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MEDIA VEDA: CAZA O EXPOLIO

codornices

Codornices abatidas en arroyo Horcajo, Lechón (Zaragoza). Septiembre, 2006

Hace unas semanas un buen amigo ecólogo me animó a encontrar razones, desde el posicionamiento ecologista, en la oposición frontal de un sector de la población (los ecologistas) a todo cambio de nuestro paisaje, a toda transformación brutal de la forma en que tradicionalmente se ha gestionado el territorio; una posición conservadora enfrentada a modelos innovadores y de progreso que han marcado los ritmos de avance en la evolución de la humanidad.

Ambos llegamos a la conclusión de que es un instinto ancestral del hombre en pro de la conservación de su hábitat. El mismo que debió de plantear conflictos entre los cazadores recolectores y las gentes que iniciaron la agricultura en el neolítico, que opuso a los ganaderos trashumantes a la roturación de pastizales para cultivar cebada. Un instinto que intenta evitar riesgos y no confía a ciegas en la tecnología como solución a los problemas que genera la explotación de los recursos; y no es peor que el de aquellos que confiando en la tecnología apuestan por cambios rápidos, soluciones inmediatas a la necesidad de explotar los recursos demandados por un modelo de desarrollo, no siempre ajustado a las necesidades reales de las sociedades. Concluimos la charla en el compromiso de razonar sobre la necesidad de los recursos y las posibilidades reales de restaurar los impactos que generamos al explotarlos, sobre la obligación de conservar espacios primigenios y, en base a ello, tomar decisiones racionales frente a oposiciones radicales.

Ese instinto humano, curiosamente, debe remontarse en el tiempo, al mismo que sin duda estos días llevan a tantos ciudadanos a comenzar a limpiar las escopetas, con la vista puesta en esa necesidad de cazar surgida en nuestros orígenes.

Este año no ha sido malo en las cosechas, y la fauna después de tantos años de sequía ha debido tener un respiro, que ha aprovechado para asentar poblaciones en una reproducción óptima; no hay más que salir al campo y escuchar los cantos de las codornices. Las codornices no son unos pájaros grandes, pero tienen una fortaleza tremenda, teniendo en cuenta el viaje que cada año emprenden a invernar en las tierras subsaharianas y el de retorno estival a nuestras latitudes.

Hace años que sus poblaciones no terminan de recuperarse debido a la reconversión del medio rural en su zona de cría de la Península Ibérica, con la apuesta por una agricultura intensiva, que ha promovido: concentraciones parcelarias, que modifican la diversidad del paisaje; intensificación del uso de productos fitosanitarios; abandono de rastrojos y barbechos; y en aquellos lugares en que su rentabilidad no es viable el abandono de los cultivos. También debe incidir en que cada año existan menos codornices, la presión cinegética a la que desde aquí se le sigue sometiendo antes de emprender su viaje de regreso a Africa; y otras causas que desconozco, pero que deben estar relacionadas con los cambios que el hombre ocasiona al Planeta.

El instinto de cazar, que surgió con el propio hombre cazador recolector, hoy incluso llega a ser algo propio de nuestra cultura. Entiendo el esfuerzo a renunciar de esas jornadas cinegéticas de la media veda, antes de que termine el verano, cuyas anécdotas pasan de padres a hijos, como en los clanes del Paleolítico lo eran las jornadas de caza contadas alrededor del fuego y de las que han dejado constancia en las pinturas rupestres del arte levantino, patrimonio cultural del que Teruel conserva excelentes ejemplos.

Probablemente también debiéramos razonar, sobreponiendo la lógica al instinto, sobre esa necesidad socio-cultural, que es la caza. Decidir si debe continuar manteniéndose la media veda en los Planes Cinegéticos y si especies migradoras, como codornices y tórtolas, deben continuar siendo especies cinegéticas. Llevamos varias décadas en que las poblaciones de codornices no terminan de recuperar la población que mantuvo antaño, y de la que los cazadores tienen referencias y hacen mención a ellas, en los relatos sobre las perchas que conseguían en esas jornadas vividas con sus compañeros y amigos y su imprescindible perro de muestra.

