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¿DEPORTES DE NATURALEZA O CONTRA ELLA? (y II)

6th febrero 2019 | Atentados ecológicos,Estepas,Montañas,Política y Sociedad,Sostenibilidad

cintas en arbolado

Cinta de balizar de FAM en arbolado. El Moncayo. Zaragoza. Julio, 2018

Residuos y emisiones

Un efecto común a todas las actividades es la acumulación de residuos. Bien sean inertes como bolsas, latas y botellas, piezas de equipamiento; bien orgánicos como restos de alimentos y heces; o bien otras sustancias químicas, tanto lociones y cremas corporales como jabones y detergentes y, en caso extremo, sustancias tóxicas y no degradables como combustibles y grasas lubricantes de vehículos (desde bicis a 4×4) que vadean cursos de agua o se vierten al medio en caso de accidente.

cintas abandonadas

Erosión y cintas balizadoras en Nombrevilla, Zaragoza. Marzo, 2018

Los residuos disminuyen la calidad paisajística. Entre ellos cabe señalar las innumerables cintas plásticas y pintadas que quedan abandonadas tras las pruebas deportivas en el monte. Por su parte, cuerdas, botellas y otros envases provocan la mortalidad de la fauna que queda enredada o atrapada en su interior como insectos, reptiles y micromamíferos, atraídos por los aromas y azúcares de los restos de bebida. Residuos de comida, orina y heces provocan la nitrogenación del suelo, modifican las propiedades de éste y desaparecen las plantas locales propias del territorio, que son sustituidas por especies nitrófilas más comunes y menos exigentes, perdiéndose biodiversidad.

La contaminación de las aguas provoca el cambio de los parámetros físico-químicos del agua con lo que ésta pierde calidad afectando negativamente a la fauna acuática, tanto a ejemplares adultos como a sus fases larvarias: peces, moluscos, anfibios, insectos acuáticos… si la contaminación es persistente o las sustancias son muy tóxicas se llega a producir la desaparición total de la fauna acuática en todo un tramo fluvial.

No menos impactantes son las emisiones a la atmósfera de gases de combustión cuando las actividades se hacen en vehículos a motor. Así mismo, la emisión de ruidos y gritos alteran la tranquilidad que muchas especies necesitan. Derivados de los residuos abandonados o por conductas inapropiadas se producen los incendios forestales, cuyas desastrosas consecuencias son suficientemente conocidas.

Suelos

El suelo sufre la presión de la estancia o paso de personas (participantes, público) y vehículos, los cuales ocasionan la compactación del mismo, impidiendo su aireación y oxigenación, y disminuyendo la capacidad de infiltración del agua, con lo que aumenta la escorrentía y se aceleran los procesos erosivos de acarcavamiento, con el consiguiente arrastre y pérdida de humus y empobrecimiento o desaparición de la biota edáfica.

Los perjuicios son muy graves en ambientes de lenta regeneración. Como los suelos áridos, dada la dificultad de crecimiento vegetal y la meteorología extrema de nuestra región, con fuertes vientos que arrastran el polvo o tormentas que aceleran la erosión. Igualmente son vulnerables las paredes rocosas por la colocación de anclajes mecánicos o químicos los cuales causan fragmentación de la roca y aceleran los procesos de meteorización y descomposición de la misma. Altamente sensibles son también algunos ambientes de alta montaña como las turberas, donde unos pocos milímetros de sustrato tardan décadas en formarse, o los ibones, donde las frías aguas enlentecen notablemente los procesos biológicos y las larvas de anfibios necesitan varios veranos para completar la metamorfosis.

Daños en la vegetación

Los daños en la cubierta vegetal son el impacto más notorio y visible. El paso continuado de senderistas, caballos, bicicletas, motos o vehículos de cuatro ruedas aplasta y destruye la vegetación por abrasión y el suelo queda desnudo, originándose incipientes surcos. Es el principio de la acción erosiva que ampliarán el viento y el agua, incrementando la profundidad y anchura de los surcos. Este fenómeno se multiplica cuando senderistas o vehículos salen del camino principal y crean atajos, conducta habitual contraria a una de las principales recomendaciones de los manuales de buenas prácticas.

aglomeración de montañeros

Aglomeración en una vía ferrata del Pirineo. Huesca. Julio, 2018

En otras ocasiones se produce la eliminación directa e intencionada de vegetación porque ocasiona molestias. Así sucede al abrir senderos para BTT, equipar vías de escalada (Moreno Moya, 2016) o de descenso de barrancos. Especialmente sufren las plantas rupícolas, algunas de ellas endémicas. El uso posterior de las vías produce la rotura de ramas, desgarros y heridas en la corteza de arbustos y árboles por usarlos como puntos de anclaje o simplemente por el roce continuado de los usuarios. También sufre la vegetación por atar y luego arrancar de las ramas las cintas y las bandas señalizadoras de recorridos. Estos daños perjudican a las plantas ya que las debilitan o son la puerta de entrada de infecciones.

