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LECCIONES DEL EBRO

El nuevo dragado del Ebro, menos de un año después, constituye una muy mala práctica ambiental y una imagen fluvial penosa para los visitantes de la Expo. Demuestra también el dinamismo del río, que nos está regalando valiosas lecciones en los últimos meses, lecciones para los que no sabían cómo funciona y para los que, sabiéndolo, se empecinan en un proyecto de navegación insostenible, nada acorde con las condiciones del río. Es comprensible la ilusión de muchos zaragozanos por ver embarcaciones en el Ebro, pero no es admisible que los barcos elegidos exijan un azud y continuos dragados. Supone un coste económico (inicial y de mantenimiento) inadmisible, así como un coste ambiental impresentable en 2008, cuando estamos implementando directivas europeas y restaurando ríos. Mientras otras ciudades europeas devuelven naturalidad a sus cursos fluviales, Zaragoza en el año de la Expo incrementa la domesticación del Ebro retrocediendo 40 años en el tiempo.

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LA LIMPIEZA DEL EBRO, CUESTIONADA

río Ebro

Respuesta de Alfredo Ollero Ojeda, Profesor Titular de Geografía Física, Universidad de Zaragoza, al informe del ingeniero Sr. Zorraquino, publicado en Heraldo de Aragón el viernes 21 de septiembre de 2007

-El nivel del lecho del río Ebro en Zaragoza no se ha elevado de forma generalizada. Es cierto que en algunas zonas han crecido las playas de gravas. Pero estas playas están donde tienen que estar, es decir, en la margen convexa de cada meandro. La corriente principal del Ebro, aunque constreñida por las defensas en la ciudad, sigue tendiendo, y lo hará siempre, a describir meandros. Así, por ejemplo, la orilla de Helios siempre fue y será sedimentaria. Es decir, en ella se acumularán sedimentos.

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Y PARA EMPEZAR EL AÑO… DRAGADO

 Río Ebro

Playa de gravas en el Ebro, aguas arriba de Zaragoza. Septiembre, 2006

Me preocupa el proyecto de “limpieza” del cauce del Ebro en Novillas, Pradilla y Boquiñeni. No conozco ningún estudio científico que demuestre que un dragado sea efectivo. Hay muchos que prueban que son prácticas inútiles, contraproducentes y de consecuencias ambientales muy graves. Comparto la preocupación de los municipios solicitantes, pero el dragado no es la solución. La eliminación de unas islas no va a reducir el riesgo, porque en las primeras horas de la próxima crecida se llenarán de nuevo de sedimentos las zonas dragadas. Aunque no haya crecidas, en los próximos 2 ó 3 años las gravas se colocarán en el mismo sitio en el que estaban, porque el río funciona así en esas zonas, y la vegetación eliminada también se recuperará. Así que habremos tirado el dinero, como con tantos dragados que se siguen ejecutando por ahí.

Es cierto que en el Ebro hay algunos cortos tramos en los que el fondo del cauce ha crecido, pero apenas 30 centímetros en los últimos 50 años. Hay islas (siempre las ha habido, y en los mismos lugares) y ha crecido vegetación en ellas, pero no es esto precisamente lo que agrava las inundaciones. Más largos son, en cambio, los tramos en los que el río se está encajando, tendencia general desde que hay tantos embalses que retienen sedimentos. Si además dragamos, pronto nos tendremos que preocupar por la estabilidad de los puentes.

Dejen de utilizar la palabra “limpieza”, porque es más real “destrucción”. No se van a limpiar basuras (ojalá fuera eso y sólo eso) sino que se va a destruir el cauce, se va a destrozar su sustrato de gravas, un patrimonio natural imprescindible en un río y un hábitat insustituible para numerosas especies acuáticas y ribereñas. Serán afectadas especies amenazadas y será alterado algo aún más valioso: el terreno en el que se sustentan y los procesos geomorfológicos que hacen posible su vida. Tampoco se puede compensar el dragado con una “restauración de ribera”: no podrá mejorar la ribera si el cauce está alterado, sobre todo si el freático, del que depende la ribera, desciende a causa del dragado.

Las eliminaciones de gravas, islas y vegetación son prácticas que incumplen varias directivas europeas. El buen estado ecológico exigido para 2015 por la Directiva Europea de Aguas es inviable en un río con dragados.

Lamento que este proyecto se incluyera en el Plan Medioambiental del Ebro, un estudio en el que participé aportando ideas bien diferentes. La solución para el problema no es el dragado, sino la devolución de terreno al río en zonas no urbanas, aguas arriba de los núcleos, echando más atrás las defensas y logrando un cauce y una ribera más anchos, para que el río mejore sus funciones y se desborde más ampliamente. Mientras el Ebro esté como ahora, totalmente constreñido entre defensas muy próximas entre sí (éste es el verdadero problema), las inundaciones van a seguir siendo graves y habrá más riesgo de que se rompan o superen las motas o de que se nos inunden los campos desde el freático y no desde el río.

