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FRENAR NUESTRO RITMO, PARA SENTIR AL PLANETA

5th febrero 2007 | Contaminación,Economía,Sostenibilidad

Si aún tiene duda sobre las intenciones del American Enterprise Institute (AEI), fundado por la compañía petrolera ExxonMobil, al ofrecer a científicos y economistas varios miles de euros para minar el informe sobre el cambio climático que la semana pasada desde París difundió la ONU, le sugiero la lectura del documento de William Kovarik: ETHYL. El conflicto medioambiental de los años 20 sobre la gasolina con plomo y los combustibles alternativos.

La decisión del uso de gasolina con plomo Ethil -uso comercial elegido para el aditivo tetraetilplomo (TEP), que incrementa la antidenotación (octanaje) de la gasolina, también nombre de la empresa constituida en 1924 por General Motors y Standard Oil de New Jersey (EXXON) para comercializar el TEP-, desde su origen ha estado sujeta a presiones, a pesar de conocerse sus riesgos y la existencia de la alternativa, el alcohol etílico, con un solo inconveniente, no se podía patentar. Información que fue silenciada durante décadas, de tal forma que cuando en la década de los setenta del siglo pasado se reabrió el debate sobre la utilización de gasolina con plomo, éste se inicio sin referencias a los años 20 cuando se silenció la muerte en octubre de 1924 de media docena de trabajadores, tras enloquecer debido a un misterioso veneno que se fabricaba en una refinería de EXXON: el TEP añadido a la gasolina. Durante ochenta años, el coste ambiental y salud publica de su uso han sido externalidades no asumidas por la empresa; los beneficios de comercializar el TEP, deduzca usted dónde han ido.

No estaría mal que leyera también el artículo de Jared Diamont: Los últimos americanos: colapsos ambientales y el fin de las civilizaciones, donde analiza el declive de la cultura Maya por la destrucción de los recursos medioambientales de los que dependía. Ante el problema, reyes y nobles prefirieron asegurar su propio enriquecimiento, pensando en corto plazo, en vez de adoptar medidas para sostener su civilización, pensando en largo plazo.

Podría observar el paisaje que le rodea e interpretar la herencia dejada por generaciones pasadas. En mi caso, en el territorio donde vivo, las extensas y descarnadas montañas del Maestrazgo, sufren la deforestación, probablemente por una utilización extrema de los recursos, cultivando y llevando ganado a pastar en áreas donde las condiciones climáticas, la escasez del suelo, la excesiva pendiente no marcaban esa vocación para esas tierras. Hoy, cuando la presión humana ha desaparecido por el éxodo rural, este paisaje no siempre es capaz de reponerse del daño sufrido. Algunos echamos en falta la existencia de bosques viejos, caídos por un abuso en el uso de los recursos del territorio; van a ser necesarias demasiadas generaciones humanas comprometidas con el medio ambiente para que las bellotas que hoy se plantan se conviertan en viejos robles.

El compromiso mundial con el medio ambiente debe ser asumido por todos. Algunos debemos replantearnos nuestros logros de bienestar, cuando éste va vinculado a una dependencia de uso y abuso de recursos, que ponen en peligro su renovación, ponen en peligro la salud del Planeta. Debemos posicionarnos en el lado de la humanidad, abandonando el regazo de quienes a cambio de dejarnos picotear el pastel, continúan su política de enriquecimiento personal, sin mirar en las consecuencias a medio y largo plazo sobre las generaciones venideras.

La sociedad precisa asumir nuevos hábitos si queremos salvar esta civilización y para ello precisa estar informada. En esta labor, divulgar textos como los citados, que la Universidad Nacional de Educación a Distancia ha incorporado en una Addenda a la asignatura Medio Ambiente y Sociedad de la carrera de Ciencias Ambientales, es una ayuda para que definamos Sostenibilidad.

Angel Marco Barea. Teruel

NOTA:
En Estados Unidos, al agregar plomo (un metal venenoso) a la gasolina y no el etanol o alcohol etílico, engañaron a la gente al denominarla “etilgasolina”, aprovechando que el compuesto metálico era el tetraetilo de plomo. Así nombrada, daba la impresión de que el aditivo era etílico (alcohol) y reducía la sospecha sobre sus efectos.

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  • 1. NEOMYS  |  febrero 6th, 2007 a las 8:41 am Usa el Saltamontes para subir

    Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen

    Sinopsis: Después de su libro ya clásico Armas, gérmenes y acero, Jared Diamond se pregunta en Colapso cómo unas sociedades han desaparecido sin apenas dejar huella de su evolución mientras que otras, adaptadas al medio y gracias a unas condiciones especiales de crecimiento, han alcanzado una próspera civilización material y cultural.

