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JAVALAMBRE DE NUEVO

Javalambre

Cumbres de Javalambre. Teruel

El invierno en estas tierras, muchos días el horizonte se nos muestra completamente limpio de brumas. La luz en esas mañanas es de tal nitidez, que desde las tierras altas del Maestrazgo se observa la Sierra de Javalambre cubierta de seda blanca en todo su extenso dorso alomado. La pureza de esa imagen casi nos deja tocar la capa de nieve helada. Aquella que crujía a cada paso en el día de Año Nuevo de hace veinticinco años, cuando me inicié caminando por el Alto del Ventisquero, en una soledad acompañada del cielo azul, cual navegante en medio del Mediterráneo que desde allí se intuye hacía el levante. Viene a mi recuerdo el cierzo helado cortando la cara, como desde tiempo inmemorial curte la de pastores cobijados en manta ensebada de aromas de tomillo ahumados con aliaga, ardiendo entre piedras al cobijo del viento, y lavada con lágrimas desprendidas con el recuerdo de las batallas perdidas; el paño que protege del frío y del dolor, al desprender tanto sentir profundo abigarrado en sus hilos. Me encontré una pequeña araña andando en aquel desierto blanco, arrancando con cada movimiento de sus patas minúsculos cristales de hielo, como lo haría en los erg del desierto con cada uno de los granos de arena amontonados en venteadas dunas.