Es de todos conocido que en estos días de mediados de agosto otras muchas especies cinegéticas no han terminado de completar el ciclo reproductivo, hablo de perdices por poner un ejemplo. La frustración de que el perro no muestre codornices a veces se descarga en tirar a lo primero que vuela delante, sean especies cinegéticas en veda, o especies protegidas, y ello queda reflejado en el número de aves rapaces que por esas fechas ingresan en los Centro de Recuperación de Fauna, por heridas de perdigones.

Mis hijos no terminan de entender mi afición por salir al campo y poder todavía contemplar una naturaleza, de la que ya me habló mi abuelo, pastor en la primeras décadas del siglo veinte. Me gustaría que los comentarios de mis observaciones, que guardo en mis cuadernos de campo, pudieran ser también contrastados en el futuro por gentes capaces de ilusionarse por un paseo entre los sabinares, viejos árboles cuya longevidad supera a la del hombre, siempre que éste lo respete y no lo corte; entre la extrema aridez de los Yesares de Tortajada; o la frescura de los prados del Valle Sollavientos, donde se mantiene una interacción hombre-naturaleza, cuyo resultado es ese paisaje alomado en un valle amplio, donde el bosque ha dado paso a un prado con funciones de alimentar vacas y ovejas, también de retener la pérdida de suelo, y otros servicios ambientales.

Como en otras facetas, sintiéndonos humanos, hemos de superar los instintos animales gestados en nuestros orígenes, para afrontar la razón en las decisiones con las que enfrentarnos al futuro.

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Política y Sociedad Sostenibilidad Urbanismo

CIUDADANOS INVISIBLES

Teruel

Teruel. Agosto, 2006

Ayer por la tarde una enorme rata se refugiaba escondiendo la cabeza en una canal de un edificio, dejando al descubierto su cuerpo y cola, en esa actitud tan infantil de creer que si no ves no te ven. No tenía mal aspecto, ni gozaba de mala salud. Probablemente alguna de las obras del centro histórico turolense han puesto al descubierto el subterráneo donde ha vivido hasta hoy, un lugar para vivir tolerado por una sociedad para quien a pesar de no compartir aprecio por su forma de vida, no le molesta si no se deja ver.

Esta mañana, la rata ya no estaba. Durante la noche ha debido vagar por la ciudad, cuando la mayoría de los pobladores duermen y dejan lugar para estos intocables. Ha debido encontrar un nuevo refugio, quizás en esos rincones que esta ciudad -Mudéjar Patrimonio de la Humanidad- olvida porque no se ven: quizás bajo el enrejado al pie de los árboles del Óvalo, donde se ocultan plásticos y basura, porque nadie ha sido capaz de levantarlos para limpiarlos, tal vez en la ignorancia de pensar que estos arces, que tímidamente aportan sombra, necesitan de suelo para enraizar; o en algún edificio abandonado, que por no entrar en la oferta del mercado inmobiliario, permanecen olvidados como si la restauración de la ciudad no fuera con ellos; e incluso se haya animado a salir a los arrabales, donde en esa órbita alejada del núcleo de la Villa, parece olvidarse, por gentes que siguen arrojando basuras y por el Ayuntamiento que olvida que la limpieza también debe llegar allí, que también son ciudad.

A mí no me alarma ver una rata en las calles a plena luz del día, lo que me preocupa es no verlas cuando sabemos que existen, porque no entiendo que tengan que ocultarse viviendo como viven junto a nosotros. Y sobre el estado de la ciudad, me inquieta pensar que la ciudadanía haya olvidado participar en la gestión de su ciudad. Aún mantenemos ese instinto de pedir, pero apartados de la toma de decisiones, delegados poderes en el voto otorgado en las elecciones, hemos dejado de ser capaces de debatir y decidir por la ciudad que queremos; y sin haber sido juez ni parte nos vemos en la obligación de agradecer al mentor -quien aporta el dinero y toma las decisiones para fijar los nuevos ambientes de Teruel-, que esta ciudad avance.

