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OCTUBRE EN ARAGÓN

1st octubre 2006 | Fenología

Cydonia oblonga

Membrillero con frutos. Zaragoza. Octubre, 2006

En octubre el otoño meteorológico se hace presente en el ambiente en toda su dimensión. Descienden las temperaturas, frutos multicolores adornan huertas y bosques; los árboles de hoja caduca mudan de color y nos visitan las aves invernantes.

Octubre toma el nombre del mes octavo del calendario romano. Es un mes de cambios notables, tanto en la meteorología como en el paisaje vegetal. La atmósfera sufre un enfriamiento generalizado, llegan las lluvias, las noches se alargan notablemente, en los árboles de hoja la clorofila se destruye y otros pigmentos colorean las hojas antes de caer.

El descenso de las horas de insolación y las lluvias permiten una mayor humedad ambiental que produce el rebrote de plantas herbáceas, lo que ocasiona el reverdecimiento pasajero del campo. Mientras las temperaturas no son excesivamente frías, la humedad facilita la acción de los organismos descomponedores que degradan la materia orgánica. Es el tiempo de los hongos, que fructifican en las conocidas setas, algunas de cuyas especies son muy buscadas hasta que llegan las primeras heladas. La importancia de los descomponedores es trascendental pues son los encargados de reincorporar, de nuevo, a las cadenas alimentarias, los nutrientes que hay en la hojarasca, tocones, cadáveres y excrementos. Y en esa tarea intervienen desde gusanos del suelo e insectos hasta hongos y bacterias.

El frío hace que los árboles y arbustos caducifolios tomen colores inusitados: rojos, dorados, ocres antes de desprenderse de sus hojas. El cambio sucede porque la clorofila verde es degradada y aparecen otros pigmentos que dan esos colores efímeros a los bosques. El nuevo aspecto de la vegetación es el mejor indicador de la nueva estación. Los cambios se producen primeramente en las montañas, para ir descendiendo hacia el centro del valle del Ebro.

También el frío modifica las costumbres de la fauna. Las últimas aves estivales marchan hacia el sur y nos llegan visitantes invernales. Los bandos de grullas que vienen desde el norte de Europa hacia Gallocanta constituyen otro de los fenómenos más típicos del otoño.

No obstante, mientras muchos animales se disponen a invernar escondiéndose en sus madrigueras y los árboles se preparan para su descanso invernal, algunas especies se disponen a reproducirse. En la depresión del Ebro los sisallos florecen en ribazos y cunetas, que adquieren delicados tonos rosados o blanquecinos. Y, en los bosques, resuena la berrea de los ciervos, ritual que desarrollan los machos defendiendo los grupos de hembras, mediante bramidos, persecuciones y topetazos.

También octubre marca el inicio del ciclo agrícola, ya que es momento en el que tradicionalmente se realizaba la siembra del cereal, bien reflejado por el refranero. Es también el momento en el que los rebaños trashumantes abandonan la montaña dirigiéndose a las zonas bajas. Y es el momento de la recogida del azafrán, tan valioso en tiempos.

Refranes

Otoñada segura, san Francisco (día 4) la procura
En octubre, el hogar de leña cubre
En octubre, toma los bueyes y cubre
Por el Pilar, el tiempo empieza a cambiar
Por San Lucas (18), el azafrán a pellucas
En octubre no molesta la lumbre
Por san Simón (28), níspero a su razón
Por san Galo (16), la vaca al establo

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Comentar este post (1 comentario)



  • 1. Jose Miguel  |  octubre 7th, 2006 a las 9:45 am Usa el Saltamontes para subir

    Hola, ¿Sabes si aún bajan las “as güellas” o sea las ovejas desde la parte de Fanlo hasta los montes de Zaragoza?
    No se si todavía seguirán haciéndolo como se ve en algún reportaje del Monesma. Me acuerdo que hace cuatro años me encontré en Goriz a uno de los pastores que salen en ese video y allí estaba el abuelico tan pancho con las ovejas y dos perros, destacaba entre tanto montañero con sus buenas equipaciones de montaña y el con la boina, unas botas viejas y un palo largo a modo de callado donde apoyaba sus brazos cruzados.
    Al parecer las ovejas las bajaban de Góriz para el Pilar, ante ya habían bajado las cabras en septiembre, ya que eran un poco más frioleras, se juntaban todas en el monte común donde estaban dos o tres semanas y para Todos los Santos emprendían el viaje a tierras bajas.
    Hay un libro muy bueno escrito por uno de los últimos pastores de Ordesa que os recomiendo ya que su lectura es muy amena y se aprende mucho de la vida de estas personas, se titula “Cómo eran y vivían los pastores del Pirineo” y está escrito por Luis Buisán Villacampa de la editorial Pirineo.


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