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ECOLOGÍA PROFUNDA (II)

6th junio 2020 | Comunicación,Ecologismo,Ecología,Política y Sociedad,Sostenibilidad

En estos tiempos en los que el personal se apropia perversamente del concepto de sostenibilidad, de energías limpias y de economía circular para cubrir con una fachada verde ecológica las actividades depredadoras e insostenibles de siempre, conviene recordar que el vwerdadero compromiso ecologista posee raíces más profundas y que los que nos han metido en la crisis climática y de biodiversidad no nos van a sacar de ésta. Por ello traigo a colación el concepto de Ecología profunda que dejé un día inconcluso, retomando las tesis de su promotor Arne Naess.

Naess propugnaba la idea de que la ecología no debía limitarse únicamente al lugar que el ser humano ocupa en la naturaleza, sino a todas y cada una de cuantas partes integran la propia naturaleza, y siempre contempladas desde una base igualitaria, dado que el orden natural posee, en sí mismo, un valor intrínseco que trasciende los valores humanos. Naess instaba siempre a los movimientos de orientación ecologista a «proteger al planeta no sólo en beneficio del género humano, sino, también, en beneficio del propio planeta, a conservar los ecosistemas sanos por el mismo hecho de hacerlo».

recorte prensa

El Periódico de Aragón, 20200605

En opinión de Naess, los que pensaban que los grandes problemas ecológicos se podían resolver en el entorno de una sociedad industrial y capitalista tenían un ecologismo «superficial». Había que entender que era la sociedad en sí misma la que había causado la crisis ecológica planetaria. Esta tesis, fundamentada en las enseñanzas de Spinoza, Gandhi y Buda, penetraría en las diversas corrientes de pensamiento que inspiraron a los movimientos ambientalistas de mediados de los 80.

recorte prensa

La Directora General de Cambio Climático y Educación Ambiental (Podemos). EPA, 20200605

Naess insistía en que la ‘Ecología profunda’ parte de la idea de que el ser humano no es ajeno a la naturaleza, sino que forma parte de ella en igualdad de condiciones con otros seres vivos, como una especie más.

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EN MEMORIA DE ADOLFO ARAGÜÉS (X ANIVERSARIO)

2nd junio 2020 | Aves,Biodiversidad,Biografías,Campañas de Defensa,Ecologismo,Naturalismo,Política y Sociedad

Es el Hombre el que pertenece a la Tierra

¿Quién no ha sentido algo profundo en su interior al caminar por las montañas, al entrar en un bosque o al visitar una cueva? Pasear por un bosque, abrazar un viejo árbol o recolectar frutos silvestres nos atrae magnéticamente. Nos sobresaltamos cuando un animal se cruza en nuestro camino y nos maravillamos contemplando a las grullas volar o nos quedamos sin palabras cuando una ballena asoma su cabeza en la superficie del mar y nos observa con ese ojo tan enorme.

A principios de los 80 escuché por la radio a alguien que reflexionaba en voz alta sobre nuestra relación con la Naturaleza y sus consecuencias. Hablaba desde la realidad de lo local, en este caso de Aragón, pero también de lo global, de lo que sucedía en las selvas amazónicas. Por cierto, lo primero que me atrajo fue la pasión con la que hacía los comentarios. Lo segundo, que su voz y la entonación de las frases me recordaban a Félix Rodríguez de la Fuente, el cual nos había dejado hacía pocos meses y cuyos programas de televisión nos habían dejado una huella imborrable. Y lo tercero, que los temas que abordaba aportaban algunas respuestas muy interesantes sobre la relación del Hombre con la naturaleza.