    A través de sus amplios conocimientos en sociología, economía, lingüística, biología o antropología, Diamond trata de explicar la desaparición de sociedades del pasado y se pregunta si podemos aprender la lección y evitar desastres parecidos en el futuro. El punto de partida es una rigurosa investigación de los casos de culturas que no han perdurado: historias trágicas como la de los mayas, la de la Isla de Pascua o la de los indios anasazi en Norteamérica; historias menos terribles como la de Islandia o de Japón, culturas que han sabido reaccionar con éxito a desafíos ambientales; historias también de vencedores y vencidos, como el caso de la República Dominicana y de Haití, dos pueblos que a pesar de compartir el mismo medioambiente han evolucionado de modos muy distintos, y finalmente historias aún abiertas como las de China o Australia, que están buscando soluciones innovadoras a sus desafíos ecológicos y sociales.

    ¿Qué lección podemos aprender del pasado? ¿Está nuestro futuro en peligro? Las respuestas que ofrece este libro no son catastróficas, pero al mismo tiempo nos advierten de la urgencia de tomar decisiones cuanto antes si queremos seguir admirando las ruinas de otros pueblos que nos han precedido.

    «En conjunto, Armas, gérmenes y acero y Colapso representan uno de los proyectos más importantes en los que se ha embarcado ningún intelectual de nuestra generación.» GREGG EASTERBROOK, The New York Time Book Review .

    ———-

    Las viejas ruinas de culturas desaparecidas, como las estatuas colosales de la isla de Pascua o los templos mayas invadidos por la selva, nos atraen por su halo de misterio y de melancolía. Jared Diamond demuestra que tienen además valiosas lecciones que transmitirnos: son testimonios mudos de antiguos fracasos ecológicos.

    Jared Diamond es hoy uno de los grandes escritores de divulgación científica. Su libro Armas, gérmenes y acero es uno de los estudios históricos más originales y sugerentes que yo haya leído en los últimos años. Y su nueva obra, Colapso, resulta fascinante, tanto por sus ejemplos de cómo la investigación científica ha descifrado los secretos de sociedades sin escritura desaparecidas hace siglos, como por su discusión de los problemas ecológicos a los que se enfrenta el mundo actual.

    La gran extensión de Colapso hace suponer que, a pesar de su interés, pocos serán quienes lo lean por entero, pero esto tampoco importa, porque su estructura permite leerlo a la carta. Eso sí, es importante no prescindir de algunos ingredientes. En primer lugar conviene escoger alguna de las sociedades del pasado que se extinguieron por completo, como la colonia noruega de Groenlandia, o sufrieron una fuerte caída demográfica, acompañada de la pérdida de los elementos más sobresalientes de su cultura. En estos colapsos intervinieron diferentes factores, pero en último término se trató siempre de catástrofes ecológicas provocadas por una gestión insostenible a largo plazo de los recursos naturales. Al respecto Diamond disecciona con especial maestría los casos, intensamente estudiados, de los polinesios, que levantaron los mohai de la isla de Pascua, y de los anasazi, que dejaron tras de sí en las áridas tierras de Nuevo México ruinas tan espectaculares como las de Pueblo Bonito.

    Igualmente instructivas son las historias de éxito, protagonizadas por sociedades que fueron capaces de preservar sus recursos naturales, como fue el caso de los agricultores de las tierras altas de Nueva Guinea, modélicos en su inteligente adaptación al medio, o de los gobernantes japoneses de la dinastía Tokugawa, cuya acertada gestión forestal salvó los bosques de su país. Tampoco conviene olvidar otros casos más recientes que Diamond analiza. Muy convincente resulta, a mi juicio, su demostración de que el masivo genocidio que tuvo lugar en Ruanda en 1994 estuvo relacionado con las dificultades creadas por la presión demográfica, sin que ello exima de responsabilidad a los criminales que lo impulsaron. Diamond, de hecho, nunca cae en el determinismo ecológico: para bien o para mal lo más importante son siempre las decisiones que toman los individuos y los grupos. Ello queda claro en su análisis de dos estados que comparten una misma isla, Haití y la República Dominicana. A Haití le perjudicaron su menor exposición a los vientos húmedos y las propias circunstancias de su nacimiento como estado, pero el marcado contraste entre ambas mitades de la isla debe también mucho a la gestión política de las últimas décadas. Y con ello nos encontramos ante un héroe inesperado, el presidente dominicano Joaquín Balaguer, criticable en muchos aspectos pero que contribuyó como nadie a salvar la riqueza forestal de la República.

    Así es que somos nosotros mismos los responsables de nuestro futuro y del de nuestros hijos. Como explica Diamond en su último capítulo, nos ha tocado vivir un momento muy singular de la historia. Ya no existen sociedades aisladas como la de la isla de Pascua, de cuyo colapso nadie tuvo noticia. Hoy el desafío se plantea a nivel global, y a esa escala es tan grave como el que aquellos isleños no supieron afrontar. La tesis de Diamond es que el modo de vida del mundo desarrollado no es sostenible y no se puede generalizar a todo el planeta sin generar un desastroso impacto ambiental que lo haría inviable. Nos esperan pues decisiones dramáticas.

    Juan AVILÉS. © Copyright EL CULTURAL. Prensa Europea del Siglo XXI, S.A.

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