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NATURALISMO (IV): OBSERVAR PLANTAS

19th agosto 2006 | Flora,Naturalismo

observar plantas

La Botánica estudia las plantas

OBSERVAR LAS PLANTAS

Al observador que pasea por el monte le llaman la atención los árboles o arbustos que forman el paisaje y las flores de formas, tamaños y colores diferentes que encuentra a su paso. Y le surge el irrefrenable deseo de conocer el nombre y características de cada flor, de cada planta. Pues bien, uno de los campos más amplios y apasionantes para el naturalista es el de la Botánica: la observación y estudio de las plantas.

Desde los solares y alcorques del pueblo o la ciudad, hasta los prados de la alta montaña, las plantas forman parte del paisaje y nos hablan del clima y del suelo o la historia de un lugar, por lo que conocerlas, nos ayuda a conocer también las características de ese lugar.

El reino de la Plantas está constituido por dos grupos de plantas. Uno, el de las plantas más primitivas, como los musgos y hepáticas (las Briofitas) que por su pequeño tamaño y características especiales son estudiadas por especialistas. El otro grupo es el de las plantas vasculares, que tienen vasos conductores y tejidos de sostén y, por su mayor tamaño y órganos diferenciados, son asequibles al aficionado. En este grupo están los equisetos y helechos (Pteridofitas) y las plantas con flores y semillas (Espermatofitas).

El mundo de la botánica es muy amplio, por lo que el aficionado que se inicia debe empezar de forma gradual, primero a observar las plantas. Dibujarlas y fotografiarlas es un buen sistema para habituarse con formas, colores y texturas. Podrá comprobar que hay rasgos que se repiten en algunas de ellas, y ello le llevará reconocer pronto las diversas familias.

Una de las formas de comenzar en este mundo es hacerlo estudiando los árboles y los arbustos. Tienen órganos de cierto tamaño y no es necesario llegar a determinarlos mediante las flores y frutos porque puede hacerse mediante la forma y disposición de las hojas, por la textura de la corteza o por la presencia de otros órganos como espinas, pelitos, etc. La lupa, en estos casos, es una de las herramientas imprescindibles para el aficionado a la botánica.

Guías de plantas

Para la determinación de una planta es necesario echar mano de los libros: guías de campo, catálogos y claves de identificación. Las hay en el mercado de diferente amplitud: específicas de una localidad o comarca, centradas en las especies locales o, más generales, que abarcan la península.

observar plantas

Las guías con ilustraciones permiten identificar las plantas visualmente

Las guías de campo son inventarios de las especies con fotografías (hojas, flores, frutos…) y una descripción de cada una de las especies, generalmente organizadas éstas por familias. Incorporan alguna clave de identificación sencilla e intuitiva, por lo que permiten determinar una planta bien visualmente, bien mediante la clave.

Los catálogos y atlas de flora son también inventarios de las especies de una región, agrupadas por familias, que hacen énfasis en la distribución de las plantas.

Las claves de identificación son publicaciones en las que se recoge la flora de una región pero cuyo objetivo es la mera determinación de las especies. En una clave, el autor plantea al usuario una elección dicotómica (2 opciones) de forma sucesiva para guiarlo hasta la especie objeto de estudio. Generalmente requiere cierto nivel de vocabulario y disponer de flores y frutos de la planta a estudiar, lo cual no es posible en determinadas épocas.

Un aficionado, para estar seguro de haber hecho una buena determinación debe contrastar la información en varias de estas guías o claves.

Los nombres de las plantas

Las plantas que son comunes reciben numerosos nombres populares. A veces una especie puede recibir diferentes nombres en comarcas o regiones contiguas. Por ejemplo, el almez se llama en Aragón, latonero, litonero o lledoner. Viceversa, un mismo nombre popular se asigna a varias plantas diferentes. Por otra parte, muchas especies pasan desapercibidas y no poseen nombre común. Para evitar estos problemas los científicos utilizan una denominación sistemática, científica, internacional, que propuso el naturalista Linneo en el siglo XVIII. Básicamente la norma es que cada especie descubierta ha de ser bautizada con dos términos latinizados. El primero hace referencia al grupo género y se escribe con la inicial mayúscula; el segundo a la especie y se escribe con minúsculas. Así, el pino carrasco es Pinus halepensis y el pino piñonero es Pinus pinea. La norma se aplica a todos los seres vivos, por eso el ser humano es Homo sapiens y la bacteria de la úlcera de estómago es Helicobacter pylori. En los textos, los nombres científicos se escriben en cursiva.

El aficionado a la botánica debe ir familiarizándose con los nombres científicos de las plantas para manejarlos con soltura, evitar confusiones y comunicarse con rigor y exactitud.

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Comentar este post (1 comentario)



  • 1. Jolube  |  agosto 24th, 2009 a las 3:12 pm Usa el Saltamontes para subir

    El motivo de este mensaje es presentarte el libro Guía imprescindible de las flores del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido que acabo de editar.

    Tienes más información sobre el libro en mi web http://www.jolube.es

    Enhorabuena por blog.


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