Eso sí, en Vaquillas, para bien o para mal, los ciudadanos, todos, recuperamos pleno protagonismo en la organización de la fiesta; por tres días abandonamos esa dejadez participativa. A veces pienso que esta es una cesión interesada del Ayuntamiento, a cambio de que permanezcamos invisibles el resto del año en los temas trascendentales de la ciudad.

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Sostenibilidad

SOSTENIBILIDAD PARA TERUEL

portada

El Periódico de Aragón, 31 enero 2007

Ulrich Beck describe en el concepto de Sociedad del Riesgo una fase del desarrollo de la sociedad moderna en la que los peligros sociales, políticos, ecológicos e individuales creados por el impulso de innovación escapan cada vez más a la institución de control y protección de la sociedad industrial. Desde el interior de este modelo social se hace fácil definir porque no es sostenible, más difícil es establecer cómo ser sostenible sin renunciar a su fundamento, un desarrollo vinculado con el crecimiento ilimitado sobre recursos limitados.
El índice que mide el nivel de desarrollo de cada país, su Producto Interior Bruto (PIB), es un indicador económico engañoso al no contemplar las perdidas de costes sociales y ambientales vinculados al crecimiento, lo que conlleva menos bienestar para la sociedad. Por poner un ejemplo la inversión destinada a corregir la contaminación de los suelos producida por la rotura de la presa minera de pirita en Aznalcollar, que llego a afectar al Parque Nacional de Doñana, ha favorecido el incremento del PIB, sin embargo no contempla los daños sociales, de salud y medio ambiente generados en la zona.
Se precisa instaurar Indices, denominado por algunos autores interesados por definir la sostenibilidad, como de Progreso Genuino, que contemple la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, que recoja las externalidades que para generar el beneficio en un grupo social se desvían a otros sectores. En un modelo como el nuestro planificado por el mercado, dar valor a aquello que no puede incorporarse a este, pero que incide directamente en bienestar (pérdida de bosques, contaminación del aire, conflictos sociales, pérdida de tierras productivas…..).
Al valorar los beneficios del aeródromo de Caudé (Teruel), que se pretende construir con dinero público, como infraestructura necesaria para la instauración de una planta de reciclado de aviones, es demasiado simple plantear el proyecto como sostenible porque incrementa el PIB del territorio y crea puestos de trabajo, una de las causas para establecer población. Debiera analizarse si su implantación puede suponer pérdida de calidad de vida, por ruidos, contaminación, desvío de tierras de cultivo a suelo industrial, riesgos de accidentes, etc…. Para ello primero hemos de definir hasta dónde estamos dispuestos a conservar las condiciones de vida que disfrutamos los ciudadanos en esta ciudad: un espacio con baja densidad de población, aire limpio, espacios naturales a las puertas de casa.
Si este territorio apartado de los centros industriales se convierte en receptor de residuos que aquellos generan por la falta de una política de minimización y reciclado, sufrimos el mismo proceso que los países subdesarrollados receptores de residuos del autodenominado mundo desarrollado, que aceptan porque aportan dinero a algunas economías y dan un respiro a la pobreza generada por una organización internacional injusta.
En esta misma línea no pueden contabilizarse como pérdidas medidas que corrigen el impacto ambiental generado, por poner un ejemplo, en proyectos de carreteras ó de líneas eléctricas, si esas actuaciones, aunque costosas, permiten conservar otros valores que los ciudadanos consideran aportan bienestar a su vida.
La búsqueda de una sociedad sostenible no puede quedar en manos del mercado. La participación de los ciudadanos se hace imprescindible en dar con una salida a la crisis que, a nivel local y global, sufre nuestra civilización.
Angel Marco Barea. Teruel