Frente a la destrucción y desaparición de la vegetación, siempre aparentes, se pueden dar procesos menos perceptibles como es el cambio de la composición florística de un territorio por la modificación de las condiciones ambientales, bien sea por la alteración de las propiedades del suelo, la introducción de especies exóticas o por cambios en la comunidad de animales herbívoros y/o polinizadores, llegándose a la extinción local de alguna especie propia del territorio.

Incluso actividades tan supuestamente respetuosas como la fotografía pueden llevar a arruinar un enclave cuando la concentración de aficionados por retratar alguna codiciada planta por su singularidad o belleza, aplasta y modifica el hábitat donde vive aquélla.

Molestias a la fauna

Impactos comunes a cualquier actividad son las molestias y expulsión de la fauna del escenario de la actividad. La sola presencia humana fuerza a los animales a alejarse o esconderse, obligándoles a suspender sus actividades normales y huir a ocupar espacios marginales menos favorables, lo que les expone a mayores riesgos (depredación, inclemencias, disparos, atropellos) y mayor consumo energético para sobrevivir. Este fenómeno se agrava en espacios reducidos (cuevas, barrancos, arroyos) o en momentos críticos como la época de reproducción, la oscuridad de la noche, o por la emisión añadida de ruidos, voces o luces.

Una de las práctica más controvertidas sigue siendo la escalada en paredes donde habitan aves rupícolas amenazadas (alimoches, halcones, buitres y quebrantahuesos…) ya que la presencia de escaladores ahuyenta a los adultos que incuban o protegen a huevos y pollos, que llegan a morir de frío o inanición o bien provoca el salto al vacío de los pollos, espantados por la cercanía humana. Incluso, sin abandonar el nido, se ha constatado que la simple presencia humana a distancias considerables disminuye el éxito reproductor de las rapaces rupícolas.

También hay que mencionar la mortalidad de fauna por atropello (los reptiles y anfibios son los más afectados) en pistas y senderos o por la manipulación y captura de animales por el afán de sostener o fotografiar un espécimen salvaje. Pero no sólo hay que tener en cuenta las molestias fuera de la época de cría. Los animales necesitan descansar y alimentarse, especialmente al final del verano y otoño, para acumular reservas frente a la migración o para invernar. Escalar o sobrevolar paredes donde reposan las rapaces o abrir senderos para BTT o para travesía con raquetas en una zona boscosa es perjudicial tanto para los escasos urogallos como los comunes jabalíes y corzos porque supone empujarlos a lugares más expuestos.

moteros

Motos de trial por los yesos de El Castellar

Estas molestias tienen efectos indeseables muy sutiles, como son los cambios en la conducta de los animales. Algunas especies han modificado sus hábitos diurnos y se han vuelto crepusculares o nocturnas obligadas por la continuada presencia humana en sus territorios. Ello les perjudica ya que tienen menos oportunidades de acceder al alimento y son más vulnerables a los depredadores. Por otra parte, el abandono de restos de comida atrae a carroñeros y oportunistas (zorros, córvidos), que proliferan en exceso y luego depredan sobre especies más vulnerables. Se altera así la composición de las comunidades faunísticas.

Al remover el suelo o desplazar piedras y troncos en tierra firme para acampar o vivaquear se priva a los animales que viven bajo ellos de protección frente a la insolación o los depredadores. Desplazar las piedras -con la consiguiente movilización del fango- de un arroyo para vadearlo o crear un remanso donde refrescarse no sólo priva a los animales de refugio sino que da al traste con las puestas de peces o anfibios.

En una época en la que el transporte permite el trasiego de personas y materiales a grandes distancias en breve tiempo, el turismo es un factor de expansión de especies invasoras y agentes patógenos. Semillas de plantas, insectos y huevos o larvas de algunos invertebrados exóticos pueden ir en ropa, calzado o equipo deportivo y pasar en pocas horas de un río a otro, de un embalse del Somontano a un ibón de alta montaña; o de Madrid a Benasque. Así por ejemplo es fácil propagar el mejillón cebra entre distantes masas de agua. También es especialmente preocupante la expansión en el medio acuático del hongo Batrachochytrium dendrobatidis que afecta a los anfibios con mortalidades superiores al 90%.

moteros

Erosión por BTT en barranco Las Almunias. Zaragoza

Conflictos de uso

Por otra parte hay que resaltar que determinadas conductas perjudican al resto de usuarios. El griterío habitual de los grupos, el avasallamiento de los que van en vehículos o los ruidos de motos y quads impiden a usuarios más respetuosos el disfrute del silencio o los sonidos de la naturaleza o ahuyentan a la fauna que han ido a observar. Por no hablar de los residuos orgánicos y de las heces abandonadas incluso en zonas de paso o estancia, que no sólo delatan una absoluta falta de respeto sino que suponen una fuente de contaminación bacteriana (Palomo, 2017). Este tipo de conductas expulsan a usuarios exigentes que buscan calidad en paisaje, flora y fauna.

