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LA MATANZA NO CESA EN PEDROLA

Gyps fulvus muerto en un parque eólico de Pedrola (Zaragoza, España)

Pedrola (Zaragoza, España). Domingo 29.07.2007

El pasado domingo circulaba por la carretera CV-620 de Pedrola a Pozuelo de Aragón en una zona infestada de aerogeneradores de varios parques eólicos pertenecientes a la empresa Molinos del Ebro y se me ocurrió entrar a mirar bajo la alineación que hay más cercana a la carretera, de doce máquinas. Y eso es lo que había, un pobre buitre leonado que, al parecer, no había aprendido a esquivar los aerogeneradores. Sigue la matanza que denunciamos el año pasado sin que nadie haga nada. Mientras, la empresa se forra.

Saturación de parques eólicos en Pedrola (Zaragoza)

Instalaciones eólicas en Pedrola (Zaragoza) Julio, 2007

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ARGIOPE EN ACCIÓN

Argiope lobata

Argiope lobata atrapando un pequeño saltamontes. Agón-Bisimbre (Zaragoza). Hoy

Argiope lobata

Argiope lobata es una araña propia de lugares áridos y secos de la región mediterránea que puede observarse en verano y otoño. En las fotografías, una hembra rodeando de seda un pequeño saltamontes que había caído en su tela de captura. Normalmente los ejemplares de esta especie son de un llamativo diseño amarillo y negro, pero en esta ocasión se trata, al parecer, de un caso de albinismo o, mejor, de falta de pigmentación por ser un ejemplar juvenil, según puedo intuir al buscar información en internet.

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Atentados ecológicos

QUINTO CINTURÓN DE ZARAGOZA: NUEVA AGRESIÓN

noticia

Cada vez son más persistentes las noticias sobre la construcción del Quinto Cinturón de Ronda de Zaragoza capital. El desastre ecológico que conllevaría su construcción será inconmensurable. Aún no se han concluído el cierre del tercero y del cuarto (Z-40) y ya nos quieren meter el quinto.

Nunca tienen bastante.

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GUERRA CONTRA EL EBRO (borrador)

Río Ebro

Extracción de gravas del lecho del río para el IV Cinturón. Las Fuentes. Zaragoza

Durante años, desde la prensa e instituciones nos han venido bombardeando con la idea de que la ciudad de Zaragoza vivía de espaldas al Ebro, en el sentido de que no se había integrado el río en el urbanismo y en la vida de la gente. Tal principio no dejaba de ser un absoluto mito ya que no venía avalado por estudios sociológicos o comparativos. Simplemente se difundía la idea de que los ciudadanos estábamos distanciados del río.

Pues bien, yo mantengo la tesis de que esa idea era falsa y que además está sirviendo de pretexto para arrasar el río con diversas intervenciones de supuesta mejora. Intentaré demostrar que ese mito de vivir de espaldas al río se ha convertido en un auténtico vivir contra el río, en una auténtica guerra declarada al Ebro.

Los amigos de ANSAR me remiten la imagen superior, demostrativa de cómo se está tratando al río Ebro. Nunca el río había sufrido tantas agresiones en tan poco espacio y en un periodo de tiempo tan breve. La Expo, el plan de riberas, la construcción del azud, y de los puentes del III Cinturón y del IV Cinturón de Zaragoza están suponiendo una presión sin precedentres al ecosistema fluvial. Pero lo más grave es que todo esto se hace en nombre del desarrollo sostenible -en el caso de la Expo- y del progreso y con todas las bendiciones de las autoridades con competencia en medio ambiente y aguas.

Río Ebro

Obras de restauración de ribera. La Almozara. Zaragoza. Hoy

Las obras de restauración de ribera han implicado actuar en varios kilómetros a la vez destruyendo la vegetación ribereña establecida y cubriéndola de escollera. Lo que implica artificializar y canalizar el río -sin ser necesario-.

Río Ebro

Efectos de la Expo. La Almozara. Zaragoza. Junio, 2007

Por otra parte, las obras de la Expo y de los puentes y pasarelas conllevan la invasión del río y la alteración de la dinámica fluvial con efectos devastadores en la orilla opuesta o aguas abajo.