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Contaminación Economía Sostenibilidad

FRENAR NUESTRO RITMO, PARA SENTIR AL PLANETA

Si aún tiene duda sobre las intenciones del American Enterprise Institute (AEI), fundado por la compañía petrolera ExxonMobil, al ofrecer a científicos y economistas varios miles de euros para minar el informe sobre el cambio climático que la semana pasada desde París difundió la ONU, le sugiero la lectura del documento de William Kovarik: ETHYL. El conflicto medioambiental de los años 20 sobre la gasolina con plomo y los combustibles alternativos.
La decisión del uso de gasolina con plomo Ethil -uso comercial elegido para el aditivo tetraetilplomo (TEP), que incrementa la antidenotación (octanaje) de la gasolina, también nombre de la empresa constituida en 1924 por General Motors y Standard Oil de New Jersey (EXXON) para comercializar el TEP-, desde su origen ha estado sujeta a presiones, a pesar de conocerse sus riesgos y la existencia de la alternativa, el alcohol etílico, con un solo inconveniente, no se podía patentar. Información que fue silenciada durante décadas, de tal forma que cuando en la década de los setenta del siglo pasado se reabrió el debate sobre la utilización de gasolina con plomo, éste se inicio sin referencias a los años 20 cuando se silenció la muerte en octubre de 1924 de media docena de trabajadores, tras enloquecer debido a un misterioso veneno que se fabricaba en una refinería de EXXON: el TEP añadido a la gasolina. Durante ochenta años, el coste ambiental y salud publica de su uso han sido externalidades no asumidas por la empresa; los beneficios de comercializar el TEP, deduzca usted dónde han ido.
No estaría mal que leyera también el artículo de Jared Diamont: Los últimos americanos: colapsos ambientales y el fin de las civilizaciones, donde analiza el declive de la cultura Maya por la destrucción de los recursos medioambientales de los que dependía. Ante el problema, reyes y nobles prefirieron asegurar su propio enriquecimiento, pensando en corto plazo, en vez de adoptar medidas para sostener su civilización, pensando en largo plazo.
Podría observar el paisaje que le rodea e interpretar la herencia dejada por generaciones pasadas. En mi caso, en el territorio donde vivo, las extensas y descarnadas montañas del Maestrazgo, sufren la deforestación, probablemente por una utilización extrema de los recursos, cultivando y llevando ganado a pastar en áreas donde las condiciones climáticas, la escasez del suelo, la excesiva pendiente no marcaban esa vocación para esas tierras. Hoy, cuando la presión humana ha desaparecido por el éxodo rural, este paisaje no siempre es capaz de reponerse del daño sufrido. Algunos echamos en falta la existencia de bosques viejos, caídos por un abuso en el uso de los recursos del territorio; van a ser necesarias demasiadas generaciones humanas comprometidas con el medio ambiente para que las bellotas que hoy se plantan se conviertan en viejos robles.
El compromiso mundial con el medio ambiente debe ser asumido por todos. Algunos debemos replantearnos nuestros logros de bienestar, cuando éste va vinculado a una dependencia de uso y abuso de recursos, que ponen en peligro su renovación, ponen en peligro la salud del Planeta. Debemos posicionarnos en el lado de la humanidad, abandonando el regazo de quienes a cambio de dejarnos picotear el pastel, continúan su política de enriquecimiento personal, sin mirar en las consecuencias a medio y largo plazo sobre las generaciones venideras.
La sociedad precisa asumir nuevos hábitos si queremos salvar esta civilización y para ello precisa estar informada. En esta labor, divulgar textos como los citados, que la Universidad Nacional de Educación a Distancia ha incorporado en una Addenda a la asignatura Medio Ambiente y Sociedad de la carrera de Ciencias Ambientales, es una ayuda para que definamos Sostenibilidad.
Angel Marco Barea. Teruel
NOTA:
En Estados Unidos, al agregar plomo (un metal venenoso) a la gasolina y no el etanol o alcohol etílico, engañaron a la gente al denominarla “etilgasolina”, aprovechando que el compuesto metálico era el tetraetilo de plomo. Así nombrada, daba la impresión de que el aditivo era etílico (alcohol) y reducía la sospecha sobre sus efectos.