Era la voz de Adolfo Aragüés, que repetía programa tras programa que habíamos perdido el respeto a nuestra Madre Tierra. Y llegados a ese punto nos hablaba de pueblos indígenas que vivían en comunión con la naturaleza y que hablaban de los animales, de los bosques, de los ríos y hasta del aire como hermanos, a los que hay que querer y cuidar como parte de sí mismos, como miembros de la misma familia. Recuerdo con claridad cómo pronunciaba la palabra Pa-cha-ma-ma, vocalizando y enfatizando cada una de sus sílabas, cuando hablaba de los Pueblos Andinos y su veneración por esta divinidad que simboliza a la Madre Tierra.

Adolfo Aragüés y su programa “Aragón y su naturaleza” nos acompañaron 18 años en los que fue recorriendo todo el territorio aragonés, los espacios naturales de España e incluso nos trasladaba con sus reflexiones a las selvas tropicales o los hábitats más remotos. Pero todos los comentarios estaban siempre unidos por el mismo hilo conductor, el respeto que debíamos tener el ser humano por la Madre Tierra, y no perdía la ocasión para clamar por su respeto y conservación. Recuerdo cómo todos los años, para celebrar el 5 de Junio, Día del Medio Ambiente, nos leía la Carta del Jefe indio Seattle en respuesta al Presidente de los Estados Unidos, que en 1854 propuso comprarle las tierras que ocupaban las tribus suwamish. Una carta con un profundo mensaje ecologista, premonitorio de lo que ahora nos está pasando en el Planeta. Escuchar estas frases de su boca te llegaba directamente al corazón. Sentías que era el Jefe Seattle el que te hablaba así, “¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo. La tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas las cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.”

Tenía razón en la urgencia de su mensaje cuando ahora vemos cómo tenemos que declarar la emergencia climática y ambiental en todo el planeta. O cuando escuchamos a los investigadores hablar de la influencia que tiene en el origen del Covid19, y de otros virus procedentes de animales salvajes, la deforestación y la pérdida de biodiversidad en las selvas tropicales. ¡Y no lo digo yo…!, como remarcaba Adolfo Aragüés, lo dice la Royal Society of Biology.

Ese profundo respeto por la naturaleza lo canalizó a lo largo de toda su vida con la observación y el estudio de las aves. Sin duda las aves representan la vida natural ante nuestros ojos, ya que siempre están a nuestro alrededor y muchas de ellas son de fácil observación. Quería conocerlas en profundidad, saber todo de ellas. En esos primeros años de observación, finales de los años 40, no resultaba nada fácil incluso explicar lo que estaba haciendo. Tampoco era fácil encontrar un maestro del que aprender, libros explicativos, mapas o incluso desplazarte por el territorio, para lo que se necesitaba un permiso especial de la autoridad competente. A pesar de esas dificultades, consiguió abrirse camino.

Para los que no conocen el mundo del estudio de las aves será difícil imaginar la gran dedicación y el esfuerzo necesarios para anillar casi 37.000 de ellas. Viajar a sus lugares de paso o cría, capturarlas de madrugada, registrar todos los datos, clasificarlas y elaborar el trabajo científico. Y todo este ingente trabajo sólo por afición y el placer del conocimiento. Su pasión atrajo a muchos jóvenes que sentían como él la fascinación por las aves y por la naturaleza. Supo ser ese maestro del que no olvidas las lecciones recibidas, del que quieres más, del que hablas a todo el mundo y al que te gusta poner como ejemplo.

Pero esa luz con la que inundaba todo a su alrededor cuando hablaba de las aves, se tornaba en tristeza cuando recordaba cómo se habían deteriorado los lugares que él había conocido en su juventud y que le habían hecho sentir esa unión con la naturaleza. Contaba con tristeza los cambios que él mismo había podido constatar a lo largo de su vida, en su propio entorno. Cuesta imaginárselo ahora machete en mano abriéndose camino entre la espesa vegetación que había en los años 50 para llegar al Ebro desde el Hospital Militar de Ganado en Pastríz, donde realizaba su servicio militar. Aquella exuberancia del bosque de ribera ha quedado ahora domesticada, reducida a pequeñas manchas de arbolado junto a la misma orilla del río. Nunca he olvidado que, ya en los años 90, me dijera que hacía tiempo que no quería subir al Pirineo, que no quería volver porque sufría viendo el deterioro ambiental. Le dolía mucho.