Zaragoza vive de espaldas al Ebro: el mito

Los zaragozanos han utilizado el Ebro de muy diverso grado en las últimas décadas. Puede que algunos hayan vivido de espaldas a él, rechazándolo, pero otros lo han venido utilizando habitualmente y, otros más, han sido expulsados de sus aguas.

La gente se ha bañado en el Ebro de forma habitual. Incluso en los últimos años todavía la gente se remojaba o tomaba el sol en sus orillas, tal como sucedía en la playa de La Almozara o aguas abajo del Puente de Hierro. También los pescadores deportivos hacen uso del río de forma habitual. Por no hablar de los clubes sitos en sus orillas: Helios y el Club Náutico, con sus socios y sus piragüistas el primero y con sus noctámbulos denando sobre el río, el segundo. Por no hablar de la gente que iba a pasar un día de campo a los sotos, a comer la tortilla, o los ornitólogos que iban a ver pájaros o los monitores de medioambiente, que llevaban a grupos por las arboledas. En los últimos años, con la aparición de la empresa Ebronautas, que hacía bajadas en canoas o balsas, el Ebro empezó a ser usado sistemáticamente.

Lo que sucede es que muchos usuarios del río fueron expulsados del mismo. Incluso la gente que se ganaba la vida en el río. La contaminación y la baja calidad de las aguas expulsó a los bañistas. Pero, sobre todo, a los pescadores que comerciaban con la pesca, cuando la contaminación se sumó a las presas, que eliminó algunas especies. La construcción de motas y diques con escombros y residuos tóxicos, impidió el acceso de la gente a las orillas y conllevó la eliminación de la vegetación.

Pero uno de los datos que no hay que perder de vista es que fueron las administraciones las que consintieron la degradación de las aguas y de las riberas. Permitieron los vertidos y consintieron, cuando no, propiciaron, los diques con escombros, o construyeron muros verticales, como el del Actur: la CHE y el Ayuntamiento de Zaragoza.

La recuperación de Ebro: la reivindicación

Frente a la degradación de las orillas, fue surgiendo la demanda ciudadana de recuperar el Ebro. De acercar la gente al río. A esta corriente se sumaron todos: políticos, colectivos vecinales, ecologistas. Incluso Iberflumen.

Pero la concepción del río y de su recuperación que tenían cada uno de los grupos sociales era bien distinta, incluso contrapuesta, como se está viendo ahora.

Mientras los ecologistas entienden la recuperación como un proceso de facilitar el acceso de los ciudadanos al río respetando la dinámica y naturalidad del mismo, para el resto de los grupos esa recuperación consiste en un encauzamiento del río y en una dominación total del mismo, incluso en contra de todo criterio científico. Así ha sucedido con la construcción de un azud, la retirada de los moluscos autóctonos en ocho kilómetros del río, la colocación de escolleras y el dragado del cauce.

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Heraldo de Aragón, 18 de agosto de 2007

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Juniperus thurifera

Sabinar de Bezas (Teruel)

Sabinar adehesado junto a la laguna de Bezas (Teruel). Abril, 2006

La sabina blanca o sabina albar (Juniperus thurifera) es un árbol de diez o doce metros de altura aunque se han citado ejemplares de veinte metros. Pertenece al grupo de las Gimnospermas y a la familia de las Cupresáceas.

Posee un tronco corto y grueso, a veces retorcido en ejemplares viejos o expuestos al viento. La corteza es pardo cenicienta, con grietas longitudinales. La copa es densa, de color verde oscuro, con forma cónica en general, aunque son abundantes los árboles de copa aplanada o irregular debido a podas y desmoches. Las hojas son diminutas, como pequeñas escamas de hasta 2mm de longitud, imbricadas a modo de tejas a lo largo de las ramillas.

