Barracuda

GRAN SCALA C3

23rd abril 2008 | [RELATOS]

Entró en el barracón prefabricado. Se desabrochó la cazadora. Se recostó en la litera. Extrajo su diario de campo de debajo del colchón. Retiró la goma elástica que cerraba el cuadernito de tapa dura. Lo abrió buscando la última hoja escrita. Tomó el bolígrafo escondido en el lomo y pasó una raya bajo las notas día anterior. Escribió: “Vértice Santa Quiteria, 22-02-2022” – Curioso capicúa –pensó, y siguió garabateando: “6.45h, helada nocturna, niebla densa en el llano…”.

Le interrumpió el zumbido del teléfono en el bolsillo de la camisa. Lo sacó, abriéndolo. Reconoció en la pantalla la clave del cuartel general en Zaragoza. El corazón se le aceleró. Descolgó:
- Capitán Allué.
- Buenos días, Luis.
Reconoció la voz de su jefe y amigo, el general Contreras: – Dime, mi general.
- Tienes el OK para la operación. Te hemos mandado las coordenadas por el conducto cifrado. No habrá apoyo aéreo. Además, con la niebla que tenéis, los helicópteros no pueden operar. Estarás solo. Los militares no moverán ni un dedo. Ha dicho Madrid que no quiere un conflicto diplomático con los rusos. Ya sabes cómo son los políticos…
- Sí, mi general –contestó cuando notó que el discurso decaía-
- Bueno, nada más. Buena suerte, Luis…
- A tus órdenes, mi general.

Colgó cuando al otro lado se cortó la conexión. Quedó pensativo. Siempre le encargaban a él los trabajos sucios y delicados. No pasaría ya de capitán en la Policía Nacional, pero siempre recurrían a él en caso de necesidad. Sus métodos expeditivos, cuando la “limpieza” de obreros en el PTR, salieron a la luz y le costaron un expediente y retroceso en el escalafón. Pero ahora volvían a necesitarlo. Aunque esta vez eran palabras mayores. Desalojar a toda la mafia que se había atrincherado en Gran Scala no iba a ser un juego: rusos, kosovares y otras bandas del este. Gran Scala se les había ido de las manos a los políticos. Por eso le habían dado carta blanca. Pudo reunir de nuevo a su unidad y a su equipo de oficiales. Obtuvo vehículos blindados nuevos y armamento a estrenar. Incluso un lote de los HHM prohibidos recientemente por la Convención de Ginebra…

Pero la voz de la teniente Escuer, entrando con papeles en la mano, lo sacó de su meditación y le obligó a incorporarse.

- Con tu permiso….
- Pasa. ¿Qué traes?
- Las órdenes. Ya descifradas.
- ¿Y…?
- Luz verde a las ocho treinta. Por el sector C3 –le dijo mientras le adelantaba una de las hojas-
- …eso es el Museo del Espacio –murmuró, confirmando de un vistazo el impreso.
- Sí,… y una nota de aliento del Gobierno de Aragón –prosiguió la teniente, que le volvía a adelantar un segundo folio-

Allué rechazó la hoja con un gesto y le devolvió la primera – Toma, destrúyelas…- y tomando el casco y los correajes de su mesa, continuó:
- Bueno, vamos para allá.
- Alguna cosa más.
- Recuerda que no quiero prisioneros.
- Sí, capitán. Todo el mundo está al tanto.
- Y la prensa bien lejos hasta que aquello quede limpio.
- Sí, capitán. El sargento Frago se encarga de eso.

Obra remitida por Barracuda al concurso de Relato Corto de Heraldo de Aragón con motivo del Día del Libro, y que no ha sido de las premiadas. Puedes leer también las ganadoras en heraldo.es

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