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SOSTENIBILIDAD PARA TERUEL

7th febrero 2007 | Sostenibilidad

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El Periódico de Aragón, 31 enero 2007

Ulrich Beck describe en el concepto de Sociedad del Riesgo una fase del desarrollo de la sociedad moderna en la que los peligros sociales, políticos, ecológicos e individuales creados por el impulso de innovación escapan cada vez más a la institución de control y protección de la sociedad industrial. Desde el interior de este modelo social se hace fácil definir porque no es sostenible, más difícil es establecer cómo ser sostenible sin renunciar a su fundamento, un desarrollo vinculado con el crecimiento ilimitado sobre recursos limitados.

El índice que mide el nivel de desarrollo de cada país, su Producto Interior Bruto (PIB), es un indicador económico engañoso al no contemplar las perdidas de costes sociales y ambientales vinculados al crecimiento, lo que conlleva menos bienestar para la sociedad. Por poner un ejemplo la inversión destinada a corregir la contaminación de los suelos producida por la rotura de la presa minera de pirita en Aznalcollar, que llego a afectar al Parque Nacional de Doñana, ha favorecido el incremento del PIB, sin embargo no contempla los daños sociales, de salud y medio ambiente generados en la zona.

Se precisa instaurar Indices, denominado por algunos autores interesados por definir la sostenibilidad, como de Progreso Genuino, que contemple la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, que recoja las externalidades que para generar el beneficio en un grupo social se desvían a otros sectores. En un modelo como el nuestro planificado por el mercado, dar valor a aquello que no puede incorporarse a este, pero que incide directamente en bienestar (pérdida de bosques, contaminación del aire, conflictos sociales, pérdida de tierras productivas…..).

Al valorar los beneficios del aeródromo de Caudé (Teruel), que se pretende construir con dinero público, como infraestructura necesaria para la instauración de una planta de reciclado de aviones, es demasiado simple plantear el proyecto como sostenible porque incrementa el PIB del territorio y crea puestos de trabajo, una de las causas para establecer población. Debiera analizarse si su implantación puede suponer pérdida de calidad de vida, por ruidos, contaminación, desvío de tierras de cultivo a suelo industrial, riesgos de accidentes, etc…. Para ello primero hemos de definir hasta dónde estamos dispuestos a conservar las condiciones de vida que disfrutamos los ciudadanos en esta ciudad: un espacio con baja densidad de población, aire limpio, espacios naturales a las puertas de casa.

Si este territorio apartado de los centros industriales se convierte en receptor de residuos que aquellos generan por la falta de una política de minimización y reciclado, sufrimos el mismo proceso que los países subdesarrollados receptores de residuos del autodenominado mundo desarrollado, que aceptan porque aportan dinero a algunas economías y dan un respiro a la pobreza generada por una organización internacional injusta.

En esta misma línea no pueden contabilizarse como pérdidas medidas que corrigen el impacto ambiental generado, por poner un ejemplo, en proyectos de carreteras ó de líneas eléctricas, si esas actuaciones, aunque costosas, permiten conservar otros valores que los ciudadanos consideran aportan bienestar a su vida.

La búsqueda de una sociedad sostenible no puede quedar en manos del mercado. La participación de los ciudadanos se hace imprescindible en dar con una salida a la crisis que, a nivel local y global, sufre nuestra civilización.

Angel Marco Barea. Teruel

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