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Ríos Sostenibilidad

ESPERANDO A QUE REVIENTE EL PANTANO

embalse

Río Gállego. Embalse de Búbal (Huesca). Agosto, 2006

En mi último día en el pueblo, sabía que las patatas nunca llegarían al plato, pero abrí la tajadera de la acequia para que regara la huerta.
Con el nuevo alba se cerraron las compuertas y al ritmo en que el agua quedaba embalsada, mi familia tiraba de un carro cargado con la cama, la mesa, la ropa, la cómoda y aquello que no podíamos dejar pudrirse bajo el agua, todo lo que nos quedaba para empezar una nueva vida.
Sólo volví a vivir cuando mis nietos lanzaron mis cenizas al cierzo y el viento las llevó por la ladera hasta las cimas del Pirineo. Allí espero a que el cemento ceda y deje de nuevo libre el valle. Cuando se sequen las piedras de las casas hundidas, bajarán para encalar los muros del cementerio y descansaré junto a los míos, tantos años empapados del fango de un pantano surgido de la tiranía de una decisión tomada sin mirar a los ojos de aquellos a los que nos robaron la vida.
Si en algún camino encuentras
gente con la casa a cuestas
no les hables de su tierra,
que te mirarán con rabia.
Con rabia en la voz y el viento,
con rabia en sus palabras,
con la rabia que produce
abandonar lo que se ama.

Todos repiten lo mismo
J. A. Labordeta
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Artrópodos Fauna Historia Insectos Montañas

Parnassius apollo EN CASTELFRÍO

Parnassius apollo

Cópula de mariposas apolo. Castelfrío, Teruel. Hoy

Te envío unas fotos de apolos apareándose en Castelfrío, por los páramos donde hace setenta años se mataron a tiros. ¡Es una esperanza!

Parnassius apollo

Cópula de mariposas apolo. Castelfrío, Teruel. Hoy

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Historia Paisajes

SETENTA AÑOS DESPUÉS

El pasado oculto (1999)

El pasado oculto. J. Casanova y otros. Mira Ed., 1999

Estos amaneceres de agosto, recorrer los rastrojos recién segados y pisar las cañas de cebada humedecida con el rocío recupera olores que hace años impregnaban las eras de los arrabales de Teruel, cuando se amontonaban haces de cebada, que los zagales convertíamos en castillos de heroicas batallas de la guerra de la que sólo conocíamos las hazañas transmitidas por películas y cómic; el silencio impuesto por el temor, marcó un vacío histórico en la generación que nacimos después, cuando, además, el régimen abría puertas al exterior y el país recuperaba de nuevo la economía.

Pero entre sabinares, bancales y pinares sigue impresa la crueldad de la Guerra Civil que comenzó hace setenta años. Restos de metralla, parapetos de piedras, trincheras excavadas a pico y pala sobre las lomas de Corbalán y Castelfrío, hoyos abiertos por explosiones de mortero o bombas de la artillería y aviación, señalan que aquí se enfrentaron dos bandos para fijar posiciones desde donde definir la ocupación de la ciudad de Teruel, allí donde el río Alfambra corta el valle; y ello supuso la muerte de muchos, la vida destrozada de la mayoría. El silencio roto por el viento, que casi siempre otea en este lugar, que la toponimia propiamente llama como Castelfrío, conserva voces, gritos y lamentos de quienes en el ardor de la batalla, en la lucha por sobrevivir arrinconaron sentimientos de humanidad ante el ritmo que marcan las ráfagas, las marchas marciales, las órdenes de mando.