Es un árbol dioico, es decir que presenta ejemplares masculinos y ejemplares femeninos que producen respectivamente flores unisexuales. Los conos o flores masculinos son unos saquitos diminutos en el extremo de las ramas, que producen polen que es transportado por el viento hasta los conos o piñas femeninos que maduran al segundo año tomando un aspecto esférico de siete u ocho milímetros, de color oscuro, azulado que contiene de dos a cuatro semillas. Este tipo de frutos se conocen con el nombre de gálbulos o arcéstidas.

La dispersión de las semillas es realizada por animales (zoocoria), principalmente por los zorzales o tordas (Turdus sp) que ingieren los frutos y posteriormente expulsan las semillas con sus excrementos.

Se trata de un árbol capaz de superar condiciones ambientales extremas, con clima continental frío y con fuertes heladas en invierno, tórrido en verano y escasas precipitaciones. Por eso se encuentra tanto en parameras interiores muy expuestas, como en fondos de valle. Los sabinares son bosques poco densos, a veces adehesados por el uso ganadero de los pastos. En ocasiones se mezcla con pino carrasco en zonas bajas, o con encinas y pinos silvestres en las montañas.

Juniperus thurifera

Ramas con frutos

Se extiende por el Centro, Sur y Este de la Península Ibérica, Sur de Francia, Córcega y Norte de África. En Aragón se encuentra en el sistema ibérico turolense y en el centro del Valle del Ebro. Para los botánicos la sabina blanca es una especie de gran interés ya que es testigo del clima árido del periodo Terciario en la cuenca del Mediterráneo y sus bosques han sido muy castigados y se regeneran difícilmente. Las sabinas de Los Monegros están incluidas en el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón.

Usos y utilidades

El nombre específico thurifera significa literalmente productora de incienso. Ello se debe a que la madera es muy aromática debido a las resinas que lleva, por lo que era quemada para aromatizar estancias y la tradición popular atribuye a esos aromas la propiedad de ahuyentar insectos y serpientes y sanar úlceras y heridas.

La madera es muy resistente a la putrefacción por su alto contenido en resina y se empleaba para ejes de norias. Localmente la madera era apreciada por los ebanistas para trabajos finos. También para leña.

Esta y las otras especies de sabinas se emplean en medicina popular a pesar de su elevada toxicidad. Hay referencias que abarcan desde el uso del aceite donde se han freído frutos para matar liendres hasta la ingesta de infusiones de hojas como abortivo a pesar de conocerse datos de fallecimientos por esta causa.

A pesar de ello, sus ramas se podan como forraje para alimento del ganado en el invierno, aunque este aprovechamiento está en desuso. Al parecer la corta se realizaba en invierno (diciembre-marzo), antes de que la savia volviera a subir.

Sabinar de Pradenas (Segovia)

Sabinar albar regenerándose en Prádena (Segovia). Julio, 2007

Los sabinares han sido diezmados debido a la tala y roturación de tierras. No obstante, en algunos puntos empieza a observarse la regeneración de este bosque. Un ejemplo lo tenemos en la imagen del sabinar de Prádena, en Segovia, al pie de la Sierra de Ayllón, en la cual se aprecian jóvenes sabinas creciendo entre otras más viejas.

La sabina de Villamayor (Zaragoza)
La sabina albar [Desde el Sekano]
La sabina albar en Los Monegros [Amigos de Los Monegros]
La sabina albar [Daniel Montesinos]
Juniperus thurifera [Herbario Jaca]
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FUNESTA COMITIVA EÓLICA

comitiva

El otro día, viajando por tierras de Soria, una gran caravana de vehículos anduvimos a paso lento un buen trecho tras un elemento que retenía la circulación. Cuando pude superar dicho objeto observé que se trataba de un transporte especial: ¡una bestial pala de aerogenerador! Nada menos que escoltado por dos vehículos de la empresa de transportes y por un vehículo de la misma ¡Guardia Civil! ¡Qué despliegue para una miserable pala!

Luego se me ocurrió deducir: si este despliegue es para una sola pala, y luego otras dos más, y luego la góndola del aerogenerador, y luego los tramos de tubos de fuste… sólo para un molinillo… y si un parque eólico necesita de veinte o treinta molinillos… ¡Uf! la cantidad de transportes especiales que hacen falta es gigantesca. Pero, además, pienso: el camión tiene que subir a una montaña para dejar la pala… y me produce escalofríos pensar las pistas y desmontes que hacen falta abrir para colocar estos gigantescos aparatos.

