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EL BARRANCO DE LAS CASAS EN ALAGÓN

Barranco de las Casas

Interior del barranco de Las Casas

El pasado domingo un grupo de vecinos de Alagón recorrió el barranco de Las Casas en una inciativa del Colectivo ReaccionA de la localidad y Amigos de la Tierra Aragón. El objetivo era conocer los valores ambientales y culturales del paraje para reivindicar su conservación.

Barranco de Las Casas

Tramo final del barranco, excavado en tollo

El barranco recoge las aguas de la vertiente oriental de El Castellar y termina en la margen izquierda del Ebro a la altura del caserío de Pola. Desde allí, el grupo ascendió por el interior del barranco hacia su cabecera, para descender posteriormente por la pista que lo bordea en su margen izquierda.

Merendera montana

Merendera montana, abundante en esta época del año

Los participantes, guiados por expertos naturalistas, reconocieron los diferentes ambientes del recorrido. Desde el monte ganadero dominado por el sisallo (Salsola vermiculata) y la sosa (Atriplex halimus), hasta el pinar de carrasco (Pinus halepensis) con sabina negra (Juniperus phoenicea) y espino negro (Rhamnus lycioides) que aparece progresivamente conforme se asciende.

Inula crithmoides

Inula crithmoides, planta de ambientes salobres

Especial atención mereció la abundante presencia de Inula crithmoides, una planta típica de ambientes costeros pero que aquí se desarrolla, junto con la sosa fina (Suaeda vera) debido a la salinidad del suelo. Igualmente, sorprendió la abundante floración de Merendera montana, la conocida quitameriendas.

Pinar carrasco en El Castellar

Pinar carrasco dominante en la cabecera del barranco

Los asistentes se interesaron especialmente por la presencia de musgos, líquenes del suelo y la curiosa alga Nostoc commune, que presentaban buen desarrollo debido a las lluvias de los pasados días.

Salsola vermiculata

Sisallo en plena fructificación

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Hornungia petraea

Hornungia petraea

Ejemplares en los cerros de Alfocea (Zaragoza). Febrero 25, 2009

En febrero, la estepa ya se cubre de las primeras plantas con flores, como Hornungia petraea, pequeña planta que no mide más de cinco o seis centímetros.

Es una planta de la familia de las crucíferas (CRUCIFERAE) y forma parte de la comunidad de plantitas anuales efímeras que realizan su ciclo biológico en pocas semanas, por lo que se les llama efimerófitos.

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Matthiola lunata

Matthiola lunata

Matthiola lunata

El misterioso caso de la nueva especie de alhelí en Zaragoza(Javier Puente)
El año 2006, el naturalista Enrique Pelayo encontró por primera vez Matthiola lunata en la provincia de Zaragoza. Se trata de un pariente del alhelí de flor púrpura, rosa o blanca, que se cultiva habitualmente en macetas y balcones (Matthiola incana). El descubrimiento ocurrió en las «estepas» de Farlete y Alfajarín, donde ocupa una zona de unos 5 kilómetros cuadrados. Vive en cunetas de pistas, ribazos entre campos de secano y barbechos, sobre suelos más o menos removidos, y es muy abundante localmente, llegando a cubrir el suelo de color lila durante la floración (marzo-mayo).

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EL VALOR DE LAS ESTEPAS DE ZARAGOZA

El Barranco de Las Almunias

Alrededor de Zaragoza, en brusco contraste con las riberas del Ebro, se extienden grandes superficies esteparias en un paisaje de lomas suaves con valles amplios (llamados localmente “vales”) en cuyo fondo, a veces, la incisión del agua de tormenta abre barrancos angostos (o “tollos”), cuyas orillas se desmoronan por erosión remontante. Junto con las arcillas y las gravas de terraza, es muy frecuente el yeso, lo que produce un matorral mediterráneo peculiar por la presencia de especies gipsícolas (adaptadas al yeso), como Gypsophila struthium subsp. hispanica, Launaea pumila, Herniaria fruticosa o Campanula fastigiata, plantita minúscula más frecuente en las estepas centroasiáticas, además de líquenes terrícolas que visten el suelo de blanco, amarillo y rosa. La jarilla de escamas (Helianthemum squamatum) vive en los suelos más descarnados de las cimas y laderas muy pendientes y el asnallo (Ononis tridentata) indica los suelos yesosos más profundos al pie de las laderas, con poca pendiente. Esta vegetación gipsícola es muy rara en el conjunto de Europa, por lo que se considera hábitat prioritario en la Directiva Hábitats de la Unión Europea.

En el fondo de las vales, donde se acumula el limo que se ha erosionado de los cerros, aparecen espartales de albardín (Lygeum spartum), que antes se usaba para hacer cuerdas y alpargatas, junto con tulipanes (Tulipa sylvestris subsp. australis), Fritillaria lusitanica y multitud de plantas anuales de 2 a 15 cm de altura, que desarrollan toda su vida en un par de semanas de marzo o abril, antes de que la sequía sea demasiado agobiante.

Estos espartales han sido sustituidos a menudo por cultivos de cereal de secano. Cuando los cultivos se abandonan por el pobre rendimiento, los invaden matorrales nitrófilos similares a los del norte de África, con ontina (Artemisia herba-alba) y sisallo (Salsola vermiculata), plantas grises para protegerse del sol inclemente, que le prestan su color característico al paisaje gris. Junto a ellas, destacan los enormes cardos, como los endemismos ibéricos Onopordum nervosum y Carduus nigrescens subsp. assoi. En la parte más alta de los cerros, donde se producen menos heladas en invierno y a menudo sobre un estrato calizo, aparecen coscojares de Quercus coccifera con pino carrasco (Pinus halepensis) y la vegetación se hace un poco más parecida a la del litoral mediterráneo, aunque sigue siendo bastante continental.

La lagartija colirroja (Acanthodactylus erythrurus) se atreve a salir a pleno sol y el sapo corredor (Bufo calamita) y el de espuelas (Pelobates cultripes) se atreven a hacer sus puestas en charcas para las ovejas, que se pueden quedar secas en cualquier momento. La alondra de Dupont (Chersophilus duponti), localmente conocida como “rocín”, comparte el hábitat con el alcaraván (Burhinus oedicnemus) y las tres collalbas (Oenanthe hispanica, O. leucura y O. oenanthe). El águila real (Aquila chrysaetos) es muy frecuente sobrevolando la zona y el búho real (Bubo bubo) anida en los barrancos. La tranquilidad de la cual se benefician estas grandes rapaces está muy relacionada con uno de los valores subjetivos que algunos apreciamos en la estepa: la magnífica sensación de soledad que se obtiene cuando se divisan miles de hectáreas y no se ve un ser humano.

Javier Puente