Me sorprende que los técnicos den el visto bueno a este dragado, cuando han reconocido la inutilidad de esta medida en otros casos. Me sorprendería también que lo apruebe un Ministerio de Medio Ambiente que está abogando por la restauración fluvial y que tiene que responder ante Europa del estado ecológico de nuestros ríos.

Quiero pensar que en gestión fluvial en España estamos empezando a superar las ideas y las técnicas de “los Picapiedra”. Sería una pena comenzar 2007 con actuaciones típicas de hace 50 años. Hay que aprender de una vez por todas que los riesgos naturales se mitigan con ordenación del territorio, no con obras.

Alfredo Ollero Ojeda es Profesor Titular de Geografía Física, Universidad de Zaragoza.
(Artículo publicado en Heraldo de Aragón el 30 de diciembre de 2006, con el título “La limpieza del Ebro”)

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EL AZUD DEL EBRO: UN ERROR AMBIENTAL

azud

Obras del azud en el Ebro. Zaragoza, 7 de junio de 2006

EL AZUD DEL EBRO: UN ERROR AMBIENTAL
Por Alfredo Ollero Ojeda

Los ríos son elementos fundamentales del sistema natural, tan valiosos como sensibles. Sufren los impactos de presas, defensas, canalizaciones, dragados, por lo que su estado de deterioro es muy grave en muchos casos. La Directiva de Aguas exige que los ríos europeos se recuperen y alcancen un buen estado ecológico para el año 2015. Sin embargo, el azud del Ebro va a empeorar la calidad hidromorfológica del río, al alterar su continuidad y su funcionalidad en los procesos de erosión, transporte y sedimentación.

En los últimos años los tramos urbanos de nuestros ríos están sufriendo la moda de los parques fluviales, tanto en ciudades como en núcleos pequeños. Con esta moda se van eliminando riberas que mantenían alguna naturalidad, siendo sustituidas por superficies de césped más escolleras innecesarias que estabilizan el cauce. A la mayoría de la población le gusta el cambio, porque lo natural le parecía sucio y lo urbanizado lo ve más bonito, accesible y seguro. Es una pena que nuestra cultura fluvial sea tan pobre y que estemos perdiendo cauces y riberas a cambio de parques que se podrían hacer en cualquier otro sitio.

El azud en el Ebro es una muestra más de esta moda, con su objetivo estético de elevar el nivel de la lámina de agua en estiaje. El azud desprecia al río Ebro tal como es, con su corriente, con sus fluctuaciones de caudal, con sus estiajes. Es una pena que no nos guste el río que tenemos y que prefiramos un paisaje fluvial de postal, importado de otras latitudes. Desde luego, muy poco se hace por la educación ambiental de los zaragozanos cuando se argumenta que el azud es básico para que dejemos de dar la espalda al río.

El azud sólo se justifica por fines deportivos y de recreo, aunque al fin y al cabo sólo ampliará la navegabilidad aguas abajo del puente de Piedra. Creo que ello no justifica la enorme inversión económica. Evidentemente, el azud desencadenará procesos especulativos en algunos barrios y será un negocio para algunos.

El hecho de que el azud sea abatible reduce mucho, afortunadamente, sus impactos ambientales y de riesgos. Aún así, podremos tener problemas de malos olores, eutrofización, incisión aguas abajo y en la confluencia del Gállego, etc. Lo más preocupante pueden ser las alteraciones en el nivel freático, ya que hay diversos procesos y efectos que hasta que no entre en servicio no podemos predecir, por muchos estudios que hagamos. Y es que el sistema fluvial, tanto superficial como subterráneo, es muy complejo y dinámico, y pondrá en marcha sus mecanismos para adaptarse a la nueva situación. Por eso en cualquier río hay que intervenir lo menos posible y un azud, por pequeño y abatible que sea, no va a estar exento de consecuencias.

Por tanto, a lo cara que es la construcción habrá que añadir un costoso mantenimiento continuo para ir paliando todos los efectos negativos. El capricho del azud es, en suma, un claro ejemplo de desarrollo insostenible.

Como científico, como defensor de los ríos y como docente empeñado en educar en los valores ambientales, lamento que el Ebro deje de ser un río en Zaragoza y se convierta en un canal estable y sin corriente. Me gustaría poder seguir viendo el rápido al pie del puente de Piedra, el cono aluvial de la desembocadura de la Huerva o las isletas de gravas en la zona de Helios. No va a ser así, porque el azud se va a construir, así que habremos de trabajar en mitigar sus impactos.

Alfredo Ollero Ojeda, Profesor Titular de Geografía Física (Universidad de Zaragoza) y miembro de la Fundación Nueva Cultura del Agua.