Regular, prohibir… renunciar

Hasta aquí se han repasado las consecuencias de la explotación a que está sometido el medio ambiente por unas actividades deportivas y de ocio que deberían otorgar un trato exquisito a esa naturaleza de la que toman el nombre. Ahora que se habla tanto de poner en valor los recursos naturales, es decir, rentabilizar económicamente la naturaleza, hay que incidir que la suma de impactos implica una pérdida del capital natural que hipoteca el desarrollo futuro.

Los conflictos entre conservación y prácticas deportivas vienen de lejos y se prevé crezcan junto con la expansión y evolución de aquéllas y la masificación de los participantes. Por ello es ineludible la regulación de las mismas, lo que implica un control desde las administraciones competentes, no siempre fácil en un territorio amplio como el aragonés y la habitual escasez de recursos humanos y materiales. A pesar de que la falta de planificación y la lentitud en adoptar regulaciones son una constante de los poderes públicos (Pérez y de Pedro, 2007), son imprescindibles una normativa legal clara y una actuación rigurosa de las autoridades, responsables de preservar el patrimonio común.

El verano pasado las autoridades desmontaron una highline (sirga de nylon para andar en equilibrio) que cruzaba el barranco de Mascún -peligrosísima para aves y para el helicóptero de rescate- y sorprendieron a un individuo navegando en kitesurf (tabla arrastrada por cometa) en el ibón de Plan. Ejemplos ambos de cómo algunos actúan al margen de cualquier norma, e incurrir en la más absoluta ilegalidad. En el lado opuesto, y a raíz del suceso de Plan, los científicos recordaron la presión humana que sufren los ibones pirenaicos ante la falta de regulación con el acceso masivo de visitantes y su uso para baño con todo tipo de artefactos, y llamaron la atención ante el fenómeno de banalización del paisaje.

Pero la regulación es problemática porque hay que vencer muchas resistencias. Así, sólo tras numerosas denuncias de las organizaciones ecologistas, el Gobierno de Aragón se avino a consensuar y publicar en 2016 una orden que regula la escalada (1500 vías, de las que el 80% carecían de autorización) en el Parque Natural de la Sierra de Guara dado el gran crecimiento que había experimentado la práctica de la escalada deportiva, mucho más intensiva y agresiva que la clásica, y que se declararan al menos unas zonas de tranquilidad donde no se permiten estas prácticas.

escalada

Escalada en Morata de Jalón

Menos afortunada ha sido la rana pirenaica cuyo obligado plan de conservación fue retirado a finales de 2016 por el consejero responsable de medio ambiente cuando estaba a exposición pública, ante las críticas de la Asociación de Turismo Deportivo de Aragón y algunos ayuntamientos y Diputación de Huesca.

A vece se olvida que los espacios naturales se protegen para preservar los procesos ecológicos. Ya que no han sido afectados por la urbanización o la industrialización, no deben convertirse en estadios ni parques temáticos. Cuando el propio Jefe del Estado S. M. el Rey Don Felipe VI recordó este verano, en el centenario del PN de Ordesa, que los espacios naturales están amenazados por el cambio climático, las especies invasoras y el aumento de turistas, es que, realmente, éstos son un problema.

Por otra parte aunque muchas actividades se publicitan como sostenibles o ecológicas, en estos momentos no existe un certificado que acredite que una empresa o actividad de naturaleza es sostenible y respetuosa con el entorno. No obstante ya hay sectores deportivos concienciados que no sólo proponen regular o prohibir sino renunciar a escalar, ascender o transitar determinados lugares (Escribano, 2017). Pero esto se merece un capítulo aparte.

BIBLIOGRAFÍA

+ Escribano, A. 2017. Reflexiones: ¿Prohibición o regulación? Luces de Montaña. Montaña y sostenibilidad. En: http://lucesdemontana.org
+ Luque Valle, P. et al. 2012. Los efectos ambientales de las actividades físicas en el medio natural existen. II Congreso de la Asociación Española de Ciencias del Deporte. INEF-Madrid.
+ Martínez Agraz, A. et al. 2005. Los recursos naturales como factor de desarrollo. Primeras Jornadas sobre Turismo Sostenible en Aragón. Zaragoza. En: http://www.aragon.es
+ Moreno Moya, M. 2016. Escalando en un hábitat sensible. Luces de Montaña. Montaña y sostenibilidad. En: http://lucesdemontana.org
+ Palomo, I. 2017. Cómo cagar en el monte: revisión de la literatura científica. Luces de Montaña. Montaña y sostenibilidad. En: http://lucesdemontana.org
+ Pérez y de Pedro, P. 2007. El impacto de los deportes en el medio natural y su repercusión socioeconómica. En: http://munideporte.com.

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