Pero el amor que mostró por la montaña o por los bosques se quedaba pequeño cuando hablaba de la estepa. Él decía que Aragón no se podía entender sin las estepas, que éstas eran el alma, la esencia de Aragón. Esas grandes extensiones áridas donde predomina la vegetación de pequeño porte y donde el viento y la escasez de agua moldean un ecosistema singular y único en Europa, llamaron su atención con una fuerza inusitada. Buena parte de su trabajo científico lo dedicó al conocimiento de las aves esteparias y concretamente a la Alondra de Dupont o Ricotí (Chersophilus duponti). Esta ave se consideraba extinta en Aragón hasta que fue redescubierta por él, realizando además su tesis doctoral sobre ella.

Enseguida se dio cuenta de la grave amenaza que existía sobre las aves esteparias y de la necesidad de proteger espacios naturales de calidad ligados a su conservación. Su larga batalla dio unos primeros frutos con la creación de la La Lomaza de Belchite, la primera reserva de aves esteparias de Europa, a la que siguió El Planerón en la misma localidad. Desde el año 2009 el Centro de Interpretación de las Estepas de Belchite lleva el nombre de “Adolfo Aragüés” en reconocimiento a su labor.

Una persona de referencia que necesitamos conocer y valorar. Queda pendiente poner en valor todo su legado, que es mucho. Se fue sin poder ver un Parque Nacional en Los Monegros o el Parque de las Estepas del Sur de Zaragoza. Ambos proyectos duermen en algún cajón tras décadas de elaboración, alegaciones y aprobaciones iniciales de tramitación. Pero vamos a seguir perseverando. En eso hemos tenido buen maestro.

Jesús Maestro. Miembro de Ansar
Zaragoza, 22 de mayo de 2020

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ECOLOGÍA Y ENFERMEDADES INFECCIOSAS

28th abril 2020 | Agricultura,Agua,Atentados ecológicos,Atmósfera,Biodiversidad,Campañas de Defensa,Ecologismo,Ecología,Economía,Energía,Política y Sociedad,Sostenibilidad

La dimensión ecológica de las enfermedades infecciosas

José Manuel Nicolau, José Daniel Anadón, Juan Herrero, Jaume Tormo, Rocío López Flores. Profesores de Ecología del Grado de Ciencias Ambientales del Campus de Huesca. Universidad de Zaragoza. (Diario del Alto Aragón)

La transmisión de patógenos desde el medio natural a los humanos, como ha sido el caso de covid 19, es un fenómeno complejo en el que intervienen factores sanitarios, culturales, sociales, económicos… y también ecológicos. Analizaremos aquí esta última dimensión, pues pensamos que la actual pandemia es una llamada de atención sobre nuestra inadecuada relación con la naturaleza. La organización Ecohealth Alliance publica desde 2008 un mapa mundial de los puntos calientes de las enfermedades infecciosas emergentes. Y ha registrado que la deforestación está directamente relacionada con el 31% de los brotes infecciosos de las últimas décadas, como el virus nipa en Asia, zika en América y ébola en África. Deforestación para la producción agrícola (aceite de palma, cacao, soja…) y de pastos, así como para la extracción de madera y minerales. Productos que nosotros consumimos. Deforestación que reduce la biodiversidad y altera las relaciones entre los patógenos, la fauna silvestre que los hospeda y las personas. Las poblaciones humanas que se establecen en esa frontera entre el hábitat natural y el humano -en condiciones sanitarias precarias- cazan, consumen y comercian con animales silvestres, lo que favorece notablemente las zoonosis, es decir, la transmisión de los patógenos desde la fauna silvestre al ganado y a los seres humanos. La primera epidemia del virus nipah en Malasia obligó a sacrificar más de un millón de cerdos transmisores de los patógenos a los humanos. El origen estuvo en murciélagos portadores del virus que, tras la pérdida de su hábitat natural, se acercaron a los huertos donde comieron fruta que después ingirieron los cerdos. Una reciente investigación publicada en Scientific Reports ha situado una serie de episodios de ébola dos años después de deforestaciones significativas en África occidental.