Soy de una generación que vivió el adoctrinamiento de los vencedores, y el silencio de tu alrededor para hablar de esta época. Este año aniversario de la II República -no sé quien ha marcado el toque de ruptura de este silencio-, ha significado recuperar la historia perdida, entregar la dignidad a todos los que sufrieron esos momentos, poder hablar de la barbaridad de una guerra sin temor con ello a provocar otra.

Estos restos del paisaje mantienen viva la memoria. Como se mantiene entre los hombres y mujeres que derrotados sufrieron cárcel y tortura, exilio, para romper mitos y leyendas creados en torno a ellos, presentándose como personas que se vieron inmersas sin quererlo en un odio que se extendió por todo el país. Y lo más increíble es que, a pesar del tiempo, a pesar del sufrimiento, su voz transmita humanidad, solidaridad, amor a la vida; que sigan creyendo en los poderes públicos cuando estos representan a los ciudadanos y constituyen la garantía para fijar el interés general pensado en valores sociales, siempre dentro de un estado de derecho. Quien pretendió que la victoria supondría borrar la historia, se equivocó; la historia esta ahí y nosotros para conocerla.

La batalla de Teruel [Wikipedia]
La puñetera verdad J. Cercas/El País
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Política y Sociedad Urbanismo

UN POCO DE HUMANIDAD AL NUEVO URBANISMO DE TERUEL

Teruel

Teruel. Agosto, 2006

Intento seguir los consejos del Gobierno de Aragón, pidiéndonos tiempo para acostumbrarnos al nuevo urbanismo de Teruel, y como ciudadano no termino integrarme con este nuevo modelo de espacios abiertos, oscuros, incómodos, a los que falta humanidad. Los concursos de ideas, de los que han surgido, con escasa participación popular, parecen más orientados a sentar las bases de futuros premios internacionales y menos a lograr que las gentes de la ciudad establezcan lazos de unión con la calle.

La incorporación de nuevos elementos a la Ciudad Mudéjar contrasta con los elementos que la han venido definiendo desde sus orígenes medievales. La utilización de piedras oscuras importadas, que se desgajan apenas inaugurados, no creo ha sido una innovación que nos permita olvidar que esta ciudad se levanta con la utilización de la arcilla, materia prima económica, cuya humildad se compensa con cerámicas azules y verdes que aportan colorido y reflejos a un lugar siempre iluminado por el sol. El abanico de luces y sombras que a lo largo del día cambia la perspectivas de las calles turolenses no debiera pretenderse sustituir con la incorporación de excesivas luces que nos oculten la tenue iluminación y frescura que la noche veraniega nos aporta tras un día de canícula feroz, o los brillos de la escarcha helada bajo el cielo estrellado invernal que nos invita a pasear abrigados con bufanda y tabardo. El nuevo urbanismo tan siquiera nos aportado bancos cómodos con respaldo donde dejar pasar el tiempo contemplando los también ausentes árboles anclados con sus raíces al suelo dejando pasar el tiempo, que en el nuevo estilo de la ciudad se ven encerrados en maceteros que limitan su crecimiento y los apartan de la madre tierra.

Teruel

Teruel. Agosto, 2006

Esta nueva ciudad, responsabilidad de una clase política camaleónica que sobrevive pese a los enormes cambios sociales vividos en las últimas décadas, quizás debiera dar paso a la frescura joven que le devolviera, al menos, alegría y colorido. Si en verdad deseamos un Teruel moderno, debiéramos comenzar con dar paso a jóvenes que llenen de innovación sus calles, quizás ellos además incorporen espacios para poder vivirlos.

Ángel Marco Barea. Teruel

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Biodiversidad Mamíferos Montañas Sostenibilidad

¿DESAPARECEREMOS COMO LOS OSOS?

