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VALMADRID ROCOSO

Pinus halepensis

Calizas. Valmadrid, Zaragoza

El entorno de la localidad de Valmadrid (Zaragoza) siempre ha tenido un atractivo especial para los naturalistas porque ofrece, a escasos kilómetros de Zaragoza capital, la posibilidad de cambiar drásticamente de paisaje y pasar de los yesos y arcillas a las calizas, de las suaves pendientes de las vales, a los abruptos roquedos que ofrecen esas calizas. Y disfrutar de toda esa flora y fauna especialmente adaptada a paredes verticales, aristas y canchales.

Plumbago europaea

Plumbago europaea. Valmadrid, Zaragoza

Capra hispanica

Capra pyrenaica. Valmadrid, Zaragoza

Pinus halepensis

Pinus halepensis. Valmadrid, Zaragoza

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BARRANCO DEL BAYO

barranco

Barranco del Bayo. Vista general. Mayo, 2008

Hace unos días volví al Barranco del Bayo con Javier Puente, experto botánico, para confirmar la presencia de Tamarix boveana y calibrar la importancia ecológica del paraje.

El barranco es tributario del Ebro por la margen derecha, discurriendo por varios términos municipales de la provincia de Zaragoza. Configura una amplia cuenca, de pendientes muy suaves, excavada en arcillas y flanqueada por colinas de gravas de las terrazas del Ebro. Por el centro circula un arroyo de aguas salobres, aunque también descubrimos algunos encharcamientos hipersalinos.

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Barranco del Bayo. Arroyo. Abril, 2006

La presencia confirmada de Tamarix boveana, una especie de tamariz, con abundantes ejemplares a lo largo del arroyo, proporciona al barranco de El Bayo una importancia extraordinaria, a lo que se suma al carácter salino del enclave, con plantas especializadas.

Tamarix boveana es una especie catalogada como vulnerable en el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón. La encontramos como dominante en un amplio tramo prospectado del barranco, acompañado de otros tamarices como T. gallica y algún ejemplar de T. africana.

Tamarix boveana

Tamarix boveana. Barranco del Bayo. Mayo, 2008

Hay que tener en cuenta que Tamarix boveana es una especie cuya distribución está restringida al entorno del Mediterráneo, en concreto al Norte de África, Este de la Península Ibérica e Islas Baleares. España es el único país de Europa que alberga esta especie. En Aragón se encuentra en el Valle del Ebro: en la balsa del Planerón de Codo y Belchite, lagunas de Chiprana, de Alcañiz y en Castelserás, según el Atlas de la Flora de Aragón. Es por eso que la cita del barranco de El Bayo sería una nueva localidad para la especie y extendería su área de distribución hacia el Oeste.

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Barranco del Bayo. Mayo, 2008

El resto de la vegetación estaba compuesto principalmente por la sosa (Suaeda vera), Atriplex halimus, albardín (Lygeum spartum), sisallo (Salsola vermiculata) y ontina (Artemisia herba-alba), que caracterizan al lugar como un saladar nitrófilo.

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Charcos hipersalinos. Barranco del Bayo. Mayo, 2008

En las zonas más salinas se observó la presencia de Puccinellia fasciculata y Salicornia sp.

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EL VALOR DE LAS ESTEPAS DE ZARAGOZA

El Barranco de Las Almunias

Alrededor de Zaragoza, en brusco contraste con las riberas del Ebro, se extienden grandes superficies esteparias en un paisaje de lomas suaves con valles amplios (llamados localmente “vales”) en cuyo fondo, a veces, la incisión del agua de tormenta abre barrancos angostos (o “tollos”), cuyas orillas se desmoronan por erosión remontante. Junto con las arcillas y las gravas de terraza, es muy frecuente el yeso, lo que produce un matorral mediterráneo peculiar por la presencia de especies gipsícolas (adaptadas al yeso), como Gypsophila struthium subsp. hispanica, Launaea pumila, Herniaria fruticosa o Campanula fastigiata, plantita minúscula más frecuente en las estepas centroasiáticas, además de líquenes terrícolas que visten el suelo de blanco, amarillo y rosa. La jarilla de escamas (Helianthemum squamatum) vive en los suelos más descarnados de las cimas y laderas muy pendientes y el asnallo (Ononis tridentata) indica los suelos yesosos más profundos al pie de las laderas, con poca pendiente. Esta vegetación gipsícola es muy rara en el conjunto de Europa, por lo que se considera hábitat prioritario en la Directiva Hábitats de la Unión Europea.

En el fondo de las vales, donde se acumula el limo que se ha erosionado de los cerros, aparecen espartales de albardín (Lygeum spartum), que antes se usaba para hacer cuerdas y alpargatas, junto con tulipanes (Tulipa sylvestris subsp. australis), Fritillaria lusitanica y multitud de plantas anuales de 2 a 15 cm de altura, que desarrollan toda su vida en un par de semanas de marzo o abril, antes de que la sequía sea demasiado agobiante.

Estos espartales han sido sustituidos a menudo por cultivos de cereal de secano. Cuando los cultivos se abandonan por el pobre rendimiento, los invaden matorrales nitrófilos similares a los del norte de África, con ontina (Artemisia herba-alba) y sisallo (Salsola vermiculata), plantas grises para protegerse del sol inclemente, que le prestan su color característico al paisaje gris. Junto a ellas, destacan los enormes cardos, como los endemismos ibéricos Onopordum nervosum y Carduus nigrescens subsp. assoi. En la parte más alta de los cerros, donde se producen menos heladas en invierno y a menudo sobre un estrato calizo, aparecen coscojares de Quercus coccifera con pino carrasco (Pinus halepensis) y la vegetación se hace un poco más parecida a la del litoral mediterráneo, aunque sigue siendo bastante continental.

La lagartija colirroja (Acanthodactylus erythrurus) se atreve a salir a pleno sol y el sapo corredor (Bufo calamita) y el de espuelas (Pelobates cultripes) se atreven a hacer sus puestas en charcas para las ovejas, que se pueden quedar secas en cualquier momento. La alondra de Dupont (Chersophilus duponti), localmente conocida como “rocín”, comparte el hábitat con el alcaraván (Burhinus oedicnemus) y las tres collalbas (Oenanthe hispanica, O. leucura y O. oenanthe). El águila real (Aquila chrysaetos) es muy frecuente sobrevolando la zona y el búho real (Bubo bubo) anida en los barrancos. La tranquilidad de la cual se benefician estas grandes rapaces está muy relacionada con uno de los valores subjetivos que algunos apreciamos en la estepa: la magnífica sensación de soledad que se obtiene cuando se divisan miles de hectáreas y no se ve un ser humano.

Javier Puente