Que la salud humana está asociada a la salud de los ecosistemas es uno de los elementos claves del concepto One Health, una perspectiva integradora de la salud, que apoya la OMS. Este enfoque tiene en cuenta que la diversidad biológica nos da protección frente a enfermedades y patógenos, en lo que se denomina “servicio de contención de enfermedades”. Desde hace un par de décadas se conoce el efecto protector de la diversidad por “dilución de la carga vírica”, demostrándose que, en ecosistemas más ricos en especies, los patógenos se alojan en huéspedes intermedios, poco adecuados para su propagación, en los que quedan frenados. En el desierto de Utah (EEUU) el hantavirus que hospedan los roedores se diluye cuando la diversidad de mamíferos es mayor. También la mayor diversidad genética dentro de una especie hospedadora del virus favorece que haya individuos que no desarrollen la enfermedad y creen resistencia: es la “protección por amortiguación” que se observó con el virus del Nilo occidental y la diversidad de aves. Además, el mayor control que hay entre las distintas especies cuando son más numerosas en un ecosistema hace que se atenúen las posibles explosiones demográficas de los huéspedes de los patógenos. Este conocimiento sobre el papel que los ecosistemas saludables y biodiversos tienen en la salud humana ha puesto en marcha algunas iniciativas esperanzadoras. El gobierno de Malasia está protegiendo áreas de selva en la isla de Borneo como medida para combatir la malaria, tras comparar los costes económicos de la enfermedad con los beneficios de la explotación de la selva. Y también en Liberia hay iniciativas similares para luchar contra los brotes de fiebre de Lassa.

Para prevenir futuras epidemias, la humanidad habrá de desplegar toda su capacidad tecnológica en el terreno sanitario, así como las medidas de tipo social y económico que estamos aprendiendo con la actual pandemia. Pero, además, deberá abordar la dimensión ecológica del problema: el paso de los virus desde el medio natural hacia el antrópico a causa de la degradación ambiental de los ecosistemas y de la disminución de la capacidad de contención de las infecciones de una diversidad biológica debilitada. Ello implica garantizar la conservación de los hábitats naturales. Sin duda se trata de un reto de gran envergadura que nos obliga a revisar el actual modelo de consumo globalizado que tenemos. Globalización que, en el sector agroalimentario, ha requerido la deforestación de miles de hectáreas en Indonesia para producir el 80% del aceite de palma mundial y está detrás de varias zoonosis. O la deforestación amazónica para la producción de soja y otros cultivos, que en los últimos años ha incrementado los casos de malaria. El denominado Cambio Global que estamos ocasionando en la Biosfera está socavando las bases de nuestro bienestar. La extinción masiva de especies, el cambio climático, la toxicidad ambiental, la destrucción de la capa de ozono, la transformación de la corteza terrestre o la alteración de los ciclos del nitrógeno y fósforo, están reduciendo el capital natural y los servicios que recibimos de él, imprescindibles para nuestro bienestar y supervivencia.