Ansó

Territorio osero. Sierra del Alano. Valle de Ansó (Huesca). Julio, 2006

Los últimos cazadores recolectores de la Península Ibérica se refugian en la Cordillera Cantábrica y menos de diez quedan en los Pirineos. Los osos, que -junto a los humanos, como omnívoros- ocupan la cumbre de la pirámide trófica de los ecosistemas, son desterrados por la misma fuerza que aparta a los vaqueiros de las praderas que robaron a los bosques de roble y hayas de la España húmeda. Estos, que desplazaron a aquéllos a sus últimos refugios, hoy sufren con ellos un trágico devenir que, quizás, no es más que un preludio de lo que nos espera a todos.

Acaso el incremento de consumo de paisajes naturales no deja de ser un aviso de ruptura de la sociedad con su medio natural, al cual sólo es capaz de observar sin mantener las conductas culturales de su uso y aprovechamiento con un criterio de sostenibilidad.

En las montañas palentinas, como en las cumbres del Pirineo siguen persiguiendo al oso en sus últimos enclaves, y los ganaderos, las gentes de los pueblos, con ello pretenden hallar solución al devenir de un modelo de vida incapaz de competir con la sociedad de consumo. No son conscientes que la desaparición de ambos de la vida de la montaña, y su sustitución por las infraestructuras que demanda el sector turístico, implica la pérdida de valores culturales de autosuficiencia que difícilmente recuperaremos cuando una crisis de recursos nos haga de nuevo volver la vista a la búsqueda de un modelo sostenible, que significará, sin duda, renunciar a lujos innecesarios, si tenemos en cuenta que mantenerlos supone hipotecar el futuro de las generaciones venideras y generar conflictos de desigualdad en el reparto de los mismos entre la población, por cuanto su limitación no permite la posibilidad de generalizarlos.

Angel Marco. Teruel

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Atentados ecológicos Paisajes Sostenibilidad

TERUEL DESCARNA SU PAISAJE

Azaila

En Teruel también nos desgarramos ante debates de temas distantes de nuestra realidad próxima -utilizados para desviar nuestra atención de los auténticos problemas de nuestro territorio- como es el desgarro de nuestro paisaje por máquinas que extraen arcillas, losas de piedra, alabastro o carbón. Parapetados en el llamado desarrollo y en los puestos de trabajo, ocultan la realidad del modelo socioeconómico de sus habitantes, agricultores y ganaderos, que desde tiempos atrás extraen recursos renovables modeladores de las formas del relieve y vida presentes en cada uno de los recorridos por las comarcas turolenses. Gentes que ven cómo las retroexcavadoras desmontan su forma de vida, cómo entierran los proyectos en torno a un turismo de calidad, respetuoso y buscador de otras formas de vida, que necesita para sustentarse de cultura y naturaleza.

Me atrevo a afirmar que carecemos de políticos con la talla para escuchar a técnicos e investigadores y dictar normas y directrices que fijen de manera ordenada y sostenible dónde es posible extraer de la tierra recursos no renovables y valorar estos en la justa medida de medir la riqueza para los habitantes de un territorio y no las prioridades de un modelo desarrollista asentado a kilómetros de distancia representando por empresas del sector, que nacen y desaparecen de un lugar alternando con la aparición de un yacimiento mineral y su agotamiento.

Y mientras la vicepresidencia del Gobierno de Aragón, en manos del Partido Aragonés Regionalista, presenta a los turolenses «Teruel avanza» como un escaparate de promesas de inversiones en desarrollo turístico, lo que sí vemos avanzar en Teruel son hectáreas ofertadas a la extracción de arcillas, de piedra caliza o alabastro. Oferta que no controla adecuadamente el Gobierno de Aragón, aún sabiendo las grandes dificultades que tiene el territorio para regenerarse tras descarnarle de los escasos centímetros de suelo fértil y abrirle inmensas cicatrices en los huecos que quedan tras llevarse el recurso buscado.

Angel Marco. Teruel.