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¿PARA QUÉ QUEREMOS A BONÉ?»

El Periódico de Aragón, hoy

Boné, como Consejero de Medio Ambiente, es la negación de la Causa Primera. En vez de proteger el Medio Ambiente, lo hunde más: las especies exóticas se convierten en motores de desarrollo económico. Imagínense, queridos lectores, el choteo que se llevarán los científicos que van a acudir al próximo III Congreso Nacional de especies invasoras a celebrar en Zaragoza.

Todo el mundo erradicando a las especies invasoras y persiguiendo a los sinvergüenzas que las expanden, pero aquí sacralizamos a los mónstruos exóticos como el siluro. ¡Qué bajo nos hace caer el Consejero de Medio Ambiente Boné! Y el Presidente Iglesias que se lo permite.

Todo sea por los hosteleros de Caspe.

6 respuestas a «¿PARA QUÉ QUEREMOS A BONÉ?»»

La repera!!!!!!! A donde iremos a parar. De aquí a nada se les pondrá nidos a las cotorras argentinas por dar color a la ciudad; quizás comiencen a explotar a las pocas náyades que nos quedan para las paellas mientras el mejillón cebra avanza…
En eso de las especies invasoras y su erradicación, ¿por qué no empezamos por algunos politicuchos «invasores» de nuestro patrimonio?

Si consideramos que la propia administración repuebla los ríos con trucha arco-iris y black-bass, no es de extrañar esto. El presidente Iglesias, no es que deje a Boné que haga esto, sino que Boné y el resto del PAR han comprado el derecho a hacer lo que les venga en gana. El PSOE, vende su programa y los votos que los incautos les ofrecen a cambio del sillón que le ofrece el PAR en la DGA con su apoyo político y su venta también del proyecto político y los votos…
PSOE y PAR SON LA MISMA COSA, no tienen excusa ni los unos ni los otros. La noticia no es que hagan eso, la noticia sería que no lo hicieran. Las especies son invasoras, pero los políticos son además de invasores unos parásitos sociales.
salud!

Copio el artículo de J. L. Trasobares del domingo al respecto:
Aragón, contra sus recursos naturales
JOSÉ LUIS Trasobares Gavín/El Periódico de Aragón 22/11/2009
El pasado jueves, la directora general de Desarrollo Sostenible y Biodiversidad, Anabel Lasheras, declaró que Aragón no contempla medida alguna para erradicar al siluro de nuestros ríos. La especie alóctona, según dicha señora, es un motor de desarrollo, un factor para la creación de riqueza. Lasheras (ahora del PAR, antes del PP, destacada dirigente de la derecha rural) planteaba así un curioso y extendido axioma según el cual aquello que da algún dinero no puede ser malo. En su profunda y reconocida ignorancia de los asuntos que supuestamente gestiona, la directora general se olvidó de un detalle significativo: han sido los pescadores de siluros quienes han traído y expandido por la cuenca el mejillón cebra, otro animalito foráneo al que es necesario combatir puesto que coloniza y obtura conducciones, turbinas y otros artefactos humanos. Un buen puñado de millones de euros llevamos gastados en ello los contribuyentes. O sea, que la riqueza silurera tiene como contrapartida la ruina mejillonera. Sugerente paradoja.
El caso del siluro constituye un paradigma de la incapacidad de Aragón para mantener la biodiversidad autóctona y utilizar las recursos naturales propios como un verdadero factor de desarrollo. En esta Tierra Noble ni las autoridades ni la mayoría de la población entienden de procesos económicos a medio y largo plazo que no sean los más rutinarios y tradicionales; de la misma forma que adoran los golpes de fortuna rápidos, extravagantes y cargados de beneficios inmediatos (y el que venga atrás, que arree). Mientras tanto, la agricultura y la ganadería languidecen, sus profesionales protestan en las calles y la incipiente industria agroalimentaria va de cráneo (hace poco cerró Agrovalle, una empresa puntera apoyada por la DGA).
Aragón tiene hoy el dudoso honor de ser la región europea líder en el cultivo de transgénicos. Sin embargo otras opciones más rentables y sostenibles: la agricultura y ganadería de calidad, la intensividad, la producción ecológica o la creación de una imagen de excelencia (tanto gastronómica como medioambiental) están muy retrasadas. Por falta de recursos y de campañas unificadas de amplio alcance, fuera de aquí sólo son conocidos los vinos del Somontano y poco más. En ese terreno estamos a años luz de Rioja, de Navarra o de Cataluña.
Mientras, esperamos que los milagros nos vengan de fuera. Desastres ecológicos como la llegada del siluro (por manos de personal norteamericano de la Base de Zaragoza o de pescadores alemanes) o invenciones ridículas como Gran Scala nos parecen verdaderas maravillas. Al otro lado de los Pirineos existe una economía rural diversificada, compleja, rentable y cada vez más respetuosa con la naturaleza. Aquí soñamos con revitalizar el territorio mediante las semillas de Monsanto y los coches de carreras.

Pues si según la directora general de desarrollo sostenible hay que permitir y fomentar los siluros porque es motor de desarrollo, entonces basándose en lo mismo que permita a los agricultores plantar maría y coca, seguro que les va mejor que con el maíz de Monsanto.

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