Pobre montaña donde vayan a poner semejante mamotreto.

Definitivamente, los eólicos, están locos.

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CIUDADANOS INVISIBLES

Teruel

Teruel. Agosto, 2006

Ayer por la tarde una enorme rata se refugiaba escondiendo la cabeza en una canal de un edificio, dejando al descubierto su cuerpo y cola, en esa actitud tan infantil de creer que si no ves no te ven. No tenía mal aspecto, ni gozaba de mala salud. Probablemente alguna de las obras del centro histórico turolense han puesto al descubierto el subterráneo donde ha vivido hasta hoy, un lugar para vivir tolerado por una sociedad para quien a pesar de no compartir aprecio por su forma de vida, no le molesta si no se deja ver.

Esta mañana, la rata ya no estaba. Durante la noche ha debido vagar por la ciudad, cuando la mayoría de los pobladores duermen y dejan lugar para estos intocables. Ha debido encontrar un nuevo refugio, quizás en esos rincones que esta ciudad -Mudéjar Patrimonio de la Humanidad- olvida porque no se ven: quizás bajo el enrejado al pie de los árboles del Óvalo, donde se ocultan plásticos y basura, porque nadie ha sido capaz de levantarlos para limpiarlos, tal vez en la ignorancia de pensar que estos arces, que tímidamente aportan sombra, necesitan de suelo para enraizar; o en algún edificio abandonado, que por no entrar en la oferta del mercado inmobiliario, permanecen olvidados como si la restauración de la ciudad no fuera con ellos; e incluso se haya animado a salir a los arrabales, donde en esa órbita alejada del núcleo de la Villa, parece olvidarse, por gentes que siguen arrojando basuras y por el Ayuntamiento que olvida que la limpieza también debe llegar allí, que también son ciudad.

A mí no me alarma ver una rata en las calles a plena luz del día, lo que me preocupa es no verlas cuando sabemos que existen, porque no entiendo que tengan que ocultarse viviendo como viven junto a nosotros. Y sobre el estado de la ciudad, me inquieta pensar que la ciudadanía haya olvidado participar en la gestión de su ciudad. Aún mantenemos ese instinto de pedir, pero apartados de la toma de decisiones, delegados poderes en el voto otorgado en las elecciones, hemos dejado de ser capaces de debatir y decidir por la ciudad que queremos; y sin haber sido juez ni parte nos vemos en la obligación de agradecer al mentor -quien aporta el dinero y toma las decisiones para fijar los nuevos ambientes de Teruel-, que esta ciudad avance.

Eso sí, en Vaquillas, para bien o para mal, los ciudadanos, todos, recuperamos pleno protagonismo en la organización de la fiesta; por tres días abandonamos esa dejadez participativa. A veces pienso que esta es una cesión interesada del Ayuntamiento, a cambio de que permanezcamos invisibles el resto del año en los temas trascendentales de la ciudad.

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DEHESAS DE SALAMANCA

Dehesas de Salamanca

Poda drástica de encinas residuales en un campo de cereal. Salamanca. Julio, 2007

Lygeum ha estado visitando estos días los amplios paisajes del centro y oeste de la Península y ha traído algunas imágenes de diversas formaciones vegetales. En este caso se trata de las dehesas salamantinas o de los restos de ellas. Básicamente ha observado las dehesas de carrasca o encina (Quercus ilex ballota) y de roble melojo (Quercus pyrenaica). En ocasiones, también de fresnos (Fraxinus angustifolia)

Aunque aparentemente existen grandes extensiones de encinares y melojares, los grandes claros existentes, el aspecto de los árboles y la gestión que se observa parece que condenan a estas formaciones vegetales a una progresiva desaparición.

