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Posts archivados en la categoría Ecología

ZARAGOZA NO ES CIUDAD PARA LA VIDA SILVESTRE

23rd febrero 2017 | Atentados ecológicos,Biodiversidad,Ecologismo,Ecología,Mamíferos,Política y Sociedad,Sostenibilidad,Urbanismo

erinaceus

Erizo atropellado junto al Corredor Verde Oliver-Valdefierro

Zaragoza no es una ciudad que facilite la vida silvestre. Su diseño y expansión van en contra de la vida salvaje, de la biodiversidad. Se eliminan suelo y vegetación naturales. Se crean parques hostiles donde no cabe refugio para la flora y fauna locales. Se levantan edificios y puentes con mamparas y cristaleras traidoras donde se estrellan las aves. Se expulsa y aniquila a la fauna con plaguicidas y todo tipo de venenos y trampas… Si Zaragoza no es una ciudad acogedora para sus pequeños habitantes es difícil que lo sea para sus ciudadanos.

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TRABAJOS DE FEBRERO

18th febrero 2017 | Biodiversidad,Ecología,Fenología,Insectos

abeja en sauce

Abeja pecoreadora sin identificar aproximándose a los amentos masculinos de un sauce ornamental Salix caprea. A pesar de que los amentos están dispuesto para liberar el polen mediante el viento, algunos aprovechan la ocasión para abastecerse de polen.

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MONEGROS, 25 AÑOS SIN PROTECCIÓN

12th febrero 2017 | Agricultura,Agua,Atentados ecológicos,Biodiversidad,Biología,Campañas de Defensa,Ecologismo,Ecología,Política y Sociedad,estepas

noticias prensa

El día diez de febrero de 1992, un autobús fletado por las organizaciones ecologistas aragonesas trasladó a un grupo de periodistas de diversos medios hasta Bujaraloz para allí emprender un recorrido por los enclaves más singulares de Monegros y comprobar el impacto ambiental de las obras de puesta en regadío del polígono Monegros II. Asesorados por científicos conocedores del territorio, los periodistas se llevaron información de primera mano sobre la irreversible destrucción del patrimonio natural aragones que allí estaba teniendo lugar impunemente.

Al día siguiente, la prensa se hacía eco de la reivindicación ecologista: se iniciaba así una de las campañas ecologistas de mayor trascendencia en Aragón, en defensa de uno de los enclaves de más valor ecológico -no solo de Aragón, sino de la Península Ibérica y Europa- y por la conservación y protección de ese territorio frente a un desmesurado plan de regadíos que pretendía transformar nada menos que 65000 ha de secanos y zonas esteparias en el polígono denominado Monegros II.

noticias prensa

No obstante, la reivindicación y defensa de Los Monegros, denostado como un desierto carente de valor al que había que redimir a base de regadío, venía fraguándose desde hacía varios años cuando el CSIC dio a conocer el estudio de impacto ambiental referido a las obras de regadío. Poco a poco, las voces resaltando la singularidad de las estepas monegrinas, fueron ampliando su eco.

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COLAPSO

28th diciembre 2016 | Ecología,Política y Sociedad,Sostenibilidad

portada libro

EL SER HUMANO YA DESTRUÍA SU MEDIO
ANTES DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Hoy quiero compartir mis impresiones sobre un libro que he leído estas navidades y que, de forma errónea, suele estar en las estanterías de historia de las librerías cuando trata en realidad de ecología. Se titula “Colapso” y es del biólogo, antropólogo y geógrafo Jared Diamond, nacido en Boston pero que ha hecho su carrera en la Universidad de California en Los Ángeles.

Hace un análisis de sociedades complejas del pasado que desaparecieron después de haber alterado gravemente el medio del que dependían (los Rapa Nui de la isla de Pascua entre los años 900 y 1700, los polinesios de las islas Mangareva, Pitcairn y Henderson entre 1450 y 1600, los Anasazi del suroeste de Estados Unidos entre 600 y 1200, los Mayas entre 250 y 900 o los vikingos de Groenlandia entre 980 y 1400), aunque dejando claro que siempre interviene en la extinción algún otro factor, hasta 4 más: la respuesta de la sociedad a sus problemas, la relación con sociedades amistosas, la relación con sociedades hostiles y el cambio climático. En las ediciones posteriores a 2008 (tres años después de la obra original, que es de 2005), incluye también un epílogo sobre el imperio Jemer de Angkor Vat, en Camboya, entre 800 y 1400. Compara estas sociedades con otras donde estuvieron a punto de desaparecer pero lo evitaron en el último momento (los vikingos de Islandia entre 870 y 1200, los indígenas de las tierras altas de Nueva Guinea en los últimos 7000 años, los melanesios de Tikopia en las islas Salomón en los últimos 3000 años o Japón entre 1600 y 1868) y con sociedades actuales que afrontan diferentes problemas ambientales (Ruanda, Haití, China, Australia, Montana…).

Leyendo el relato así, todo seguido, con la cadena lógica de causas y consecuencias, cualquiera se pregunta: ¿pero en qué coño estaban pensando los polinesios de la Isla de Pascua mientras cortaban el último árbol de la isla sabiendo que nunca más iban a poder hacer una piragua o cuando mataban la última ave de una especie comestible, o los Anasazi mientras se erosionaba el último trozo de suelo fértil que les quedaba en medio del desierto? El libro explica por qué no previeron los problemas por falta de experiencias comparables o por olvido con el paso del tiempo o por falsa analogía con situaciones conocidas que parecen similares y no lo son, o no percibieron el problema por falta de conocimientos, lejanía espacial o por la lentitud del proceso que hace acostumbrarse a él, o no trataron de solucionar el problema por intereses particulares contrarios a los colectivos (a menudo, más a corto plazo y por parte de dirigentes) o por convicciones irracionales (culturales, religiosas) más fuertes que las racionales, o bien no pudieron solucionar el problema por falta de conocimientos o por llegar demasiado tarde.

Después de leer estos motivos y pensando en los pueblos como conjuntos de individuos y no como bloques compactos, ya se entiende que a menudo las sociedades se hayan suicidado destruyendo el medio que los mantenía (por ejemplo, los isleños de Pascua se habrían ido acostumbrando durante generaciones a que no hubiera casi árboles, es posible que algún jefe mandara cortar el último árbol para competir con otros jefes en la erección de estatuas cada vez mayores porque esa era su forma de entender la vida, e incluso es posible que en el último momento intentaran reproducir alguna especie de árbol a partir de semillas y ya no les saliera bien). Estos casos sirven de aleccionador y preocupante ejemplo para nuestra sociedad actual, con la particularidad de que las islas remotas en medio del océano son una metáfora de lo que es ahora nuestro planeta entero, todo intercomunicado pero al mismo tiempo aislado del resto, con lo que el próximo colapso puede ser global. Es un libro muy recomendable.

Javier Puente

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