Porque todos tenemos perfectamente claro que nuestro bienestar se sustenta en los servicios que nos proporciona la tecnología. Desde los automóviles a los respiradores pasando por internet. Sin embargo, no vemos tan cristalino que los cimientos de nuestro bienestar -y de nuestra supervivencia- proceden de los servicios que nos aportan los ecosistemas naturales. Desde el oxígeno que respiramos -gracias a las plantas y al fitoplancton marino- al agua que bebemos. Pasando por la labor polinizadora de las abejas que nos permite comer fruta todos los años, los paisajes que nos dan nuestras señas de identidad y sustentan el turismo, los efectos terapéuticos de la naturaleza a la que acudimos para “cargar pilas” y una larga lista entre la que ocupa un lugar preeminente la biodiversidad. La biodiversidad, esa gran despensa de la humanidad de la que obtenemos el 25% de los fármacos que utilizamos -se buscan nuevos antibióticos en los fondos de los océanos- fuente de biocombustibles, fibras y cosméticos, de diseños para la industria, de microorganismos que procesan nuestros residuos y desde luego de nuestros alimentos, cada día más variados. Ahí están la quinoa o la chía. La protección frente a la transmisión de zoonosis es otro servicio más de la naturaleza que hemos debilitado. Dicen que nuestra sociedad va a entrar en una nueva época tras la covid 19: el futuro o es ecológico o no será.

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SOS ALIMOCHES

11th marzo 2020 | Atentados ecológicos,Aves,Biología,Ecologismo,Eólica

cartel

¡PARADA BIOLÓGICA DE LOS PARQUES EÓLICOS DE LA SIERRA DE LUNA, YA!

Concentración ecologista frente Ed. Pignatelli para denunciar la construcción del complejo eólico Monlora en la Sierra de Luna que amenaza al mayor dormidero comunal de alimoches del Valle del Ebro.

Las autorizaciones del complejo Monlora y otros parques de la Sierra de Luna ignoraron la existencia de ese enclave conocido desde hace más de treinta años tras una sucesiva cadena de omisiones.

Denunciar la negativa del Gobierno de Aragón a revisar de oficio la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) y a adoptar decisiones basadas en criterios científicos.

Denunciar la negativa del Gobierno de Aragón a abrir procedimiento de exigencia de responsabilidad ambiental a las empresas promotoras de acuerdo a la Ley 26/2007, de 23 de octubre de Responsabilidad Medioambiental.

Exigir la parada biológica (marzo-septiembre) de los aerogeneradores en un radio de 15 km según las recomendaciones científicas y retirar las tres máquinas a menos de un kilómetro del dormidero.

Entrega simbólica de las 58 000 firmas recogidas en la plataforma on line Change.org.

La plataforma y campaña de firmas SOS-Alimoche iniciada por la asociación Fondo Natural cuenta con el apoyo público de la Asociación Naturalista de Aragón-ANSAR, Amigos de la Tierra Aragón, Fondo Navarro Gurelur, Fondo Amigos del Buitre, Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, Fundación para la Conservación del Buitre Negro, Fundación Vida Silvestre Mediterránea, Asociación GREFA, Asociación Trashumancia y Naturaleza, SEO/BirdLife y Ecologistas en Acción.

El dormidero comunal de la Sierra de Luna llega a albergar un centenar de ejemplares de alimoche de España y Francia y también varias decenas de buitre leonado. Ambas aves planeadoras son muy vulnerables ante los aerogeneradores y son víctimas frecuentes de esas máquinas. El alimoche en especial es una especie protegida, en regresión por los venenos, por lo que la mortalidad de cualquier ejemplar es una amenaza para la viabilidad de la especie dada su baja tasa reproductiva.

En la Sierra de Luna se han ido levantando varios cientos de aerogeneradores más los tendidos eléctricos de evacuación durante años, sin considerar la existencia del dormidero comunal. A pesar de las advertencias de las entidades ecologistas, INAGA ha autorizado la ubicación de tres máquinas a un kilómetro o menos del dormidero. A posteriori ha obligado a los promotores a instalar un sistema de disuasión -sin contrastar su nivel de eficacia- basado en pitidos pero el cual sólo estaría funcionando dos meses, y a pintar las palas de colores. La inminente puesta en marcha de las máquinas amenaza a buitres y alimoches que entran y salen del dormidero.

Hay que recordar que de por sí los aerogeneradores son letales para estas rapaces, como atestiguan los constantes siniestros por todo Aragón y en el resto de España.

Fondo Natural
ANSAR
Amigos de la Tierra Aragón


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