestra inadecuada relación con la naturaleza. La organización Ecohealth Alliance publica desde 2008 un mapa mundial de los puntos calientes de las enfermedades infecciosas emergentes. Y ha registrado que la deforestación está directamente relacionada con el 31% de los brotes infecciosos de las últimas décadas, como el virus nipa en Asia, zika en América y ébola en África. Deforestación para la producción agrícola (aceite de palma, cacao, soja…) y de pastos, así como para la extracción de madera y minerales. Productos que nosotros consumimos. Deforestación que reduce la biodiversidad y altera las relaciones entre los patógenos, la fauna silvestre que los hospeda y las personas. Las poblaciones humanas que se establecen en esa frontera entre el hábitat natural y el humano -en condiciones sanitarias precarias- cazan, consumen y comercian con animales silvestres, lo que favorece notablemente las zoonosis, es decir, la transmisión de los patógenos desde la fauna silvestre al ganado y a los seres humanos. La primera epidemia del virus nipah en Malasia obligó a sacrificar más de un millón de cerdos transmisores de los patógenos a los humanos. El origen estuvo en murciélagos portadores del virus que, tras la pérdida de su hábitat natural, se acercaron a los huertos donde comieron fruta que después ingirieron los cerdos. Una reciente investigación publicada en Scientific Reports ha situado una serie de episodios de ébola dos años después de deforestaciones significativas en África occidental.

Que la salud humana está asociada a la salud de los ecosistemas es uno de los elementos claves del concepto One Health, una perspectiva integradora de la salud, que apoya la OMS. Este enfoque tiene en cuenta que la diversidad biológica nos da protección frente a enfermedades y patógenos, en lo que se denomina “servicio de contención de enfermedades”. Desde hace un par de décadas se conoce el efecto protector de la diversidad por “dilución de la carga vírica”, demostrándose que, en ecosistemas más ricos en especies, los patógenos se alojan en huéspedes intermedios, poco adecuados para su propagación, en los que quedan frenados. En el desierto de Utah (EEUU) el hantavirus que hospedan los roedores se diluye cuando la diversidad de mamíferos es mayor. También la mayor diversidad genética dentro de una especie hospedadora del virus favorece que haya individuos que no desarrollen la enfermedad y creen resistencia: es la “protección por amortiguación” que se observó con el virus del Nilo occidental y la diversidad de aves. Además, el mayor control que hay entre las distintas especies cuando son más numerosas en un ecosistema hace que se atenúen las posibles explosiones demográficas de los huéspedes de los patógenos. Este conocimiento sobre el papel que los ecosistemas saludables y biodiversos tienen en la salud humana ha puesto en marcha algunas iniciativas esperanzadoras. El gobierno de Malasia está protegiendo áreas de selva en la isla de Borneo como medida para combatir la malaria, tras comparar los costes económicos de la enfermedad con los beneficios de la explotación de la selva. Y también en Liberia hay iniciativas similares para luchar contra los brotes de fiebre de Lassa.

Para prevenir futuras epidemias, la humanidad habrá de desplegar toda su capacidad tecnológica en el terreno sanitario, así como las medidas de tipo social y económico que estamos aprendiendo con la actual pandemia. Pero, además, deberá abordar la dimensión ecológica del problema: el paso de los virus desde el medio natural hacia el antrópico a causa de la degradación ambiental de los ecosistemas y de la disminución de la capacidad de contención de las infecciones de una diversidad biológica debilitada. Ello implica garantizar la conservación de los hábitats naturales. Sin duda se trata de un reto de gran envergadura que nos obliga a revisar el actual modelo de consumo globalizado que tenemos. Globalización que, en el sector agroalimentario, ha requerido la deforestación de miles de hectáreas en Indonesia para producir el 80% del aceite de palma mundial y está detrás de varias zoonosis. O la deforestación amazónica para la producción de soja y otros cultivos, que en los últimos años ha incrementado los casos de malaria. El denominado Cambio Global que estamos ocasionando en la Biosfera está socavando las bases de nuestro bienestar. La extinción masiva de especies, el cambio climático, la toxicidad ambiental, la destrucción de la capa de ozono, la transformación de la corteza terrestre o la alteración de los ciclos del nitrógeno y fósforo, están reduciendo el capital natural y los servicios que recibimos de él, imprescindibles para nuestro bienestar y supervivencia.

Porque todos tenemos perfectamente claro que nuestro bienestar se sustenta en los servicios que nos proporciona la tecnología. Desde los automóviles a los respiradores pasando por internet. Sin embargo, no vemos tan cristalino que los cimientos de nuestro bienestar -y de nuestra supervivencia- proceden de los servicios que nos aportan los ecosistemas naturales. Desde el oxígeno que respiramos -gracias a las plantas y al fitoplancton marino- al agua que bebemos. Pasando por la labor polinizadora de las abejas que nos permite comer fruta todos los años, los paisajes que nos dan nuestras señas de identidad y sustentan el turismo, los efectos terapéuticos de la naturaleza a la que acudimos para “cargar pilas” y una larga lista entre la que ocupa un lugar preeminente la biodiversidad. La biodiversidad, esa gran despensa de la humanidad de la que obtenemos el 25% de los fármacos que utilizamos -se buscan nuevos antibióticos en los fondos de los océanos- fuente de biocombustibles, fibras y cosméticos, de diseños para la industria, de microorganismos que procesan nuestros residuos y desde luego de nuestros alimentos, cada día más variados. Ahí están la quinoa o la chía. La protección frente a la transmisión de zoonosis es otro servicio más de la naturaleza que hemos debilitado. Dicen que nuestra sociedad va a entrar en una nueva época tras la covid 19: el futuro o es ecológico o no será.

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