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ENERO EN ARAGÓN

2nd enero 2006 | Atmósfera,Fenología

yemas de almendro

Yemas florales de almendro. Monzalbarba (Zaragoza). Enero

Enero toma el nombre del latín ianuarius, mes dedicado a Jano, un dios que tenía dos caras. Enero es el prototipo de mes invernal. A pesar de que aumentan las horas de luz, la atmósfera se encuentra tan fría que este mes suele dar la temperatura media más baja del año. Pues bien, aún con el frío, numerosas especies han iniciado o toman posiciones para iniciar los procesos reproductores.

Desde el punto de vista astronómico el mes de enero se caracteriza porque percibimos claramente el aumento del periodo de luz diurna y la reducción de la noche, así como la progresiva elevación del sol sobre el horizonte en su diario recorrido.

Desde el punto de vista meteorológico enero es el mes típicamente invernal. Este mes es el que ostenta la temperatura media mensual más baja en las series de temperaturas. También es en enero, e incluso febrero, cuando es habitual registrar las temperaturas mínimas más extremas, aunque este año será difícil superar los fríos de diciembre pasado.

La explicación de las fuertes heladas nocturnas es la irradiación o pérdida nocturna del calor del suelo en las noches despejadas. Aunque el sol se va elevando y aumenta su permanencia sobre el horizonte, las noches son muy largas y se produce la pérdida del poco calor que el suelo ha acumulado durante el día.

Como curiosidad hay que recordar que aunque estamos en la época más fría del año, nuestro planeta se halla más cercano al sol que en verano. De hecho, el perigeo o máximo acercamiento al sol sucedió el pasado 2 de enero y estuvimos a 147.098.100 km de nuestra estrella. La poca energía que nos llega de nuestra estrella no es otra que la oblicuidad con la que los rayos solares inciden en la superficie.

Enero tiene, además, fama de poseer un cielo claro y una atmósfera despejada. Ello es gracias al viento que la limpia. Suele ser viento de componente norte o noroeste, que aumenta la sensación térmica de frío. En el Pirineo el viento del norte es el viento de puerto, que suele durar poco (Aire de puerto, als tres días muerto). A los vientos del norte la topografía los convierte en cierzo en el Valle del Ebro, que da fama al patrón zaragozano: San Valero, ventolero.

A pesar de ser un mes poco propicio la naturaleza sigue su curso. Las plantas más tempraneras ya muestran sus yemas florales, algunas incluso florecen, como ocurre con fresnos y avellanos. Hay que recordar que en la montaña, en esta época, tienen lugar los partos de las osas. Recluidas en sus guaridas dan a luz a los oseznos, a los que amamantarán gracias a las reservas corporales de la madre. Otros sufridos progenitores son los quebrantahuesos, que en los cantiles azotados por el viento permanecen echados en el nido incubando la puesta. Otras grandes rapaces inician ahora su época de celo. Como los buitres leonados, que realizan sus vuelos nupciales. O como el búho real, al que se puede oír ulular por la noche defendiendo su territorio.

Fauna

Las olas de frío de semanas pasadas han obligado a numerosas aves del norte y del centro de Europa a emigrar al sur, así que tenemos numerosos visitantes, especialmente en charcas, lagunas y embalses. Proponemos este mes observar los bandos de patos y gansos, y a otras aves bien diferentes, como los cormoranes, pero también habituales en estos lugares.

Para distinguirlos podemos fijarnos en sus siluetas. Los patos presentan un tamaño de mediano a pequeño, dado que hay numerosas especies, y presentan coloridos generalmente contrastados; los gansos o ánsares, conocidos en Aragón como “aucas” son de mayor tamaño y de coloración grisácea, apagada. Por otra parte hay que destacar la creciente presencia en ríos y embalses de los cormoranes. Se trata de aves pescadoras, de perfil característico, que no flotan totalmente en el agua y a las que se puede observar secando su plumaje ya que éste no es impermeable como el de patos y gansos.

Flora

A pesar de las crudas jornadas que se suceden, algunas plantas se preparan para la reproducción. Este mes podemos fijarnos en las especies que florecen más prematuramente en nuestras montañas, como por ejemplo el avellano y el heléboro fétido.

El avellano es un arbolillo de hoja caduca, propio de valles frescos y bordes de prados. Produce dos tipos de flores. Las masculinas son muy numerosas y van agrupadas en amentos colgantes en las puntas de las ramillas. Las femeninas, menos notables, van situadas en glomérulos laterales en los que podemos distinguir los estigmas rojizos que sobresalen.

El heléboro fétido es una mata herbácea, perenne, propia de claros de bosque que también la podemos localizar en cunetas y campos abandonados. Es una planta tóxica, maloliente, denominada hierba de las brujas o tetas de bruja. Se caracteriza por sus hojas divididas y flores poco llamativas, de color verdoso.

Refranes

Enero tiene fama de ser un mes gélido y frío Enero claro y heladero, preludio de buen año agrícola. Si el mes viene cálido y adelanta la cosecha, ésta se verá perjudicada: Enero veranero, ni paja en pajar ni grano en granero. Otros refranes son contradictorios, como los referidos a las lluvias: “Si en enero oyes tronar, apuntala el granero y ensancha el pajar” y “Año ruin cuando llueve mucho en enero y nieva en abril”. Por ello hay que decir que los refranes referidos a la fenología y al tiempo meteorológico tienen más valor etnológico que científico.

El sol de enero empieza a elevarse sobre el horizonte y llega a molestar si la atmósfera está limpia: “No estés al sol sin sombrero, ni agosto ni enero”. La mayor duración del día también reactiva a los animales domésticos: “Enero, gatos en celo”, o bien: “Por San Antón (17), gallinita pon”, indicando cómo las gallinas reanudan la puesta. A otros se les pasa, en cambio, su momento: “En enero, pierde el ajero”, porque ya es tarde para plantarlos.

Mirar al cielo

Dicen los aficionados a la astronomía que las noches de enero son las más claras y diáfanas para observar el firmamento. Esta vez proponemos observar las constelaciones circumpolares más notables y fácilmente identificables como Casiopea, la Osa Mayor y la Osa Menor, que contiene la estrella Polar. La Polar se halla situada aproximadamente en el polo norte celeste, en la prolongación del eje de la tierra y por tanto en la perpendicular del polo norte terrestre. Es por ello que no gira por el cielo cada noche como el resto de estrellas y constelaciones y nos sirve de orientación. No obstante es una estrella mediocre y puede no verse bien en los cielos urbanos. Como curiosidad hay que recordar que, dado que el eje terrestre tiene un lento desplazamiento o balanceo (precesión) en ciclos de 26000 años, no siempre el polo norte celeste ha coincidido con la estrella Polar. Para los árabes, hace mil años, el polo norte celeste lo señalaba Kochab.

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