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MEDIA VEDA: CAZA O EXPOLIO

10th agosto 2007 | Agricultura,Biodiversidad,Fauna,Paisajes,Sostenibilidad

codornices

Codornices abatidas en arroyo Horcajo, Lechón (Zaragoza). Septiembre, 2006

Hace unas semanas un buen amigo ecólogo me animó a encontrar razones, desde el posicionamiento ecologista, en la oposición frontal de un sector de la población (los ecologistas) a todo cambio de nuestro paisaje, a toda transformación brutal de la forma en que tradicionalmente se ha gestionado el territorio; una posición conservadora enfrentada a modelos innovadores y de progreso que han marcado los ritmos de avance en la evolución de la humanidad.

Ambos llegamos a la conclusión de que es un instinto ancestral del hombre en pro de la conservación de su hábitat. El mismo que debió de plantear conflictos entre los cazadores recolectores y las gentes que iniciaron la agricultura en el neolítico, que opuso a los ganaderos trashumantes a la roturación de pastizales para cultivar cebada. Un instinto que intenta evitar riesgos y no confía a ciegas en la tecnología como solución a los problemas que genera la explotación de los recursos; y no es peor que el de aquellos que confiando en la tecnología apuestan por cambios rápidos, soluciones inmediatas a la necesidad de explotar los recursos demandados por un modelo de desarrollo, no siempre ajustado a las necesidades reales de las sociedades. Concluimos la charla en el compromiso de razonar sobre la necesidad de los recursos y las posibilidades reales de restaurar los impactos que generamos al explotarlos, sobre la obligación de conservar espacios primigenios y, en base a ello, tomar decisiones racionales frente a oposiciones radicales.

Ese instinto humano, curiosamente, debe remontarse en el tiempo, al mismo que sin duda estos días llevan a tantos ciudadanos a comenzar a limpiar las escopetas, con la vista puesta en esa necesidad de cazar surgida en nuestros orígenes.

Este año no ha sido malo en las cosechas, y la fauna después de tantos años de sequía ha debido tener un respiro, que ha aprovechado para asentar poblaciones en una reproducción óptima; no hay más que salir al campo y escuchar los cantos de las codornices. Las codornices no son unos pájaros grandes, pero tienen una fortaleza tremenda, teniendo en cuenta el viaje que cada año emprenden a invernar en las tierras subsaharianas y el de retorno estival a nuestras latitudes.

Hace años que sus poblaciones no terminan de recuperarse debido a la reconversión del medio rural en su zona de cría de la Península Ibérica, con la apuesta por una agricultura intensiva, que ha promovido: concentraciones parcelarias, que modifican la diversidad del paisaje; intensificación del uso de productos fitosanitarios; abandono de rastrojos y barbechos; y en aquellos lugares en que su rentabilidad no es viable el abandono de los cultivos. También debe incidir en que cada año existan menos codornices, la presión cinegética a la que desde aquí se le sigue sometiendo antes de emprender su viaje de regreso a Africa; y otras causas que desconozco, pero que deben estar relacionadas con los cambios que el hombre ocasiona al Planeta.

El instinto de cazar, que surgió con el propio hombre cazador recolector, hoy incluso llega a ser algo propio de nuestra cultura. Entiendo el esfuerzo a renunciar de esas jornadas cinegéticas de la media veda, antes de que termine el verano, cuyas anécdotas pasan de padres a hijos, como en los clanes del Paleolítico lo eran las jornadas de caza contadas alrededor del fuego y de las que han dejado constancia en las pinturas rupestres del arte levantino, patrimonio cultural del que Teruel conserva excelentes ejemplos.

Probablemente también debiéramos razonar, sobreponiendo la lógica al instinto, sobre esa necesidad socio-cultural, que es la caza. Decidir si debe continuar manteniéndose la media veda en los Planes Cinegéticos y si especies migradoras, como codornices y tórtolas, deben continuar siendo especies cinegéticas. Llevamos varias décadas en que las poblaciones de codornices no terminan de recuperar la población que mantuvo antaño, y de la que los cazadores tienen referencias y hacen mención a ellas, en los relatos sobre las perchas que conseguían en esas jornadas vividas con sus compañeros y amigos y su imprescindible perro de muestra.

Es de todos conocido que en estos días de mediados de agosto otras muchas especies cinegéticas no han terminado de completar el ciclo reproductivo, hablo de perdices por poner un ejemplo. La frustración de que el perro no muestre codornices a veces se descarga en tirar a lo primero que vuela delante, sean especies cinegéticas en veda, o especies protegidas, y ello queda reflejado en el número de aves rapaces que por esas fechas ingresan en los Centro de Recuperación de Fauna, por heridas de perdigones.

Mis hijos no terminan de entender mi afición por salir al campo y poder todavía contemplar una naturaleza, de la que ya me habló mi abuelo, pastor en la primeras décadas del siglo veinte. Me gustaría que los comentarios de mis observaciones, que guardo en mis cuadernos de campo, pudieran ser también contrastados en el futuro por gentes capaces de ilusionarse por un paseo entre los sabinares, viejos árboles cuya longevidad supera a la del hombre, siempre que éste lo respete y no lo corte; entre la extrema aridez de los Yesares de Tortajada; o la frescura de los prados del Valle Sollavientos, donde se mantiene una interacción hombre-naturaleza, cuyo resultado es ese paisaje alomado en un valle amplio, donde el bosque ha dado paso a un prado con funciones de alimentar vacas y ovejas, también de retener la pérdida de suelo, y otros servicios ambientales.

