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DESTRUYENDO SUELO

Instalaciones educativas edificadas sobre la huerta de Miralbueno
en Zaragoza 20211218 © JAD/AdT

La pérdida de suelo por artificialización es uno de los problemas ambientales más graves dado que contribuye negativamente al equilibrio de la biosfera pues acelera la erosión, el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad.

La FAO declaró en 2015 el Año Internacional de los Suelos para concienciar de su importancia por los servicios gratuitos que aporta.

Fuente: El Confidencial

La pérdida de suelo en España es un proceso que se aceleró en las últimas décadas y aún continúa imparable como vamos a comprobar a continuación ya que en el sistema económico vigente la ocupación de suelo y el movimiento de tierras es un signo de desarrollo.

En estas páginas ya se ha venido haciendo mención reiteradamente al caso de Aragón (ver: Asalto a los recursos naturales de Aragón, 2020; Prosigue la pérdida de suelo en Aragón, 2009; Destrucción del suelo, 2006) y se han destacado los grandes proyectos destructores de suelo como la Expo 2008 o los polígonos urbanísticos de Ciudad Zaragoza Golf e industrial de Centrovía en La Muela o de Puerto Venecia, PlaZa, el PTR López Soriano y Empresarium en Zaragoza.

Ahora vamos a recordar el constante goteo de pérdida de suelo en pequeños o medianos proyectos que todavía continúa y por qué es importante preservar el suelo.

Destrucción de prados de montaña para instalación de pistas de esquí
en Castenesa (Huesca) 2021 © PDLMA

La artificialización del suelo es la pérdida de la capacidad del suelo de desempeñar sus funciones ecológicas en un momento dado, a largo plazo o de forma irreversible, por causas antrópicas. Las principales causas de la pérdida de suelo en España son su ocupación para uso residencial además de su roturación para puesta en cultivo o por intensificación de éste, la construcción de infraestructuras industriales, deportivas o de servicios y de comunicaciones. En estas últimas caben desde polígonos industriales hasta explotaciones ganaderas, mineras, vertederos, embalses, centrales energéticas de fuentes renovables y no renovables, pistas de esquí, circuitos automovilísticos, aeropuertos, carreteras, vías férreas, gasoductos, líneas eléctricas, etc.

Instalaciones para aparcamiento de vehículos industriales en la huerta de Miralbueno de Zaragoza 20211218 © JAD/AdT

La ocupación de suelo puede conllevar diversos grados de degradación, desde la desaparición absoluta por remoción, por impermeabilización al quedar bajo el asfalto o el hormigón de edificaciones, por compactación y pérdida de capacidad de retener agua, por la pérdida de sus propiedades físicoquímicas por cambios en el pH -salinización, acidificación- o por reducción en el contenido de materia orgánica.

Construcción de naves para Amazon en la ampliación del Polígono PlaZA
sobre campos de cultivo en Acampo Moncasi de Zaragoza 20211014
© JAD/AdT

El suelo es el soporte de la vida sobre la Tierra, donde se asientan las plantas que sustentan la pirámide trófica. Es, por tanto, la base física donde el agua y los minerales son transformados en materia orgánica vegetal que alimentará al resto de seres vivos; pero también el medio donde se desarrollan invertebrados y microorganismos -hongos, bacterias- que hacen posible la descomposición de la materia y la absorción de los nutrientes por las raíces.

Construcción de segundas residencias en la huerta de La Almozara de Zaragoza 20211031 © JAD/AdT

El suelo se comporta como un elemento fijador de carbono al acumular la materia orgánica, aspecto éste que tiene gran importancia en los actuales momentos en los que se busca cómo retener carbono en el suelo para disminuir el CO₂ atmosférico. Pero el suelo no sólo cumple una función trascendente en el ciclo del carbono, sino también de elementos como nitrógeno o fósforo. Otras funciones del suelo son la capacidad de encauzar la escorrentía y retener e infiltrar el agua, por lo que su papel es esencial en el ciclo del agua.

Roturación de tierras para puesta en cultivo c. Ejea de los Caballeros Zaragoza 20210803 © JAD/AdT

Hay que tener en cuenta que la ocupación de suelo conlleva no sólo la pérdida de la funcionalidad de la parcela que es transformada sino que sus efectos negativos trascienden a sus inmediaciones, a veces manifestándose a grandes distancias. Es el caso de las inundaciones generadas por grandes áreas impermeabilizadas -urbanas, industriales, etc-, incapaces de absorber la lluvia.

O bien sus efectos son insidiosos y difícílmente cuantificables. Como el aumento de la temperatura ambiente en las zonas urbanas debido al calor que absorben los materiales de las construcciones y el asfalto, fenómeno que se conoce cono isla de calor.

Instalaciones para autoescuelas sobre la huerta de Miralbueno de Zaragoza
20211218 © JAD/AdT

Además están los efectos sobre las comunidades biológicas locales de las áreas transformadas, las cuales desaparecen o son sustituidas por especies generalistas adaptadas a ambientes simplificados. Las plantas silvestres, bien desaparecen si el suelo es edificado o compactado, o bien son sustituidas por especies nitrófilas y ruderales. En el caso de la fauna, las especies silvestres exigentes son sustituidas por generalistas como ratas, estorninos o urracas.

Vías de erosión en las nuevas pistas de esquí en Castanesa (Huesca) 2021 ©PDLMA

No se puede acabar esta presentación sin hacer mención a la erosión que acarrea la ocupación de suelo. Al desaparecer la vegetación que frena la escorrentía o al general pendientes excesivas, el agua superficial arrastra la capa superficial del suelo, la capa fértil, acelerando los procesos erosivos.

Maquinaria decapando la tierra fértil y la vegetación en una zona verde municipal
de Campos del Canal en Zaragoza 20211222 © JAD/AdT

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