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EL CANTUESO

20th julio 2006 | Flora,[NOMBREVILLA]

cantueso

Mata de cantueso en flor. Nombrevilla (Zaragoza). Junio

El cantueso es un arbusto también conocido como lavanda y al que los botánicos denominan Lavandula stoechas subsp pedunculata.

Es una especie propia de suelos ácidos, silíceos, por lo que suele encontrarse en terrenos de cuarcitas, areniscas y pizarras. Es de distribución mediterránea; en concreto es un endemismo de la región ibero-magrebí. En la Península Ibérica se encuentra por el centro y en Aragón es exclusivo de las serranías del Sistema Ibérico, siempre sobre sustrato silíceo. Ocupa el sotobosque de encinares o rebollares, generalmente en zonas secas, tambien se encuentra en eriales y pedregales. Es indicador de una fase de degradación de la vegetación.

No suele sobrepasar del medio metro de altura. La cepa leñosa produce unos tallos verdes en el extremo de los cuales las flores (inflorescencia) se disponen en una espiga densa. Las hojas son estrechas y opuestas.

Pertenece a la familia de las Labiadas (Labiatae), junto con el espliego, muy semejante al cantueso. Destacan en éste las largas brácteas violáceas de la inflorescencia y el largo pedúnculo de la misma. Es una planta aromática, como es frecuente en las Labiadas.

cantueso

El largo pedúnculo de la inflorescencia le da nombre

El nombre genérico Lavandula parece proceder del verbo latino lavo (lavar, purificar) por haberse empleado para perfumar los baños. La esencia de lavanda se utiliza como antiséptica y vulneraria, es decir, para desinfectar y cicatrizar heridas y quemaduras.

El cantueso [Herbario de Jaca]

EL ZUMAQUE

19th julio 2006 | Etnografía,Flora,[NOMBREVILLA]

zumaque

Hojas y frutos inmaduros del zumaque. Julio, 2006

El zumaque (Rhus coriaria) es una planta muy curiosa. Se la puede ver por cunetas y laderas del suroeste de la provincia de Zaragoza, en las zonas bajas del Sistema Ibérico, como reliquia de antiguos cultivos.

Pertenece a la familia de las Anacardiáceas (Anacardiaceae), como el lentisco, el pistacho y el mango. Su nombre castellano proviene del árabe simâq. Se trata de un arbusto ramoso de dos o tres metros de altura. Las ramas están densamente cubiertas de pelos que les dan un aspecto aterciopelado. Las hojas, caducas, son compuestas (imparipinnadas) y los foliolos son lanceolados y de borde aserrado. El envés también es aterciopelado. Las flores son diminutas y se disponen en una inflorescencia densa llamada tirso (racimo de cimas). Los frutos son lenticulares y de tipo drupa. Cuando maduran, en otoño, son de color pardo rojizo y muy aterciopelados también.

Según Ginés López González en su Guía Incafo de árboles y arbustos de la Península Ibérica, el nombre genérico rhus provendría de su denominación latina, que provendría el griego rhóus con el que lo conoció Dioscórides y éste del celta rhudd (rojo) en alusión a sus frutos.

El específico coriaria deriva del latín también (corium, piel, cuero) y alude al antiguo uso del zumaque en las tenerías como curtiente de pieles. Este uso se debe a la riqueza en taninos de esta planta, por lo que era cultivado ampliamente. De hecho, en la familia Anacardiáceas son frecuentes las especies ricas en taninos. Éstos le dan carácter astringente a esta planta, por lo que ha sido muy utilizada en medicina popular para detener todo tipo de flujos como diarreas y hemorragias. Incluso como anitescorbútica. Lo que ocurre es que hay que ser muy prudentes en las dosis pues puede producir intoxicaciones.

Barracuda la ha encontrado en la provincia de Zaragoza en: Nombrevilla, Daroca y Sestrica. De esta localidad es el ejemplar de la fotografía.

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NOMBREVILLA (II): EL CARRASCAL

5th junio 2006 | Bosques,Etnografía,Flora,Paisajes,[NOMBREVILLA]

Valmayor

El carrascal de Nombrevilla (Zaragoza) en verano

Uno de los elementos paisajísticos y culturales más notables de Nombrevilla es su encinar: el carrascal, como lo denominan los nombrevillenses. Oficialmente se conoce como Dehesa de Valmayor.

Es de reducidas dimensiones y todavía se emplea para sacar leña. En invierno se reparten las “suertes” y la gente sube a “hacer leña”. Pertenece a una sociedad de vecinos que adquirieron el monte en 1909 tras un curioso contratiempo, según cuentan los más viejos, pues la persona -el “amo” del pueblo- a la que encargaron la compra y a la que dieron el dinero para la transacción, compró y registró el monte a su nombre e inmediatamente lo vendió a un terrateniente de Daroca. Cuando esto trascendió, los vecinos armaron tal trifulca que lograron revertir la operación.

El carrascal se asienta sobre unas lomas cuarcíticas con arcillas rojas que vierten a la rambla de San Julián. Las encinas o carrascas (Quercus ballota) son árboles de bajo porte, casi arbustivas, muy ramificadas desde la base debido a la secular explotación. A pesar de que se asienta sobre un sustrato poco húmedo configura una isla verde con un microclima más suave que el del entorno.

Entre la flora del lugar se encuentra el acerollo (Sorbus domestica), estepa (Cistus laurifolius) y Halimium umbellatum. La fauna que se refugia en el encinar está compuesta por los jabalíes, conejos y aves como la paloma torcaz, el arrendajo y la curruca carrasqueña.

La leña de encina fue durante décadas el imprescindible combustible para calentar la casa y cocinar. Por ello el carrascal era un bien preciado. Las bellotas, convertidas en harina, se daban a los cerdos mezcladas con el ramón del olmo. También las personas se comían las bellotas asadas en épocas de escasez.

NOMBREVILLA

23rd mayo 2006 | Etnografía,[NOMBREVILLA]

familia Castillo

Familia Castillo-Jaime. 1947. Colección Soledad Castillo-Teófilo Blas

En el año 2002, con Carmelo Blas recorrí varios pueblos del Campo de Romanos (Zaragoza) recopilando fotografías antiguas de la comarca para crear una base de fotos digitalizada con el apoyo del Departamento de Cultura del Gobierno de Aragón y que luego se publicaron en el librito reseñado más abajo.

Traigo ésta de Nombrevilla porque es la localidad a la que me siento más vinculado y porque resume bien la sensación que me quedó tras conocer y escuchar los emotivos relatos de los propietarios de los cientos de fotos que fueron digitalizadas, mientras documentábamos cada una de ellas.

Y esa sensación es la de una época en la que se vivía con gran austeridad, con escasez, y superar cada día costaba un tremendo esfuerzo físico. Cuerpos enjutos, rostros flacos y tostados por el sol, ropas remendadas una y otra vez dejan constancia de ese permanente esfuerzo físico y austeridad. Una época eminentemente rural y agrícola, en la que la faena al aire libre, de sol a sol, era constante y en la que los niños se iniciaban en el trabajo desde muy jóvenes. Una época con un sistema social profundamente injusto en la que la figura de “el amo” era constante en cada pueblo.

DOMÍNGUEZ, J. A. y BLAS, C. (2002) Campo de Romanos. Fotografías del recuerdo.

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