Como en otras facetas, sintiéndonos humanos, hemos de superar los instintos animales gestados en nuestros orígenes, para afrontar la razón en las decisiones con las que enfrentarnos al futuro.

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  • 1. Manuel  |  agosto 17th, 2008 a las 8:25 pm Usa el Saltamontes para subir

    Queda meridianamente claro que sus hijos y sus amistades le están ganando la partida. Lo triste es que no encuentre más argumentos que echar al paquete de la discusión. En todo este batiburrillo de condiciones que afectan al equilibrio de las especies vivas, cinegéticas o no, el único que reduce su presión sobre la naturaleza es el cazador, acomodándose a ese equilibrio que se renueva de año en año hacia la baja, en lo que se refiere a la densidad de ciertos tipos de las especies salvajes. Me viene a la cabeza que además de la perdiz que es la que parece se quiere proteger hay otras especies, como puede ser la paloma, el corzo, jabalí etc., que no entrarían en la discusión porque por razones diversas que sería largo de explicar no solo se mantiene el equilibrio con niveles de población que van a la baja, sino todo lo contrario. Por añadir un par de parametros a la discusión, ¿no es un factor determinante en ese equilibrio el precio del pan, de la cerveza e incluso de la gasolina?.¿Quién deja una hectarea de baldío para que crie la perdiz, la codorniz o la liebre pudiendo sembrar algo que por ejemplo se transforma  en biocombustible?.Como la discusión se centra en la codorniz y la tórtola, porque no se tiene en cuenta el parámetro de que en Marruecos la población de cría de tortolas y codornices, ambas de origen africano y de cría en España, se incrementa de año en año a medida que aumenta el terreno de cultivo. ¿Que la población de Codorniz y tórtola disminuye? Si nos limitamos a nuestro ámbito geográfico sí, pero ¿y si aumentamos tan solo un poquito ese ámbito?. Hay alguien que se ha parado a pensar que la paloma torcaz, no hace muchos años criaba y vivía en el norte de Europa e invernaba en España. La codorniz, criaba en España e hibernaba en “Africa”. Hemos adoptado con naturalidad los cambios de estas costumbres por los que cada vez hay más torcaz que se queda a criar en España. ¿ Y la codorniz ?.
      Hay que ser más riguroso en los planteamientos. Si no estamos expuestos, a que cualquier cantamañanas, y en este caso concreto no aludo a nadie, nos venga a exponer su particular teoría de la relatividad. Por nuestra parte, ante esta situación cambiante de año en año, regulamos nuestra actividad siempre a la baja para poder seguir manteniendola en el futuro, y procuramos orientar y denunciar cuando hace falta a la Administración y la Sociedad en general, por supuesto que también incluido nuestro Colectivo, para evitar en lo posible el deterioro del equilibrio mediombiental. ¿ Que hacen los del tú pecador, además de tratar de endosar la culpabilidad de este deterioro lejos de su entorno?.Sabemos que el patear el campo no da al cazador la categoria de experto en zoologia. Hace falta además otra serie de conocimientos que los da el estudio y en nuestro Colectivo tenemos y/o nos procuramos el apoyo de quienes  disponen además del conocimiento científico de la Materia. El estudio sin el trabajo de campo, o al revés no sirven. No digamos nada cuando el que teoriza, lo hace sin ninguno de los dos. Se puede ir y a la vista está como muchas veces se va, hacia un extremo u otro dependiendo hacia que sardina haya decidido arrimar el ascua. Desde lo que a mí me toca, me resbala  toda esta gente que como he dicho arriba, considera que su contribución a la causa es buscar culpables en casa ajena. No se merecen ni medio segundo de atención. Nunca serán capaces de resolver el problema, del que como cazadores somos los primeros perjudicados. Simplemente controlarlos para que no engañen a demasiada gente, de fuera o de dentro de nuestro entorno. En lo que se refiere a ese último parrafo, ¿ Es para los cazadores ?.¿Hay dudas sobre la humanidad de nuestro colectivo?. ¿Y  para los conductores de camión, la policía, los jugadores de futbito, los jefes de negociado, priores de convento, etc, etc, etc.?. La frase es redonda, pero a mi personalmente no me hace falta y a los que conmigo se relacionan cazando, tampoco.

  • 2. Lygeum  |  agosto 17th, 2008 a las 8:51 pm Usa el Saltamontes para subir

    Manuel cazador se quiere equiparar con conductores de camión, los policías, futbolistas y otros… Un pelín de soberbia sí que le sobra.

  • 3. José Luis  |  agosto 19th, 2008 a las 2:29 am Usa el Saltamontes para subir

    Algunas mentalidades, como la que intento cultivar, parten y consideran el mayor respeto posible hacia los seres con los que comparten una característica fascinante: la vida.

    No entenderé jamás la satisfacción en dar muerte a otros seres vivos sin una necesidad alimenticia o vital de otro tipo (fría, protección, …). Ni la pose orgullosa con el pie encima del jabalí destripado en el suelo. Ni las cincuenta perdices muertas en el primer día de caza.

    No entiendo la impasibilidad ante tantos seres vivos que en un instante, por puro capricho, dejan de estar vivos. ¿Cómo se puede sujetar un animal, sentirle su corazón en la mano, verlo tan cerca, y a la menor oportunidad matarlos por diversión, tradición, …?.

    Cazar me parece, ante todo, falta de amor por la vida.

    Un saludo.


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