El pastoreo y el cultivo excesivos bajo las encinas impide su regeneración. Además, unas podas drásticas de rejuvenecimiento o para estimular la producción de bellota parecen poco apropiadas. En la foto superior se observa este tratamiento y se pueden apreciar varios ejemplares de encina ya muertos o en proceso de secado, en un campo de cereal en el que se ha cultivado hasta debajo de las copas. En otras ocasiones lo que se apreciaba era el desgajamiento de grandes ramas debido al peso que deben soportar en posiciones antinaturales.

Dehesas de Salamanca

Ganado vacuno en una dehesa de encinas hacia Vitigudino, Salamanca. Julio, 2007

Aparentemente parece existir cierto equilibrio en el paisaje, pero una observación más detallada permite detectar que no existe gran aprecio por estos árboles y que el destino es convertir estas tierras en grandes extensiones cerealistas o de pastizales, como ocurre en otras zonas entre Ávila y Soria.

Creo que el proceso de deforestación que comenzó el hombre neolítico sigue aquí sucediendo y que no se ha aprendido la lección de lo dura que es la vida en la estepa o el páramo desarbolado. En fin, así liquidan las dehesas de Salamanca:

Dehesas de Salamanca

Anuncio de venta de una dehesa en agroterra.com, hoy.

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Montañas Paisajes

BARRANCO DE DIAZAS

Ermita de Santa Ana

Ermita de Santa Ana. Barranco de Diazas (Huesca). Junio, 2007

En esta ocasión la propuesta es una ruta en el Pirineo oscense para subir a la ermita de Santa Ana en Torla (Huesca, España). Lo de la ermita -que también tiene su encanto- es una pequeña excusa para echarse al monte.

Para subir a la ermita, a la salida del pueblo hay que cruzar el río Ara por el puente de la Glera y tomar un sendero balizado que parte de las inmediaciones del camping o bien la pista forestal, un itinerario mucho más cómodo, que bordea la margen izquierda del río Ara y luego asciende por la ladera derecha del barranco de Diazas, que desemboca en el Ara. Se asciende de los mil a los mil cuatrocientos metros de altitud y el tiempo empleado se estima en hora y media a dos horas.

La de Santa Ana es una diminuta ermita construida a comienzos de s. XVII y sufragada por la familia Viu de Torla para que la santa protegiera sus propiedades en aquel apartado paraje del barranco de Diazas. En tiempos tuvo su propia romería que se festejaba cada veintiséis de julio pero cuentan que la tradición se perdió cuando el turismo se convirtió en la principal fuente de ingresos de la localidad y ello impedía a las gentes encontrar tiempo para acudir a la misma.

Si se opta por caminar por la pista forestal –existe cadena-, ésta discurre durante un trecho por la orilla del río Ara para luego girar al este y comenzar el ascenso. La pista transcurre por el interior del pinar, lo que ofrece buena sombra en verano. La pendiente del trazado es escasa aunque el desnivel es elevado pues se asciende desde el río, que está a unos mil metros hasta casi los mil quinientos. A lo largo del recorrido y conforme se sube se divisa el pueblo en el valle, al pie del pico Mundiniero.

Durante del ascenso se puede contemplar el denso bosque de pino silvestre y la variada vegetación del sotobosque, con arbustos espinosos y jaras, señal de que estamos en la solana. La proximidad del arroyo introduce un elemento de frescor con praderitas donde podemos hallar orquídeas a comienzos del verano. La ermita se encuentra en el borde de una pequeña explanada dedicada a pastos, con varias casetas.

Sin duda, tras la excursión, el casco urbano de Torla merece una detenida visita para conocer los elementos de la arquitectura pirenaica que encierra. La ubicación fronteriza de esta villa la ha sometido a numerosos vaivenes políticos y bélicos. Especialmente frecuentes fueron los conflictos con el vecino valle francés de Barèges. Estuvo fortificada aunque ya quedan escasos restos. En el siglo XVII conoció gran esplendor y el florecimiento de varias casas como los Viu, Ruba, Oliván y otros apellidos.

Nota: la pista continúa hasta los miradores sobre el Valle de Ordesa, pero eso requiere otras dos horas al menos y cierta preparación.

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Agricultura Etnografía

Punica granatum

Punica granatum

Flores de granado. Zaragoza. Mayo, 2007