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Gyps fulvus

3rd enero 2006 | Aves,Fauna,Ganadería

Buitre leonado

El buitre leonado (Gyps fulvus) es una rapaz carroñera que aprovecha un recurso trófico muy determinado como son los cadáveres de medianos o grandes animales. Su constitución y conducta están orientadas a buscar y consumir ese recurso que se presenta de forma azarosa tanto en el tiempo como en el espacio. Por ello debe estar dotado, primero, de un sistema de vuelo que le permita prospectar amplios territorios con el mínimo esfuerzo y, segundo, de herramientas para acceder al interior de los cadáveres, que están protegidos por duros pellejos.

Morfología

En primer lugar es un ave de gran envergadura (hasta 290cm las hembras, siempre más grandes que los machos): posee largas alas y también anchas, que le proporcionan una gran superficie de sustentación lo que le permite aprovechar las corrientes térmicas ascendentes para remontar y tomar altura y luego planear para desplazarse a grandes distancias. Cuando está en el aire aletea de forma esporádica y lo hace lentamente.

Está dotado de un poderoso pico con el que puede desgarrar la piel de ovejas y vacas. Su cuello carece de plumas –sólo está cubierto de un ligero plumón- lo que le permite introducir con facilidad la cabeza en interior de los cadáveres y consumir sus vísceras. El color general del plumaje en los adultos es marrón rojizo o leonado, de ahí su nombre común. Una gorguera de plumas en el cuello es otro rasgo típico de este buitre.

Comportamiento

Es una especie de conducta gregaria, lo cual se hace patente a la hora de la nidificación y de la alimentación. Cría colonialmente en buitreras instaladas en paredes rocosas que pueden tener de unos pocos a decenas de nidos. Éstos están colocados en repisas o pequeñas cavidades y son sencillas plataformas de palos. La puesta consta de un huevo que es puesto a finales de enero o a lo largo de febrero. La incubación dura unos cincuenta días.

La colaboración entre los individuos y una buena visión es lo que les permite encontrar el alimento, según los expertos. Cuando el sol calienta la mañana, los buitres se lanzan a la búsqueda de alimento desde sus dormideros, dispersándose por un amplio territorio. Planean desde la altura, mientras se cree que mantienen contacto visual entre sí, buscando en el suelo algún indicio que delate la presencia de carroña.

Será el movimiento de algunas aves en el suelo lo que les pondrá en guardia, como es el ir y venir de córvidos -urracas, cornejas, grajillas o cuervos- o de algún pequeño buitre como el alimoche, en torno a un cadáver, ya que estas aves son las primeras en hallar ese tipo de restos y se mueven alrededor de los mismos esperando que llegue un carroñero con suficiente fuerza que abra los cadáveres. Si entonces un buitre se deja caer sobre la comida, el resto de compañeros captan su descenso y le siguen, provocando así la afluencia de los buitres que permanecían lejanos.

En pocos minutos se pueden reunir varias decenas de ejemplares en torno a la pitanza, que dan cuenta rápidamente del cadáver tras aparatosas disputas entre gruñidos, aletazos y picotazos. Cuando al final del festín sólo quedan huesos y pellejos y los buitres se retiran, es la hora del alimoche y de los córvidos, que acceden a las piltrafas de tejidos que han quedado desperdigas por el suelo o adheridas a los huesos. Los buitres y demás necrófagos cumplen así la impagable misión de reciclar la materia orgánica, limpiando el campo de carroñas.

Amenazas

En tiempos prehistóricos serían los grandes ungulados salvajes los que nutrieran de forma natural a estas aves, pero con su desaparición y el desarrollo de la ganadería, los buitres han vivido tradicionalmente de las vacas, caballerías, ovejas y, más recientemente, de los cerdos que, bien se abandonaban en el campo o bien se depositaban en los muladares. Actualmente, con la aplicación de la normativa sanitaria en Aragón que obliga a la retirada controlada de los animales muertos en granjas y con el cierre progresivo de los muladares, se abre un interrogante sobre el futuro de las aves carroñeras como también ocurre con el milano real y el alimoche.

Otro de los factores que inciden negativamente sobre la población de buitre leonado es la alta mortalidad que ocasionan los parques eólicos, pudiéndose contar por decenas las bajas anuales en Aragón. Algunos parques como los instalados en Tardienta (Huesca), Pedrola y Rueda de Jalón (Zaragoza), son especialmente mortíferos.

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